Seguidores

viernes, 22 de septiembre de 2017

AKARGHI (capítulo final)


 
--¡Saddinavi!... ¡Saddinavi!...—alcanzó a repetir a viva voz Akarghi al acercarse al soto de grandes árboles, donde había visto ya varias veces que ella acudía.

Se detuvo en seco y enmudeció. Olía a estrellas invisibles y cabello de mujer. Recorrió con su vista el entorno, oteó las alturas de los cerros y hasta levantó la vista al cielo. Con más frecuencia le ocurría lo que ahora le ocurría. Se vio desde afuera de su cuerpo, como si su conciencia se hubiese elevado decenas de metros por encima de él.

Mirar, escuchar, hablar… lo casaban en un estado de mente (en lo mirado, en lo escuchado, en lo dicho). Pudo ver instantáneamente su estado de mente. Amar, desear, buscar lo casaban en un estado de mente (en lo amado, en lo deseado, en lo buscado). Y lo casaban  también en la doble cárcel del mirar, del escuchar, del hablar, del amar, del desear y del buscar… Y en la cárcel, además, de los incalculables estados asociados. Pudo ver instantáneamente su estado de mente. Pero también pudo ver que huir de esa celda de mente –como lo hacían sus antiguos maestros—era, en cuanto mera desconfianza y rechazo de esa ilusión de mente, quedar casado en otro estado de mente (el que se liberaba de todos los anteriores)… Recordó, al contemplarse desde arriba, el sueño de los espejos con Muerto-en-Vida, y sonrió. Pudo ver instantáneamente su estado de mente. Saddinavi era, vista desde arriba, ella, pero infinitamente más que sólo ella. En cambio, Akarghi, visto desde arriba, comenzaba a diluirse simplemente en un espacio inexistente y al mismo tiempo posible… La decisión iba más y más de su mano. 

Desde arriba podía amar a Saddinavi, pero también a todo, infinitamente todo, sin la menor oposición ni limitación. ∞¡Qué tentador, qué maravilloso es quedarse en ese mero ARRIBA DE TODO!∞ Recordó el viejo Camino de la Verdad, y desde el Camino de la Verdad recordó a Saddinavi. ¿Cuál era primero?... Ya no era necesario para él hacer este tipo de distinciones precarias. Había caminado sin intención hasta la cascada del Velo de la Virgen, porque el derrumbe del agua tenía algo que decirle. La humedad del lugar gratificó su espíritu. Un pequeño colibrí verdinegro giró veloz alrededor de él, se detuvo un segundo por encima, y luego se alejó hacia el fondo de la cascada con la misma velocidad con que se detuvo. Lo siguió con la vista encantada, y, precisamente al realizar un giro repentino, lo dejó de ver, pues una extraña visión le llamó vivamente la atención. Por algún sendero que no alcanzaba a vislumbrar, dos figuras de personas se acercaron a la parte derecha de la cascada, y justo antes de entrar en ella, giraron su rostro hacia Akarghi, para luego entrar lateralmente en la cascada. Pero no fue sólo el hecho de entrar a la cascada lo que asombró a Akarghi, sino la adición, sobre todo, de que aquellas dos personas se asemejaban notablemente a Farra-aj y a Chien Tzu. Un eco continuo como de voces profundas y guturales acompañaban el estruendo de las aguas blancas y espumosas: “tri-ambakam iayamajé su-gandim pusti vardanám urvarukaiva bandanán mritior muksíia mamritat[1]… Sintió que alguien lo tiraba de la manga. Volteó para mirar hacia el lado y hacia atrás, pero no había nadie; sin embargo, presintió que había algo familiar en este acto. Se encaminó con decisión, tratando de acercarse al Velo de la Virgen. ∞¿La virgen, como aquella que una vez amada profundamente ya no es más tuya, y por eso simplemente y para siempre virgen?∞ ¿Era posible que Farra-aj y Chien-Tzu se hubiesen salvado de la masacre de Lamayuru?... ¿Acaso no había visto entonces, huyendo del monasterio en llamas, dos figuras semejantes a las que ahora había avizorado junto a la cascada? ¿No tendrían algo en común (si no incluso los mismos), con aquellos dos terroríficos seres sin rostro que lo habían llamado un día por su nombre?... ¿No había innumerables misterios fragmentados, inconexos, ocasionales, dormidos, que ahora parecían desencadenarse o concentrarse en cascada sobre un presente unificado y sintético? El cerebro incluso, como un hondo archivo oscuro a la conciencia “despierta”, había registrado, organizado y catalizado durante todo este largo y añoso tiempo, primero recuerdos, luego existencia paralela o simultánea a esta física y natural, encauzándola y dirigiéndola un amo interno casi desconocido a esta conciencia incrédula y sensorial (y señor del cerebro). Se encaminó con decisión hacia el lecho de la cascada, bordeándolo, para buscar ese sendero místico que llevara hacia el interior de ella. En su propio interior una voz como de mujer amada lo llamaba a encontrarse con ella y consigo mismo en todo lo que adviniese ante él. ∞¡Siempre hay un algo que te llama más allá y por detrás de todo lo obvio, inmediato y coherente, exigiéndote un esfuerzo por encima de lo que consideras tus capacidades y fuerzas!

