miércoles, 25 de diciembre de 2024

Frutos Secos

 

 

 

Los líderes del Mundo son unas bestias brutales

desde el más imponente hasta el más pequeño,

el motivo inconfesado que los anima a todos

es la posesión.

Instinto de posesión, instinto de propiedad capitalista

por sobre todo otro instinto bestial,

sistema globalizado al servicio de la Bestia poderosa

que ha llegado a poseerlo todo,

incluso tu escondido hogar,

allí tú eres el amo bestia que posee,

tu posesión, tu cuerpo, tu mente Bestia.

Te engañaron, nos engañaron

porque en lo profundo de toda bestia amorosa

prevalece el instinto de destrucción, depredación

por sobre el instinto amoroso de creación.

Hasta el Dios de Amor apocalíptico destruirá al final a su Ser amado,

¿y volverá a engañarnos con un resucitado reino de eternidad feliz?

Hay destinos, responsabilidades y causas que nadie ni nada puede evitar,

ni siquiera la pretendida libertad de un Dios humanizado.

¿Qué comeremos tantos cuando pronto hayamos destruido tanto

que sólo nos quedemos mirando ansiosos unos a otros, y nada más?

¿El cuerpo y la sangre de Cristo?

“Hagan esto en recuerdo de mí”.


jueves, 12 de diciembre de 2024

La Hora de Dios (cap. 6 de Historias de un Individuo Imposible)

 

 

¿Cómo podría creer en un Dios tan imperfecto, tan poco creativo, tan penosamente humano, incapaz de haber inventado otra creatura humana con una libertad que sólo tendiese a realizar el bien universal, y ni siquiera sólo para su propio beneficio?... Eso, suponiendo que un Dios se hubiese tomado en serio crear una realidad auténtica y unificadamente Suya, y no un juego incomprensible para su creatura, como se evidencia éste. ¿Cómo un Dios habría creado a este mamarracho que tiende a la autodestrucción y al daño permanente de todo lo humano y de todo lo divino?… ¡Qué cosa más tonta y antidivina habría creado ese Dios: a un pobre ignorante y retrógrado que prefiere echarle la culpa del mal a un demonio traicionero de ese santo señor Dios, o, en último término, a sí mismo, para así conservar libre de polvo y paja a un Dios intocable, al verdadero creador y único responsable de TODO!

¡No!... ¡Para mí es mejor que ese Dios irreal siga escondido, invisible, delirante, en el interior de la estructura de la mente humana, como un mero reflejo maníaco e insatisfecho de nuestra propia incapacidad natural!

Pero, entonces, ¿quién o qué es esa Entidad que a través de toda mi vida me ha amado y me ha maltratado adentro de mí—en todo lo que me compone, sin excepción, y en todo lo que soy—y en todo lo que existe fuera de mí, arrolladora y dulcemente?... ¿Tan infantil y antropogénico sigo siendo, a pesar de toda esta lucidez inteligente, que no puedo dejar de seguir experimentando esa—digamos así—Fuerza Directiva de la realidad, como si igualmente poseyese, aunque sólo fuese en parte, una condición semejante a Persona?... Es más, toda esa parafernalia sobrenatural, mágica, taumatúrgica con que lo han descrito desde siempre nimbado de rayos, de fuego, de ángeles, de milagros, y que ha empujado a todos quienes la experimentan a caer de bruces hasta golpear la frente contra el suelo en un gesto de asombro, anonadamiento, terror y adoración, yo también la he vivido, y también se me han doblado las rodillas deshechas como cera dentro de un horno, y he besado de un golpe la tierra con mi carne empequeñecida en partículas de polvo a punto de destruirse por causa de esa sobrecogedora Presencia. Yo sé—porque en ese instante terrible se nos enciende por primera y única vez, porque luego se apaga, un sentido y un estado interno de conocimiento sobrenatural—que no ha sido una alucinación, ni de otros, ni mía. En todo caso, si lo fuese, no sería menos alucinación que contemplar las estrellas, sumar uno más uno y que resulte dos, o amar a mis hijos. ¿Dónde y cómo encontrar la razón y la verdad de todo esto, sin que acabe ingenuamente llamándote Dios?... Negarte por completo, se lo dejo a los pobres durmientes de sí mismos, e insensibles a todo lo que vibra en este fuego trascendental llamado realidad. Yo no puedo negarte, aunque te niego, bendecido y maldito, yo no puedo negarte, ni quiero dejar de no poder, aunque empecinadamente te siga negando.

Aquí estás, en mí y en todo, como un misterio, como un acertijo indescifrable, como si yo fuese un niño con el Universo entre mis manos, imaginando y haciendo sólo niñerías con él. ¿Yo podría más, si quiero más?... Yo sé que yo soy Tú, y Tú eres yo, y esto es más que Tú seas Dios, y yo, un yo, pero también, menos, muchísimo más menos que más. Yo sé que a nadie dejas en paz, en la inmovilidad que se puede experimentar dentro del caudal de este río. Tú eres el río y la cascada, y tú la paz, el remanso, la verdad y la ilusión. Por eso quiero más, aunque reciba menos. ¡Cómo quisiera ver las palmas de tus manos dentro de las que me encuentro con el Universo herido entre mis manos! Pero no puedo, soy incapaz. ¿Hasta dónde quieres Tú mismo llegar haciéndote sentir en mí que tú y yo somos incapaces de más? Juegas contigo mismo en mí. Tú sí lo sabes, sólo en mí no lo sabes, por eso tampoco lo sabes. ¡Vaya juego!...

