Me he separado desdoblado elevado un milímetro desde
mi piel humana “y al volver la vista atrás” una visión apofática me ha sepultado
en estatua de sal en piedra debajo de la piedra.
Yo no era el que soy, yo no soy el que seré. El camino
del yo no soy “es largo, arduo y costoso”, traicionero necesitado
paupérrimo como verbo encarnado, libélula de alas sonoras atrapada golpeándose dentro
de mi casa cómoda sorda.
He tocado el horizonte y se ha deshecho. Mi mano se
cae a pedazos de lepra santa, mano putrefacta de resucitado, mano máquina de
dedos articulados sobre rieles.
Incluso cuando levanto una piedra debajo aparezco yo,
pero mi yo gusano calvo y verde, mi yo sentado sobre un banco dentro de una
iglesia repleta de gusanos viscosos dulces blandos que entonan alabanzas a
Dios, como si los vermes fuesen ovejas cantoras de lana resplandeciente blanca.
Compasión amor lejanía de horizonte tajante.
¡Qué desapego de todos los figurines humanos! ¡Por fin
el desapego que dura un instante de conciencia!... Y no el putrefacto desapego
eterno del camino de la verdad de la vida, aquel desapego de la calavera que fantasea
hacia adentro obstinadamente el infinito con las cuencas desbordadas de lombrices.
Sólo soy una góndola apenas húmeda que se separa en
lágrima durante instante agónico del sol del mediodía. Soy sombra sólo brillante
que se estremece y respira cuando al nacer mi caña se quiebra. El viento sopla
a través de mis astillas pensantes, la música quejumbrosa se escucha un
instante en el mundo demasiado grande, mi voz. Es bello no ser nada, o ser un
sueño sin noche y nada.
La intensidad de ensoñarse nada—esa que es
indiscriminadamente TODO—es más inmensa inconmensurable hechizo nada que
soñarse despierto cuerpo alma todo. Nada que deviene más allá que TODO, una
densidad tan impenetrablemente densa que nuestra realidad se
disuelve en nada, inalcanzable posibilidad de ser infinitamente realidad
que TODO. No paz absoluta, no Dios, no eternidad, ni unidad, ni ser, sino el
secreto que se nos oculta tras la NADA... ¿Quién podrá evitar que la sombra de
la montaña inmóvil caiga encima lo desborde lo aplaste? Aun así, sentirás
delirando certezas: que ninguna inevitabilidad te ha aplastado. Y entonces
podrás enseñar grandilocuentemente que la NADA es principio de todas las cosas.
¿Podrás evitar preguntarte Quién está detrás de
todo Esto? Hasta los niños saben que las cosas tienen un delante
y un detrás, aunque a este no lo vean ni lo padezcan más que en sus
pesadillas. En esa recóndita inalcanzable grieta del alma, ¿quién no lo
llamará, aunque sólo sea por un segundo, Dios o Demonio?
Pero al despertar a tus sentidos sentirás un miedo desgarrador
terrible, y aunque sólo sea por un segundo, lo negarás—ni dios ni demonio—,
o lo amarás como a un dios de amor, a un dios persona verdadero, a un
dios padre hijo y espíritu santo. Sólo al despertar—aterrorizado—, lo amarás,
lo odiarás, o lo negarás, para seguir soñando que vives, en ese breve instante trágico
apacible reactivo en que tú vives. Nunca alcanzarás a saber dentro de la
historia que ese Dios no era dios ni demonio, ni que, si de alguna manera lo
era, sí estaba allí, igualmente te engañó. “Y si el profeta se
deja seducir y habla cualquier cosa, será porque Yo, YHVH, hice engañar al tal
profeta” (Ezequiel 14:9). ¿No es Jesús también quien dice agonizando en la
cruz, por boca de Jeremías (20:7): “Me persuadiste, Señor, y fui engañado;
fuiste más fuerte que yo y me venciste”? En esas dos frases hay más verdad que
en toda Biblia, verdad horizontal verdad lepra verdad mentira.