Indagando entre las inmensas nalcas y helechos gigantes descubrió al fin lo que parecía un sendero negro y resbaloso que iba aproximándose a la gran cascada. Nada extraño le resultó que el bramido de las aguas turbulentas, al golpear en el fondo del lecho rocoso, velasen un himno poderoso y grave que se multiplicaba como voces de seres humanos y no humanos, a medida que se alejaban en movimiento ondulante hacia todas las direcciones del Universo. Una emoción densa y poderosa respondió en Akarghi a esa misteriosa presencia como de un Universo que iba y regresaba. Sintió que su cuerpo parecía flotar o atravesar la sustancia misma de la materialidad. Y aunque todo ello fuese nada más que una ilusión de su mente sensible y fantasiosa, el Camino de la Verdad estaba allí mismo, indubitable, certero, como puede serlo la certeza de que al menos la ilusión es precisamente ilusión y no otra cosa… “Saddinavi… Saddinavi… Saddinavi…”, repetía el eco de las voces por todas partes. Sea lo que fuese que buscase, “Saddinavi… Saddinavi… Saddinavi…”, repetía el eco de las voces por todas partes. ∞¿Hasta dónde puede ennoblecerse y vibrar en luz el instinto animal, el sexo raíz, cuando el espíritu expansivo y trascendental se abre al mundo sin violentarlo ni imponerle su aristocrática superioridad?

Finalmente un corto caminito de sólo algunos metros lo dejó tan cerca del rugido ensordecedor de la cascada y de la tromba de agua que parecía querer arrastrarlo también a él hacia el fondo. Contempló hacia abajo el asombroso abra verde y azul que recogía el poderoso efecto del agua desbocada y en remolinos, y por un momento sintió ese llamado ancestral a saltar hacia el poder fundacional e inconmensurable del abismo. “Saddinavi… Saddinavi… Saddinavi…”, repetía el eco de las voces también allá en el fondo del abismo original. Sin embargo, el hilo dorado lo tiró desde el centro de su frente y, sin tocarlo siquiera, lo empujó hacia adelante, hacia el final mismo del senderillo que acababa abruptamente en el muro de roca bañado de agua y musgo. No había huellas en el suelo, no había camino, no había nada que no pareciese sino el final abrupto y sin sentido de un error. Posó sus manos sobre el muro de roca y las deslizó hacia los lados, en cruz, acariciándolo, mientras el agua le corría en hilillos por la cara y empapaba todo su cuerpo.