No puedes dejar de ser Persona, mientras soy persona, porque entonces no serías yo. Yo quisiera conocerte en tu ser No-Persona, conocerme tanto a mí mismo, que me trascienda a mí mismo, a mi humanidad, pero eso no lo puedo. Pero también me has revelado que el rayo transformador de toda realidad siempre está vibrando, a punto de salir disparado en cualquier instante de tu arco y de tu mano de fuego sobrenatural y semihumano. Yo sé que estás apuntando sin cesar esa flecha terrible justo hacia el centro de mi corazón. Todos cargamos esa sobrecogedora cruz tuya.

Y de ser cierto las profecías escatológicas, que también en mí has insuflado, y como has inscrito también en cada átomo y en cada onda, al final del túnel habrá una luz tan descomunal y tan nueva que lo borrará todo al crearlo todo. Si sólo dejarás entrar a los buenos, pero no a los malos, no podrás hacerlo, porque tú eres el Dios creador de tus buenos y de tus malos; pero sí podrás hacerlo, si entonces quieras dejar una parte de ti fuera de ese Tú mismo, porque me has hecho entender y saber que eres Dios, tanto como No-Dios. Y nadie sabrá antes ni entonces por qué, ni cómo, ni para qué.


viernes, 22 de noviembre de 2024

Dios es Amor

 

 

La Humanidad será la primera especie que se extinga a sí misma.

Extraordinaria y novedosa facultad de la especie que se encuentra en la cima

de la cadena evolutiva.

‒ ¿Progreso evolutivo?

Seguramente no es un error de cálculo de la Naturaleza,

sino sólo otro error interpretativo de la Inteligencia Humana.

Ni cálculo, ni evolución, ni inteligencia, ni humanidad, ni Naturaleza, ni error,

ni nada.

No tiene sentido culparnos unos a otros.

En esto no hay nada que evitar.

Sólo es inexorable nuestra autodestrucción.

Recomendación de la naturaleza profunda:

‒ Únete a tu avatar interno.

Te enseñará como morir.


miércoles, 13 de noviembre de 2024

Silencio Mortal

 


SI TUVIERA QUE HABLAR DE TODO ESO

callaría

jueves, 17 de octubre de 2024

Yo amé a la Humanidad

 

 

Yo amé a la Humanidad,

Aunque los ricos nunca amaron a los pobres.

Yo amé a la Humanidad,

Aunque los poderosos aplastaron a los débiles.

Yo amé a la Humanidad,

Aunque nunca dejaron de mentir.

Yo amé a la Humanidad,

Aunque todo lo dividieron entre el bien y el mal.

Yo amé a la Humanidad

Como cada sol y cada luna

Siempre la amaron

Desde un amanecer hasta un ocaso.

Yo amé a la Humanidad,

Aunque todo fue un extraño sueño,

Yo amé a la Humanidad.

 


miércoles, 16 de octubre de 2024

No llorar

 

No hay nadie que logre no llorar

cuando recuerda el pasado,

no porque los recuerdos

al alejarse

se vuelven tristes,

sino porque simplemente

todo ha pasado.


jueves, 19 de septiembre de 2024

Advertencia de Pandemia

 

La Humanidad ha creado al fin el virus más mortal de todo el Universo

su virus ha sido identificado como MATA O MUERE.

sábado, 14 de septiembre de 2024

Y ya no Importa Nada

 

 

 

Y ya no importa nada

Si me tomaste de la mano o la escupiste

Si murmuraste mi nombre o te escondiste

Si alguna vez te acurrucaste de noche

Como un gusanito retorcido a mi costado

Si tuviste hijos conmigo

Si a la noche siguiente ya no estabas a mi lado

Si el Universo creció y creció

Como un corazón inflado

Si ya no crees

Que dos más dos son cuatro

Si puedes leer estas letras

Sabrás

Humanidad

Que ya no importa nada.


sábado, 31 de agosto de 2024

Pueblos Pobres de la Tierra

 

 

Pueblos pobres de la Tierra

manipulados engañados estupidizados:

ganado delirando que pasta en verdes y jugosas praderas †eternas†

mientras los carniceros hechiceros del poder

afilan sus cuchillos de fuego

amontonándolos

esclava y suavemente

dentro del matadero.


miércoles, 21 de agosto de 2024

Existencia Humana (Capítulo 5 de Historias de un Individuo Imposible)

 

 

 

La visión más palmaria de nuestra condición existencial en este plano de realidad no se nos devela tanto en nuestro estado y progresión después de nacer en nuestra forma de moluscos dentro de su concha, como sí lo desnuda descarnadamente la muerte. Desde siempre que he puesto atención en la muerte tal como se manifiesta en el acaecer de mi entorno natural, en la manera como la muerte mata y rompe tan peculiar y totalmente a cada individuo, nunca he dejado de experimentar algo tan propio y exclusivo de la muerte - no lo he podido explicar -, que me instala siempre en un umbral-frontera ominoso, en una especie de intuición integral de sospecha y desconfianza, como si una corriente vibrante y alienígena me facilitase presentir con una sorpresiva modalidad de certeza que todo lo que se me aparece en existencia, todo lo que yo soy, todo lo que es como es, es sólo un efecto distorsionado y difuso, este Universo, de lo que no se me aparece, de lo que no soy, de lo que  no es como es. Durante gran parte de mi vida he tratado de reconocerme a mí mismo en los demás, de aprender discipularmente de otros humanos todo, humildemente y sin dudar de que había tanto saber disponible para mí, de que el Universo entero era un libro abierto para mí y para la humanidad, incluso de creer y presentir que había un poder divino, un designio superior, supremo, total, que lo hacía necesidad, realización y destino. Pero al final, como yo mismo me reconocía humano y lograba, en un acopio casi culpable de grandeza personal, reconocerme igual o semejante a los más inspiradores y señeros maestros de humanidad, de vida, de superación transformativa, de verdad, de Dios, y de cualquier realización máxima que un humano pudiese concebir, ponía atención repentinamente en su muerte, y entonces hasta Jesús, el Hijo de Dios, acababa apaleado y torturado por judíos y romanos, desgarrado vilmente en una cruz, como un cualquiera, es decir también como yo, sin nada, borrado como hijo de Dios, borrado como maestro de verdades, borrado como humano por la muerte, completa y terriblemente desmentido. Y lo que es aún peor, cargando él y yo una nueva tortura, todavía más absurda e incompatible con mi humanidad y la suya, la única del único, de haber resucitado. Porque, aunque no hubiese resucitado, o, aunque hubiese resucitado, yo sabía por vibración trascendental que eso mismo era mucho más incomprensible y desconocido, más incompatible con cualquier forma de existencia conocida y posible; es decir, más falso que todo lo verdadero, más separador y destructor de toda forma de vida, de conocimiento y de existencia, incluso que la muerte; más mortal que toda muerte y resurrección conocidas. Que las dos vías posibles o ciertas desembocaban estrechándose en un único y mismo despeñadero abisal. Y también el más sabio de entre los hombres, el más inteligente y lúcido, Nietzsche, acabar babeando espuma tirado en una calle de Turín, demente, embrutecido durante años de senectud como el peor humano, hasta morir deshecho así. Y Buda, el gran liberado en vida, el hombre inquebrantable y sabio en la verdad suprema, espejo de máxima paz concebible, acabando viejo y achacoso, desmentido en todo, morir como un cualquiera entre dolores y excrementos de disentería.