Yo estatua de sal, Tú, Montaña de tierra polvo ceniza sol
gigante suicida que se consume a sí mismo en silencio elíptico aullando. Entre
yo y Tú no hay más distancia desemejanza que entre un yo y un tú.
Tú eres un muñeco articulado entre mis manos, yo entre Las Tuyas. Yo caído
azotado prosternado de bruces contra el suelo gimo sangrando ¡Tú Señor!,
pero ante mí sólo un Universo extraño inalcanzable inconmensurable un yo mismo,
cualquier átomo Tuyo revelado pontificalmente a mí por tus científicos certificados
Papas profetas. Yo esperando sólo de Ti Señor Universo una
respuesta una señal un guiño inconfundible—como si pudieses ser cierto—sin
saber si debo moverme o dejarme morir quieto cervatillo tiritando, porque quién
no lleva en sus vísceras ardientes el lema Vida, sabes que mueres, mientes. Más
dura cruel que un diamante iridiscente hipnótico te niegas a mostrarte de revés
por más que te doy vueltas. Yo muñeco yo conciencia alcanzo a percibir que me
has clavado agujas vivas sentidos esta por todas partes en mi cuerpo no sé qué
hacer con ellas conmigo mismo conciencia espina médula. Yo… Trato de separar-Te
de mí, trato de re-unirme-a-Ti, ni lo uno ni lo otro. Sólo aquí
aquí aquí aquí apenas separado un milímetro de mi propia piel envejecida que no
se detiene.
Busco pensamientos, busco sentimientos, busco belleza,
busco intuiciones, busco conocimiento, busco amor en todas las cosas personas
seres en mí. Lo mejor que puedo hallar de todo ello eres Tú, Santo Santo Santo Dios del
Universo, aunque no seas más que—únicamente—anverso y reverso
desplegado de mí mismo, la más sublime jubilosa de todas mis experiencias
posibles ilusorias inventadas delirantes, mi paupérrima versión de perfección
de absoluto de totalidad, como si tuviese que enloquecer contigo a una en la
cima suprema Universo-Todo para realizarme y acabarme a mí mismo según Tu
Voluntad: ebrio que se planta en la línea férrea mirando de frente el tren que
se le viene encima embriagado dichoso de paz (QEPD). ¿Por qué no?... Escucha comprende
decide. ¿Por qué tendría que ser en cambio—única opción de mi libre albedrío perspicaz
observador en el mundo— el sucio feo bulímico estetizado social ateo indiferente
operado que se arrastra por el fango de sí mismo de su hastío cotidiano inconfesado
de sí mismo de su lascivia pederasta de todo pagándolo todo desaforadamente con
su narcotraficante sicario mercenario billete verde multicolor obtenido en la
guerra fuerte de los gusanos? El yo mismo deificado por sobre todas las
cosas. O bien, lo que es lo mismo, un aristócrata demócrata creyente
y ateo.
Me cansé de arrodillarme, no más genuflexiones, besos
búdicos, me cansé del extraordinario monocorde repetitivo poder de la oración
de la ciencia suprema. Que los filósofos justifiquen con pulida lógica que
ciencia y religión son lo mismo, o no, que el Universo espiritual y matemático es
el mismo para todos, o no. ¡Sea! Yo no quiero más de eso mismo.
Las multitudes corren detrás del milagrero Jesús.
Jesús el mago bueno los engaña exigiéndoles fe como un grano de mostaza para
obtenerlo todo hasta resucitar de la muerte eternamente en el Reino. ¡Las
multitudes aman la mentira bonita especialmente con finales felices sin final! Jesús
sube a la montaña para encontrarse a solas en lo alto con El Padre. El
Padre viene a la montaña se disfraza cuidadosamente poderosamente mentirosamente
de padre bueno para obtenerlo todo de Jesús el Hijo adoptado. Jesús ama al
Padre. Jesús es persuadido por el Padre. El Padre lo tortura lo crucifica lo
asesina lo contradice por nuestro Bien y por el Suyo. El Padre lo resucita
hasta llegar al Cielo perfecto. ¡Engaños miserables superiores eslabonados felices!