140


¿Dónde estoy?... ¿Estoy?... Esta pregunta para Akarghi ya no era una pregunta espacial ni temporal –como acostumbra ser para nosotros--. Era, si puede decirse así, una pregunta de conciencia. ¿Seis horas en el Camino de la Verdad?... ¿O simplemente en alguna otra dimensión de realidad que se asemeja al Camino de la Verdad? De ser así, se explica que no exista un escrúpulo ni necesidad suficiente de desmentir nada, de precisar nada; y entonces seguimos adelante por el camino, dentro de la alegoría, asumiendo el ensueño como si fuese no-ensueño, viviendo en metáfora, asumiendo una vida y una verdad que se parecen a la vida y a la verdad, pero sólo para no quedarse entrampado y paralizado en la otra cosa que sólo se parece, a su vez, a la mentira y a la muerte… ∞¿Dónde estoy?... ¿Estoy?... ¿Acaso hay uno solo que pueda hacerse esta pregunta sin descubrirse en medio de un camino, del cual no recuerda más que unos pocos pasos por detrás, y no se vislumbran más que dos o tres por delante?∞ 

Akarghi podía ahora recordar no sólo los treinta significativos años que ha compartido con nosotros, sino los trecientos mil millones de años que había existido antes de esta vida. Sin embargo, por delante no encontraba más que un muro de roca impenetrable, sin ninguna memoria de lo que debía advenir. Sabía que ya era imposible para él que el Camino de la Verdad acabase allí como un error ante la nada o lo infranqueable. Pero sabía también allí que había llegado la hora de enfrentarse a lo imposible. Nada más sabía. Nada más necesitaba saber.

Entonces le aconteció a Akarghi aquello descomunal y maravilloso que sucede en el instante mismo de la muerte; aquello que había anticipado –premonición tanto como recuerdo-- una y otra vez en los hitos trascendentales de su vida ∞el motivo por el cual uno realmente está aquí, vivo∞, pero que con tanta frecuencia se diluía entre la experiencia de la realidad sin más. Era la muerte que ya sin la máscara del horror a la pérdida de lo inmediato vivo, se colmaba, más que todo lo concebible, de muerte más viva que toda vida… Era la muerte que accedía súbitamente cuando el cuerpo se anula y se libera de su propia y limitada condición biológica viva para dar lugar a un último esfuerzo instantáneo (que le cuesta la vida) por actualizar en su miserable insignificancia orgánica (superada) la experiencia de la REALIDAD-EN-SU-YO-TRASCENDENTAL. Era la precisa muerte que acontece sólo cuando una sobrenatural realidad accede a ésta y, con su infinitud incompatible, la anula y extingue sin propósito de destruirla. ∞No era por tanto la muerte de los innumerables humanos que mueren, y sólo después de abandonar el cuerpo muerto experimentan la trascendencia del cuerpo.∞ Era la convergencia de todas aquellas misteriosas apariciones inacabadas en lo cotidiano, invisibilizadas en la ley natural, como cabos sueltos que se adjudican al sinsentido del azar, pero que acaban colapsando unificadamente en la muerte (de la ignorancia), en la muerte de la vida (que las bloquea por su condición natural).

De este lado es pura experiencia de soledad –que nadie mienta lo contrario—morir… Soledad, para reencontrarse consigo mismo. Morir a solas con uno mismo, eso es el morir. Akarghi se había quedado solo, una vez más solo, consigo mismo. Esto era al fin plenitud de vida y de muerte. ∞¡Mi Akarghi!∞ Cuando se cierran los párpados por última vez ya no hay seres amados junto a uno –que nadie mienta lo contrario—… Akarghi escuchó claramente, como sólo puede escucharse en un ensueño, que unos pasos se acercaban a él. Unos pasos que él conocía bien. ¿O eran manos que lo buscaban para alcanzarlo donde fuera que estuviese?... ¿Dos, cuatro, pasos, manos, pensamientos? Pero no eran, entonces, ni manos ni pasos de espíritus, ni experiencia de un moribundo. Estaba todo ahí, de una extraña manera que no impedía que todo lo que adviniese cupiese maravillosamente ahí, como una especie de punto infinito. Sus pies ya no tocaban el suelo. Su cabeza parecía invertida. ¿Flotaba?... Y a lo lejos una campana, como campana de bronce, repicaba sin cesar, lentamente, con esa tristeza que sólo una campana de un Templo Rojo puede sentir. Entonces Akarghi tuvo la repentina y sobrecogedora experiencia de enterarse de que Akarghi no era Akarghi, un yo vivo que existía por sí mismo, sino que era el momentáneo incierto engendro de una mente que pugnaba por darse vida en él. ∞¿Un dios?∞ Un dios que, en la medida que Akarghi se reconocía y descubría paradojalmente una mera creatura, ficción y sombra de otro ser (un dios), se hacía más real y ente al mismo tiempo en Akarghi… ¡Yo!.. ¡Yo, gritando Akarghi en él con fuerza, y yo, gritando ¡yo! en Akarghi, ambos uno solo! Como nunca antes en su vida Akarghi alzó la voz con un grito terrible, por sobre la desesperación y el sufrimiento de todo grito, explotó en un grito de amor… ¡¡¡SADDINAVI!!!... 