Claro que entonces yo podía creer en cualquier cosa después de la muerte. Podía tener fe, o agregarle cualquier argumento de fuerza mayor para salvarnos, para salvarme de la muerte alienígena, de esta muerte que siempre lanza una carcajada incomprensible justo al final, al caer el telón. Incluso la tuve intensamente, me solacé en certezas apacibles de continuidad, pero la muerte seguía vibrando en el aire como un cruel latigazo siempre más, todavía más incorruptible y mejor que cualquier evidencia. Y mientras más me desdoblaba de mis propios desdoblamientos, en esta autosuperación recursiva de molusco fuera de sus nuevas conchas, más la muerte destruía ubicua más la vida menos. Y ya no era la muerte, sino otra cosa mucho más inmensamente más que la muerte y que su vida. Y si quedaba algo de la vida, esta vida insistente que vive mientras vivimos, ahora vibraba que sólo le pertenece a la muerte.

Yo sé que esto no le ocurre casi a nadie, y el no experimentarlo lo vuelve fatalmente incomunicable, lo hace incomprensible, lo hace indiferente, lo hace ridículo, lo hace inexistente. Yo mismo lo he logrado sólo después de inmensas transformaciones tectónicas de mi mente, después de prácticas y prácticas centenarias de desdoblamiento, de separarme de mí mismo; de separarme no de mi cuerpo, sino de mi mente; de separarme luego no de mi mente, sino de mi yo; de separarme luego no de mi yo, sino de mi esencia humana… No estoy dejando una huella para que nadie me siga. Nadie puede seguir a nadie por estos lados. Tal vez el camino del Tao posee una inclinación propia. No hay nada que conocer.

lunes, 12 de agosto de 2024

El Tiempo, el Tiempo, el Tiempo...

 

 

 

Esta mañana, bien temprano, al levantar las persianas de mis ventanas, me encontré afuera, en el patio, que el Tiempo estaba jugando sentado en el suelo, solo, a los dados. Lo comprendí de inmediato porque parecía un niño, desgreñado y tonto. Entre él y yo existía una relación singular, como si nuestras mentes se comunicasen sin palabras. Aun así, no tuve miedo. Era - cómo decirlo - algo tan inmenso, tan inconmensurablemente más que yo, pero al mismo tiempo estaba allí, delante de mí, como un cuadro humano tan común, desvencijado y miserable. Me di la vuelta, distinguí la hora en el reloj de la pared: 6:47 AM. Entonces se me ocurrió una idea peregrina. Habíamos seguido el camino equivocado, todas las vías humanas desembocaban justo allí afuera, en mi patio. Al comienzo de los tiempos nos habíamos tocado las piernas y pensamos “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, y ya, primero gateamos, luego nos incorporamos; orgullosos de tal proeza, echamos a andar simplemente porque ahora teníamos dos piernas, pero nunca y siempre caminábamos lo mismo hasta acabar uno y todos allí mismo, sentados en el niño extraño afuera de mi patio, jugando a los dados. Todo era tiempo pasado, presente y futuro, eso y nada más. ¿Para qué más, si sólo teníamos que recorrer el mismo camino, una y otra vez, de lo más natural, desde el principio de los tiempos hasta mi patio? Por primera vez me di cuenta de que yo no estaba sentado en mi patio, sino que miraba mi patio desde mi ventana, y yo no estaba allí. Pero tal vez sólo era la ilusión de mi propio reflejo que yo proyectaba sentado allí afuera, mirando hacia la ventana. Aun así, eso bastó para que el niño levantase la vista hacia mí y, riendo con lágrimas que caían de sus ojos, me susurrase para que nadie más nos escuchase:

No fue la mejor elección haber tomado el sol, la luna y las estrellas como unidad de tiempo. Malas elecciones el segundo, la hora, el día, y hasta la eternidad. Debiste haberles poetizado mucho antes que su única unidad de tiempo debería siempre haber sido la experiencia expansiva y fugitiva del instante dentro del cual aparece simplemente todo aquello que cada uno, y todos juntos, es capaz de contener allí, sin importar demasiado de dónde, adónde, cuánto, cuándo, ni qué sea.