Casi siempre funcionan, pero yo no quiero más de eso mismo.
Narcóticos alucinógenos de milagros, de fe, de
santidad, de verdad, de paz, de oración, de eternidad, de bien, de Dios. ¡Sea!
¡Son otros reales! Buenos reales poderosos reales para dormitar salvar apaciblemente
en vida toda la vida “hasta la hora de mi muerte”—amén—, pero no menos ni más reales
que la realidad del Universo
duro narcótico alucinógeno algorítmico demasiado trágico terrible
desconsoladoramente injustificado inmenso extraterrestre.
¿Qué pensaremos que es el ser humano atragantado por
una repentina visión dentro de sus tinieblas inexhaustibles exiliado dentro de
un espacio sordo infinito se arrodilla y solloza exaltadamente Señor
ilumíname? ¿Qué pensaremos que es un ser humano mientras va cayendo
arrojado por un precipicio universal construye en el aire vacío la civilización
tecnocrática autárquica del capital del sí mismo depredador?... ¿Qué ve qué
escucha qué sabe qué cree qué siente qué hace ese tal? Sólo un milímetro por
encima de mi propia piel un pedazo de piel mutante hace una inconmensurable ontoménica diferencia
de larva en proceso.
No hay luz no hay tinieblas no hay Señor no hay yo no
hay infinito no hay civilización no hay aire no hay precipicio no hay piel. De
eso no hay NADA,
y aún TODO ESTÁ AQUÍ.
Yo sigo arrodillado todos seguimos cayendo. Y en este maravillosamente absurdo
caos perfectamente ordenado en sí mismo yo tú nosotros invocamos la presencia
de un dios, de un poder siquiera terreno, del Estado, de la Ciencia, de la
Tecnología, de Estados Unidos, del FMI, de la IA, de la sincronicidad, de la
adivinación, de un siquiatra, del dinero, de la suerte, de medicamentos, de
drogas, de la inteligencia, siempre colgándonos de algo que nos apañe que nos
responda que nos persuada en nuestra temblorosa pequeñez miserable, pero que
sólo siempre acaba defraudándonos engañándonos abandonándonos.
Y aunque nos engaña nos traiciona nos frustra, todo
siempre funciona siempre pasa algo, aunque jamás podamos saber
qué funciona, por qué funciona, qué pasa, qué hay realmente del otro lado de lo
que simplemente pasa, sobre todo cuando no pasa. El Estado cobra
impuestos, Dios habla a través de pontífices, la Ciencia calcula la edad del
Universo, Estados Unidos se apropia del Mundo, la Tecnología nos facilita el
cotidiano, la sincronicidad nos deja perplejos, la IA resuelve nuestras dudas,
la adivinación nos atrae nos inquieta, los siquiatras nos dopan nos anestesian
nos mutilan, el dinero compra huevos, la suerte está de nuestra parte, los
medicamentos quitan el dolor de estómago, las drogas te transforman, la
inteligencia se mide resuelve, la lluvia cae… O bien pasa que el Estado es
abusivo antisocial, Dios está ausente cuando más lo necesitamos, la Ciencia se
contradice yerra, Estados Unidos no es un Estado unido desaparecerá, la
Tecnología nos hace dependientes nos inhabilita, no percibimos sincronicidad,
los siquiatras son enfermos mentales debidamente autorizados, la adivinación
acierta, la IA evoluciona, el dinero se roba, la suerte nos hace perder, los
medicamentos envenenan, la inteligencia es estúpida grandiosa, la lluvia no
cae…
Eso somos, eso es. Me he separado un nanosegundo de mi
piel humana. No sé si quiera más. No sé si yo pueda más hoy mañana o siempre.