¡Era ELLA el dios escondido en todas las cosas!... Tal vez por esto su voz no se agotó como se agota la voz humana, sino que rodaba y rodaba por todas partes, cual si se hubiese hecho conciencia libre y buscase como un niño huérfano en cada cosa su maternal presencia. Pero no encima, no en la superficie ni en la forma, no en la sensación ni en el espejo de la mente, sino en su profundo interior. Y avanzó incluso más allá, en los tiempos pasados, posibles y venideros, y en los otros mundos, buscando como sólo el alma humana puede buscar amor… ¡¡¡SADDINAVIIIIIIIIIIIIIIII!!!... Buscando en todas las cosas aquello que se encontraba, sin embargo, ausente en todas las cosas, y que sólo el amor podía identificar como ausente…

Entonces vi a Akarghi tan cerca, tan cerca de mí que, aunque sabía que entre él y yo existía un abismo imposible de salvar, extendí mi brazo y estiré mi mano a través del abismo negro e insondable de la nada, y, desde el otro lado, Akarghi vio surgir a través de la impenetrable roca negra y húmeda, junto a la cascada del Velo de la Virgen, una mano que apuntándolo lo buscaba… ¡¡¡SADDINAVIIIIIIIIIIIIIIII!!!... Gritó, expirando su último aliento, y se abrazó a mi mano.


FIN





[1] Sánscrito: “Tres Ojos, te adoramos, fragante acrecentador del bienestar; igual que el calabacín de su atadura [el tallo], de la muerte libéranos, nos conceda la inmortalidad.”

miércoles, 20 de septiembre de 2017

EL PROFETA ME DIJO




El Profeta me dijo que escribiera:

1.    El ser humano no puede acceder a la Verdad sino a través de alegorías, símbolos y metáforas, que revelan y al mismo tiempo encubren y distorsionan la Verdad.

2.    Vendrán pronto días horribles, como no los ha habido desde la fundación del planeta. Una implosión hacia el interior del mundo desde muchas fuentes de destrucción. La peor de todas ellas será el genocidio bélico y nuclear, y, como consecuencia, la contaminación radioactiva y la hambruna del planeta. Sin embargo, para cada humano que muera, la peor manera de morir será la suya.

3.    Ya la nombraron La Ira de Dios[1], pero no es obra de la ira de Dios, sino de la locura humana. 

4.    El Universo también arrojará destrucción sobre el mundo, porque el ser humano no cumplió con la responsabilidad que se le otorgó sobre la propia Humanidad y sobre este maravilloso planeta. Una y otra vez frente a cada decisión y conflicto resolvió de forma miserable y mezquina. El hombre ingenuo pensará que Dios lo ha abandonado y que su furor es lo que lo destruye a él y al mundo entero. El hombre necio pensará que son cosas del azar.

5.    Las Fuerzas de la Destrucción superaron por completo la inteligencia humana (ciencia, razón, etc.), que no alcanzó a comprender qué son en realidad, ni cómo actúan. Las Fuerzas de la Destrucción –algunos las llamaron Demonio-- fueron alimentadas y atraídas por diferentes planos de conciencia individual y colectiva  durante miles de años, hasta que finalmente explotó con un poder concentrado y de mil maneras.

6.    Hubo innumerables hombres y mujeres benignos que hicieron grandes cosas por la Humanidad; que intentaron detener la ignorancia, la locura humana y el final, pero ahora contemplan desde afuera la Obra del Hombre con sus almas transidas de dolor, incapaces de más. Se acabaron los hombres santos e iluminados para liderar a la Humanidad. Se agotó el tiempo.