Volví a dejar caer de prisa la persiana, y no he dejado de tiritar hasta este instante.


sábado, 3 de agosto de 2024

Apocalipsis

 

 


Apocalipsis

Kaliyuga

Dies Irae

Zand-i Wahman yasn,

¡Qué privilegio el nuestro

vivirlo al fin

toda la Humanidad

en primera persona!


martes, 30 de julio de 2024

Cosmología

 


Nuestro rango de realidad podría semejarse a un soplo de cenizas que se arremolinan dentro de una explosión trascendental sin límite ni final. Nosotros sólo experimentamos el Universo de la ceniza, pero no la explosión trascendental. Por tanto, nuestro big bang habría sido sólo el comienzo del apagado de un aleteo cósmico de cenizas que por un instante sin tiempo brilló casi tanto como el Fuego Siempreviviente Πῦρ Ἀείζωον que nos respira sin que conozcamos nuestra existencia ni destino.

Heráclito, 30 DK.


domingo, 28 de julio de 2024

Hijos de Abraham

 

 

Compadezcan a los hijos de Abraham,

como a Parménides, el de infinita prole hasta los días de hoy. No pudieron conocer, a pesar de su descomunal esfuerzo, que la inexistencia se hace sentir en la existencia.

Sentir es puente colgante entre todo esto y la Nada.

La Nada es nuestra propia invisibilidad, pero contemplada de revés.


sábado, 27 de julio de 2024

Artefacto

 

 

Hace años inventé un artefacto para escuchar señales del Universo Profundo. Lo he mantenido oculto. He tratado de no encenderlo; sus mensajes me perturban demasiado. Cuando logro escucharlos, creo entender algo, pero luego parecieran degradarse dentro de mí, y ya no entiendo nada. Anoche, después de años, me atreví nuevamente a activarlo. La duda de que todo sea un engaño de mi propia mente, o un insólito malentendido, o la maniobra de algún hábil manipulador, paradójicamente me acaba redirigiendo hasta él. Hoy no he podido dejar de pensar en el mensaje que recibí anoche:

“The official language of Hell is English.”


jueves, 25 de julio de 2024

Subsumidos

 

 

 

Existimos subsumidos sobre-debajo de 100025 estratos de metauniversos de sueños astronómicos. Sólo los sabios saben que las mariposas de colores saben soñar en colores. Contemplar el tiempo como una puesta de sol de tiempo sin ser tiempo que manipula números negros y blancos. Tocar el espacio impenetrable de mi cerebro científico, diamantino e infinito, un beso en todas las bocas que se marchita lento y suave. ¡Qué privilegio hozar y gruñir cada vida entre las carnes de la madre! Oficiar una misa entre aguas jubilosas de una cascada láctea. Todo está lleno de dioses. Todo está lleno de demonios. Tienes que ir a trabajar, despierta. ¿La consciencia trata de detener todo esto? No puedes dejar de colgarte de la teta de tu banco, no puedes evitar creer en el saldo de tu cuenta mensual. Y tú te ríes tontamente de quienes creen inquebrantablemente que Moisés abrió las profundidades del Mar Rojo. En la esquina un loco predica el final del mundo, pero el mundo predica el final de un loco. ¡Corre, mira tu reloj, otra vez lo hiciste, siempre acabas llegando un poco tarde!


sábado, 6 de julio de 2024

Tú o Yo

 

 

Tú, mi Señor y mi Dios,

creas el sufrimiento diario de los seres humanos

porque el sufrimiento es un bien

al que nos has obligado.

Pero si yo fuese Dios

y en cambio tú fueses humano

jamás te haría sufrir.

¿Quién sería entonces mejor Dios,

Tú o Yo?


miércoles, 26 de junio de 2024

Ahora sólo al final

 

 

 

Ahora sólo al final de mi vida ésta

he venido a descubrir, por tanto, he sido enseñado

y otra vez engañado

que ninguna verdad de esas grandes,

las ganadas con el verdadero sudor de la frente cotidiano

las que de verdad no son de este mundo

pero que juguetean coquetamente con este mundo,

no se dicen, no se revelan, se silencian

a cualquier costo

como Jesús, Heráclito y Buda

silenciaron, encubrieron, deformaron las suyas

para guardar el verdadero secreto

el mismo que ahora declaro y encubro coquetamente

porque yo soy tan nadie como cualquiera.

Nadie ni nada es el camino ni la verdad ni la vida.


miércoles, 5 de junio de 2024

Paz revelada

 

 

Lo que me permite vivir dormir morir en paz

es la revelación de que si los seres humanos

destruyen a la Humanidad y a este planeta

no son los desquiciados humanos quienes lo causan

sino un orden o un desorden superior.


miércoles, 29 de mayo de 2024

Adán y Eva usaban anteojos

 


 

Envalentonados y miopes mortales

escuchen el evangelio del Dios verdadero:

“ Desde el principio el Verbo se hizo araña

y habitó entre las arañas,

y las amó con carne de arañas

y sangre de arañas

(todas ellas lo saben)

no las abandonó

hasta la muerte;

se hizo flores

colores

amores

y habitó entre las flores

hasta la muerte;

se hizo aire

puro impuro

azul y negro

y habitó todo día

humano inhumano

hasta la muerte.”

Con esto ya tienen tarea

suficiente

para dos mil años más

y hasta la muerte.


viernes, 5 de abril de 2024

Los enemigos

 



Los enemigos que deben ser destruidos

por cada país y todo país

por cada enemigo de su enemigo

han llegado a ser

no otro enemigo

no otros países

sino la Humanidad.


miércoles, 27 de marzo de 2024

YO SOY YO

 

 

Yo soy yo, pero no soy yo, sino algo desconocido para mí y para cualquiera, que se proyecta o materializa o realiza, u otra cosa, en el fenómeno de mí mismo que yo experimento completamente como yo. ¿Qué soy más, yo o (eso) no yo, si en tanto yo, no soy yo, y en tanto no soy yo, soy lo que soy?... ¿Es real esto que experimento, y que pienso de mí mismo, y por experimentarlo y pensarlo puede siquiera en alguna medida ser verdadero?... Si yo no puedo dejar de experimentar lo real como irreal, y lo irreal como real, no me está permitido diferenciar lo real de lo irreal verdaderamente. ¿Hay alguna diferencia entre yo y no yo, primero que sea verdaderamente real, y luego que yo pueda experimentar y conocer? Ni siquiera puedo asegurar que existe la Verdad más allá de mí mismo. Aunque la haya más allá de mi pobre percepción, no puedo en absoluto reconocerla, sólo puedo crear ficciones (comprobables) de que la reconozco, y engañarme a mí mismo y a los demás de ello. Esto es una completa aporía, el sueño de nunca acabar. No puedo avanzar ni un milímetro más allá de ella, no puedo avanzar ni un milímetro existencial para responderla. ¿Puedo hacer algo, algo mínimo e insustancial que sea, pero que sea algo más, algo otro, aunque sólo sea realmente otro dentro de lo mismo, que se hunda más profundamente en su piel, que esta pobre e inerme conciencia que estoy teniendo acerca de esto mismo?... El problema irresoluble del punto de apoyo absoluto de Arquímedes para mover el Universo es que, aunque exista ese punto en algún lugar o forma, él no puede jamás alcanzarlo u obtenerlo; y aunque, por algún sorpresivo y original descubrimiento o invención, logre mover con su palanca el Universo, sólo puede hacer eso, pero nada más allá que eso, nada más que lo que puede hacer un humano con una palanca apoyada en un punto determinado con un Universo. O sea, lo mismo que hacía antes, pero de distinta manera, o más, o mejor. Para la mayoría, eso es suficiente. Para mí, no, aunque así me sienta como un perro sarnoso que se agita y convulsiona para tratar de sacarse la sarna de encima. Yo soy libre, en cuanto soy jugado, de jugar este juego en el que me encuentro; lo jugaré, aunque sea absurdo, hasta que ya no juegue más por la razón o causa que sea. El que sea absurdo e imposible, hoy por hoy, no es razón suficiente ni causa para no jugarlo. Disfruto este Juego, porque cada día descubro que estoy en un casillero distinto que ayer y que siempre, aunque yo no pueda ganar ni escapar de este juego. La gente en general no puede ni imaginarse de qué nivel profundo del Juego estoy hablando. Me motiva vivir esta vida absurda, porque no he perdido la sensación febril, infantil, la sensación solar interna, irresistible, de que mañana, o en el instante siguiente, puede aparecérseme una GRAN SORPRESA.


martes, 20 de febrero de 2024

La Cima de la Montaña

 



La Cima de la Montaña es el lugar y punto más elevado de la Ilusión Humana, desde allí se puede contemplar, en una sola visión, todas las vertientes, todas las pendientes, todos los valles, todos los engaños de los sentidos, todos los engaños de la mente, todos los engaños de la Verdad, todos los inagotables multiformes engaños humanos, todos los engaños de este Universo inmenso, apegados y arraigados a las laderas de la Montaña de la Ilusión.

Sólo en la Cima de la Montaña se puede experimentar en su plenitud, en su máxima expresión, realización y posibilidad, el Amor, la Espiritualidad, la naturaleza de Dios, la Belleza maravillosa de este Universo, la condición más perfecta de uno mismo, la Unidad de Todo, la superación de todo Mal. Más abajo, en el mundo real, en el mundo cotidiano, en el mundo científico y material, sólo se realizan ocasionalmente, corruptamente, incompletamente, ingenuamente, frustradamente, cínicamente, ilusoriamente…

Sin embargo, esta Cima, punto máximo y supremo de experiencia, de existencia y posibilidad humanas, aunque es real - está aquí, sí -, donde casi ningún ser humano logra ascender, aun así, es igualmente una Ilusión, la mejor, la más deseable y satisfactoria de todas las ilusiones, el Reino de Dios, la Ilusión de la Cima de la Montaña, la Ilusión al final de la Montaña de los Bienaventurados. ¡Qué perfecto se siente estar aquí!...

La Ilusión siempre nos acaba engullendo dentro de su propia nuestra Ilusión.


miércoles, 31 de enero de 2024

Más y Mejor Realidad

 


 

Uno siempre trata de afirmarse en (llegar a) una realidad más fuerte, más verdadera, más correcta, superior, etc., que (mantenerse) en una que, en algún sentido, reconocemos como más débil, más imperfecta, más incompleta, más inadecuada, inferior, etc. Las Ciencias, por ejemplo, conciben su condición epistemológica, sus metodologías, la realidad física, etc., como una continua progresión desde un saber menor a uno mayor; desde una práctica menos eficaz y certera, a una mejor y superior; desde un conocimiento y develamiento de la realidad menos verdadero (incompleto), a uno más verdadero (más amplio). Los sistemas y concepciones espirituales y religiosos universales conciben la experiencia humana y la revelación (divina) como un continuo progresivo desde un menor saber, a uno mayor y más verdadero; desde una condición personal, existencial y espiritual que puede desarrollarse y transformarse progresivamente, certeramente, incluso hasta alcanzar un estado más próximo a la (suprema) divinidad. La vida cotidiana, la vida común de todos los seres humanos, en toda su multiplicidad y actividades, en todas sus formas y manifestaciones, está enteramente inmersa, enteramente condicionada, normada, constituida, etc., en una visión de cosas peores y otras mejores, a las que se debe aspirar; siempre el mañana es una oportunidad para que “todo sea mejor”, se vive la realidad como si ella avanzara naturalmente desde un menos a más, desde un pasado hacia un futuro. Si estoy enfermo y me duele el estómago (microilusión), quiero sanarme para que ya no me duela el estómago (microilusión), porque si estoy sano (microilusión), siento que la vida merece ser vivida (microilusión), etc. Siempre estamos tratando de progresar, de avanzar de una condición a otra.

Sin embargo, no integramos a nuestro sistema cognitivo, a nuestro paradigma sicológico y semántico inconciente de realidad, a nuestra experiencia del estado de realidad, el hecho (estado) de que, cuando intentamos y hasta logramos esto, sólo superamos un modo (estado) de realidad para incorporarnos a un nuevo modo (estado) enteramente ilusorio de realidad. Así pues, en cierto sentido microilusorio, superamos un estado de realidad – particular o general - al ingresar en un mejor estado de realidad (respecto de otro), pero en otro sentido macroilusorio, seguimos manteniendo la misma macrocondición de realidad ilusoria, una ilusión, en otra ilusión, en otra ilusión, en otra ilusión, etc., (aparentemente) sin progresión ninguna. Por ejemplo, estoy ciego, no puedo ver; me opero quirúrgicamente de los ojos y ahora puedo ver. Ver, en este caso, es una superación de la microilusión de no ver, aunque ver también es una representación microilusoria de la realidad física y una limitación (incapacidad) para percibir aquello (macroilusorio) que está más allá de mi rango perceptivo visual. Por ejemplo, también, siempre el ser humano ha concebido que aprender es pasar de un estado de ignorancia, o de menor saber, a un estado de mayor saber (conocimiento); sin embargo, todo aprendizaje reemplaza un tipo de saber o desconocimiento ilusorio, por otro saber sólo más eficiente en algún sentido relativo, que la ignorancia o el saber menor, aunque genera otras formas y contenidos ilusorios o determinantes (clausurados), que normalmente también se ignoran o se desconocen macroilusoriamente (inconciente o concientemente).  Por ejemplo, si estudio odontología, voy a saber más de la dentadura que antes, pero ya no estudiaré ingeniería, o egiptología, etc. Si aprendo a tocar guitarra, cada vez que toque guitarra no tocaré piano. Si aprendo física cuántica, creeré saber que la realidad es cuántica, y que ya nada desmentirá este saber. Si creo en (aprendo) la doctrina religiosa de Jesús, no podré aceptar que pueda volver a venir Jesús (de la forma que sea) y modificar completamente su doctrina de hace 2 mil años. Sin embargo, Jesús, en términos de realidad ilusoria, podría venir cuantas veces quiera, incluso ninguna más, y hacer y decir cada vez lo que sea y lo que quiera, sin estar condicionado en absoluto por su primera aparición (microilusoria) en la Tierra.

Pero, sobre todo, no podemos saber de ninguna manera si este mero paso de una microilusión a otra microilusión (¿ad infinitum?) representa, dentro de un metamarco de realidad inalcanzable experiencialmente para nosotros, alguna forma, o especie, o semejanza, de progresión, transformación, evolución, trascendencia, etc., hacia una No-ilusión (No-Macroilusión), o bien, sólo representa una especie de movimiento circular recursivo (¿ad infinitum?) e ilusorio. Somos como ratoncillos dentro de un laberinto; nuestro presente es una experiencia de camino adelante y de camino atrás, a veces abierto, a veces cerrado; cuando descubrimos un nuevo caminito (abierto-presente), nunca sabemos cuándo ni cómo alcanzaremos el centro del laberinto que buscamos, ni si adelante se cerrará por completo, ni si hay una salida, o un centro, o un afuera, o siquiera si esto es un laberinto.

Ante esto, ante tanta y absoluta ilusión y delirio humanos, ante la ilusión redoblada de la realidad física (externa), ¿debiéramos enloquecer, destruirnos, suicidarnos, o tomar cualquier otra decisión extrema, convulsiva y desesperada?... Además, ¿algo mínimo siquiera, cualquier cosa que podamos decidir, querer, realizar es nuestra decisión, es un acto que decidimos nosotros, desde un absoluto nosotros, como si el comienzo estuviese en algún punto exclusivo dentro de nosotros, la creación absoluta de esa particular decisión (¿libre?), y que incluso las opciones que nos planteamos antes de tomar esta decisión también puedan ser completamente nuestras? El primer espejismo ilusorio es creer que, porque decidimos hacer algo, y ese algo se realiza, o nosotros mismos lo realizamos (se cumple), ocurre precisamente porque nosotros lo decidimos, lo causamos y lo realizamos. Si yo decido mover el dedo meñique de mi mano izquierda, y el dedo se mueve, ¿siento y creo que no es mi cerebro, ni mis músculos y nervios, ni mi sistema óseo, ni mi sangre, ni mis células, ni mis diferentes tipos de energía, etc., quienes deciden “hacer su parte” para mover mi dedo, sino que es algo invisible y desconocido, que siento y denomino como mi “yo”, quien causa esa decisión de mover, y ejecutar de hecho, que mi dedo se mueva? ¿Y qué causa, o hace, que mi yo decida precisamente eso?... Nadie sabe qué ilusión se (nos) oculta tras todas estas ilusiones. Yo creo – en mi supuesto grado superior de microilusión - que TODO lo que nos acontece ocurre porque Lo que lo causa y lo provoca (enteramente desconocido e ilusivo para nosotros) simplemente pasa a través de (por) nosotros, a veces coincidiendo con lo que nosotros procesamos y decidimos (sentimos) como propio (yo decido, yo causo), en otras ocasiones, sin coincidir y sin quererlo, como cuando rezamos para que algo ocurra, y ocurre, o no ocurre; o como cuando lanzamos una moneda al aire, pedimos cara, y sale cara, o bien, sale sello; o como cuando estamos transitando por el puente que hemos atravesado cientos de veces antes, pero el puente esta vez colapsa y se derrumba.

Entonces, preguntémonos ahora y ante esto, ¿Qué quiero?... ¿Puedo querer, debo querer, darle sentido a algo?... Si no somos capaces de predecir, de anticipar, de adivinar lo que va a suceder (futuro, o lo que sea esto [ilusorio] que adviene en presente) ilusionemos que vamos a lograr lo que queremos; o que por algún “milagro” de la realidad, eso va a ocurrir precisamente como quiero o pretendo; o usemos esperanza, este lenitivo ilusorio que está a montones en nuestra naturaleza mental; o usemos todo este inmenso artefacto de saberes, conocimientos, técnicas, bienes, logros, facultades, etc., que le han dado tanta seguridad a la Humanidad actual para justificar cualquier engañito de realidad y de certeza… O también - como hago yo - podemos aceptar que las cosas acontezcan a veces como quiero y deseo, lo mismo que no acontezcan como quiero y deseo, incluso sufriendo porque no sea así, pero siempre, en uno y otro caso, aceptando (entregado al movimiento actual y posible de la realidad), por encima de todo, por dentro de todo, que TODO ES UNA ILUSIÓN. A mí al menos, este actual trance interno-externo me deja un resabio de algo como paz en la no-paz. De siempre estar como estoy, de siempre estar donde simplemente debo estar, de que acontece siempre lo que debe acontecer, aunque eso no sea lo que puede acontecer, de hacer-no-haciendo, de que estoy dentro de Algo (ilusorio) que me permite ser y hacer en la medida y forma que ese Algo es y hace conmigo, o no conmigo.


sábado, 13 de enero de 2024

ESTÁ BIEN QUE VAYAMOS TODOS A MORIR

 


 

 

Está bien que vayamos a morir todos (juntos). ¿Alguna vez ha dejado de morir alguien? Ni siquiera Jesús - según dicen - el resucitado[1], dejó de morir, y ¡vaya de qué manera!... Nuestra Historia humana está completada no por vivos, sino por muertos. Parece que la vida fuese un accidente temporal dentro de la muerte, o al menos de algo que no es la vida. Cuando digo “está bien” (morir), sólo trato de decir que las cosas ocurren en cierto nivel inalcanzable, inevitable, necesario, por lo cual intentar oponerse resulta vano, penoso, “nada bueno”. Es una cuestión intuitiva, empírica, espiritual, etc., que saber dejarse llevar por la existencia, por un Cierto Movimiento que SIEMPRE lo arrastra todo, aunque lo desconozcamos, “está bien”. Afirmar o creer que la muerte está mal no se ajusta a la realidad, porque, además, la realidad no posee una connotación ni un valor moral, ni tampoco un sentido racional, aunque a veces nos parezca que funciona precisamente así. La realidad – o Lo Que Sea - que produce todas las cosas que acontecen y existen, si las crea con algún designio o valor, estamos demasiado lejos (de la capacidad humana) de experimentarlo y conocerlo. Nosotros sólo experimentamos muy sumergidos dentro de un juego de ilusiones, ilusiones, cosas reales, que se perciben como ilusiones sólo cuando, por alguna paradójica capacidad, uno se separa un poco de la ilusión particular, de un cierto estado individualizado de ilusión, como un apéndice momentáneo se separa (sin separarse del todo) de su unidad primaria y así alcanza a experimentar una fugaz sensación de que puede percibir la unidad como otra cosa diferente de sí misma, y diferente a como la experimenta en sí misma. Parece como si ese Algo que lo empuja todo nos tomase la cabeza y la hundiese a la fuerza bajo el agua, para que allí nos ahoguemos en un ensueño de ilusión y apariencia real y natural. Sólo por un instante a algunos nos permite sacar la cabeza apenas un poco por encima de la superficie para intuir entonces que nos estamos ahogando, y no simplemente, como creemos todo el tiempo, que estamos viviendo en un todo-agua.

Quizás lo que más nos duele, al sacar por un instante la cabeza del agua, no es el hecho de reconocer que vamos a morir, o a morir todos juntos, el apego instintivo a la ilusión de la vida, o el temor de la experiencia de la muerte, sino que vamos a matarnos unos a otros, que vamos a destruir este planeta, junto con todo su valor – aunque sea ilusorio -, pero no por necesidad, no simplemente porque hay un Destino, no porque una corriente de la existencia nos lo impone así. ¿O sólo tenemos una vez más la falsa ilusión de que está en nuestras manos, en nuestra capacidad, en nuestra libertad evitar la mutua destrucción (debajo del agua)?... Y, en consecuencia, ¿“está bien” que nos masacremos y apocalípticamente lo aniquilemos todo? En mi más actual visión, creo que ni somos libres, ni no libres; el remolino de nuestra experiencia de realidad gira demasiado rápido para diferenciar si hay profundamente algo bueno o algo malo, lo libre de lo impuesto, y así sucesivamente todo con todo. ¿Si yo no quiero morir, ni matar a nadie, ni destruir este planeta, pero soy incapaz de impedirlo, igualmente poseo la misma voluntad colectiva, el mismo propósito (superior al individuo particular) que nos hará, llevándolo todos juntos al mismo y único fin, a acabar todos juntos en la misma destrucción?[2]... ¡Seguramente sí!, pero también debe haber algo más que eso, Algo que se nos escapa por completo, y que cambiaría también por completo nuestros inútiles intentos de (ilusoria) comprensión.

Yo creo y observo que cada vez, cada día que pasa, hay más personas en el Mundo que piensan que, con seguridad, o muy probablemente, en un futuro próximo nos vamos a destruir por medio de un gran holocausto bélico y sus consecuencias, o también por otras catástrofes sincrónicas. Sin embargo, a diferencia del pánico colectivo que causaba esta idea (fin de Mundo) en las diferentes épocas anteriores, curiosamente hoy la gente en masa, salvo uno que otro desesperado (para sus adentros), lo observa, lo piensa, lo espera incluso - ¿cómo decirlo? – con naturalidad, tal vez con resignada y apacible aceptación. No me cabe duda de que estamos suficientemente dotados con un set natural de ilusiones para vivir y morir adecuadamente, también el Apocalipsis (¿la ilusión final?). Muchos, quizás la mayoría, hacen uso de su capacidad natural y abundante para ignorar, desentenderse, confiar, ser positivo, trivializar, mentir, tener fe, negar, no creer, desinformar, explicar, manipular, racionalizar, enfermar, “simplemente vivir”, etc., y de esta manera desactivan, anulan, ILUSORIAMENTE, la realidad del evento en aproximación (no presente) muerte, Apocalipsis-Todos-Juntos. Un ejemplo interesante y representativo del paradigma actual, que vengo describiendo, lo podemos ver en la popular película No miren arriba[3], aunque en ella no se trate de una guerra nuclear, sino de la caída de un gran cometa. O sea, no estoy revelando nada original, nada que no esté en el espíritu mismo de nuestro tiempo. Basta enterarse, incluso sólo un poco, por los medios de comunicación al alcance de cualquiera.

Frente a esto, yo no recomiendo nada en particular, nada en general. Sólo soy un vidente momentáneo y una víctima-victimario más. Cada uno debe descubrir por sí solo cómo prepararse y acercarse a la experiencia de su muerte y de la muerte de los demás, porque, aunque no haya una conflagración mundial y total, la experiencia de la muerte está cerca, es inevitable para cada uno, uno por uno.



[1] Incluso si hubiese resucitado, Jesús dejaría de ser un referente humano (un ser humano), porque no habría seguido existiendo en nuestro sistema natural humano, donde es necesario morir (del todo) aquí.

[2] Incluso aunque me suicide, sigo con mi suicidio llevando todo al mismo fin. Es decir, si me suicido, y así no lo impido, entonces también así, por el acto y hecho de suicidarme, lo acompaño (dentro de la misma corriente total) hacia el mismo final.

[3] En inglés, Don’t Look Up (2021).



martes, 9 de enero de 2024

Nadie vio lo que yo vi

 


  

Nadie vio lo que yo vi. Nadie recuerda lo que yo recuerdo. Una pandereta de ladrillo, encalada, día tras día observada únicamente por mi mirada de niño, atentamente, curiosamente, desaprensivamente, como una cita de enamorados por primera vez, a solas. Relieves deformes de una espátula que imprimió golpes de mezcla según los dictados del momento del corazón de un albañil. Los observaba, como se siente en un Nocturno de Chopin los rastros de un instante sobre las teclas de su piano polaco, porque cada encuentro entre mi vista y cada sinuosidad dejaba en mí una emoción particular y única, ahora tan nostálgica, tan lejana, como sólo el pasado bien escondido puede serlo. Trazos de pintura resquebrajada en figuras de un artista desconocido, pedazos de ladrillo rojo a la vista, descascarados y roídos por humedades persistentes, por quién sabe qué designios de la existencia. Lagartijas verdiazules a veces se calentaban palpitantes, agarradas de cualquier pequeño reborde, adormecidas bajo el sol en primavera; corrían a esconderse cuando mi mirada curiosa se encontraba con sus ojitos entelados. Esa pandereta por encima de la que levantaba tímidamente mi cabeza, después de encaramarme a duras penas por las pequeñas salientes que formaban algunos ladrillos, para espiar el jardín misterioso y prohibido de nuestro vecino gruñón, del gigante egoísta que reventaba a disparos de perdigón las pelotas de plástico que regularmente al jugar se nos saltaban sobre ese cerco de la distancia humana. Una llave de jardín pegada a ese muro blanco para regar una angosta hilera de calas, lirios y una mata de glicina lila más olorosa que los perfumes de mi madre, esculpida en mi alma para siempre. ¿Cómo un Universo tan grande, tan inabarcable para los sabios astrónomos, pudo haber creado un diminuto espacio, tan lleno, tan sólo nuestro entre él y yo, tan aislado, tan invisible y tan desbordante al mismo tiempo?... De esa pandereta ya no queda nada. El vecino está muerto, igual que Chopin. Hace más de cincuenta años todo eso desapareció; sólo persiste en mi memoria, gracias a un repentino chispazo de recuerdo, esa imperfecta olvidada pandereta blanca, hasta que yo también desaparezca y me encorve doblemente en esta misma nada presente, como un remolino de espuma desaparece en cualquiera playa ignorada.


miércoles, 3 de enero de 2024

Un Nirvana sin Nirvana - Un Paraíso sin Dios

 

 

 

La conciencia y la mente en su conjunto cuando experimentan, perciben, capturan, representan en su máxima expresión, capacidad, realización, posibilidad, la realidad, su inmensidad, su verdad, apenas logran un fragmento tan insignificante, tan ilusorio, tan absurdamente humano de ese océano ontológico inalcanzable… La conciencia y la mente cuando ponen atención, experimentan, perciben algo, dejan fuera, en la inconciencia y la desatención “el resto”, la simultaneidad de TODO. ¡Qué cosa más ínfima somos!... Incluso los estados más elevados de la iluminación espiritual, los ensueños místicos de integración universal en la Unidad, en Dios, en lo que sea más todo, son sólo atisbos nebulosos de Algo que podría existir, de un estado de Yo-Todo, pero que en verdad se nos niega, se nos imposibilita, se nos ilusiona de que somos capaces de experimentarlo (incluso inmortalmente, eternamente). Quizás sería mejor reconocer que todo lo que entra y todo lo que queda en nuestra conciencia y mente es la irrealidad de la realidad. Quizás ésta sea la paz suprema, la última, la paz menesterosa y humilde – para nuestra ilusión ingénita, sin embargo, INMENSA - que nos deja la conciencia máxima de ser casi nada