7.    No existe Dios, no existen dioses ni demonios, sólo han sido conceptos útiles o se han concretado a través de la historia humana como representaciones, manifestaciones y proyecciones (religiones, milagros y creencias) de otros planos de realidad aún inviables para el primitivo y limitado ser humano.

8.    Existen Seres y Entidades extraterrestres e interdimensionales que protegen y colaboran actualmente con la Humanidad, pero también hay otros Seres extraterrestres que menosprecian al ser humano y lo tratan conforme a esa valoración. Su moral evolutiva sólo es consecuente con su propia historia evolutiva cósmica.

9.    Estos Seres que desprecian al ser humano por su primitivismo evolutivo y su comportamiento concordante son altamente peligrosos para la Humanidad, pues utilizan poderosísimos medios que pueden confundir y trastornar completamente al ser humano. Ellos no son malos, pero el efecto para nosotros es malo.

10. Los Seres Benignos, asociados a experiencias con Seres de luz y de amor, se conectan sutilmente en diferentes planos con los seres humanos, especialmente con los humanos que están más evolucionados. No hay que buscarlos en el cielo, sino en el corazón y en las profundidades de la conciencia y de la mente.

11. Nunca hay que tomar las revelaciones de los Seres Benignos al pie de la letra, porque somos imperfectos receptores para la Verdad y la realidad, y siempre deformamos de alguna manera Su mensaje y contenido. Esta misma Profecía debe ser filtrada por la conciencia superior de cada persona. Es más, los Seres Benignos no deben mostrarnos toda la Verdad, porque no estamos debidamente ajustados para ella.

12.  La próxima destrucción del planeta por causas humanas desatará al mismo tiempo una guerra cósmica entre Seres y Entidades extraterrestres, en la que la Tierra se verá involucrada.

13. En los registros míticos y religiosos de antiguas civilizaciones se acredita que ya han habido varias guerras cósmicas (entre dioses) por causa de la Tierra. 

14.  Hay grupos humanos asociados al poder político, militar y económico que han establecido contacto y alianzas con Seres extraterrestres, cuya verdadera intención es utilizarnos para sus propios fines. Estos grupos humanos creen que obtendrán beneficios para sí mismos y el remanente de la Humanidad, pero se engañan por completo.

15.  Estos grupos de poder han sido advertidos de lo que les advendrá, lo mismo que al planeta Tierra, pero ya son incapaces de echar pie atrás. Sólo tienen lo que poseen. No son capaces de renunciar a lo que poseen y a lo que son.

16. Morir no es malo si se entiende que es un tránsito hacia una nueva oportunidad de continuar la evolución personal y de la especie. Morir también es malo, porque corta abruptamente un curso evolutivo de vida. Por lo mismo, es peor morir al año de vida que a los cien. 

17. No hay nada más terrible y perjudicial para el ser humano que el daño y la destrucción de los seres amados, y de lo que uno verdaderamente ama.

18. Los Seres Malignos para el ser humano saben que perderán la guerra planetaria, pero la llevarán igualmente a cabo, porque de igual manera obtendrán beneficios de ella.

19. Los Seres y Entidades Benignos sanarán las profundas heridas de este mundo y establecerán un nuevo y superior Plan Evolutivo para la Humanidad. Se realizarán los debidos ajustes energéticos y genéticos en la especie humana, lo mismo que en los planos sutiles planetarios.

20. Esta Profecía ha sido entregada para conocimiento, procesamiento y juicio interno de cada persona, no para cambiar creencias, pensamientos ni hechos.


[1] Sofonías: “14. Se acerca el gran día de Yahvé, viene presuroso; el estruendo del día de Yahvé es horrible, hasta los fuertes dan gritos amargos. 15. Día de ira es aquél, día de angustia y de congoja, día de ruina y de asolamiento, día de tinieblas y oscuridad, día de sombras y densos nublados, 16. día de trompeta y alarma en las ciudades fuertes y en las altas torres. 17. Aterraré a los hombres, que andarán como ciegos; por haber pecado contra Yahvé, su sangre será derramada como se derrama el polvo, y tirados sus cadáveres como estiércol. 18. Ni su oro ni su plata podrán librarlos en el día de la ira de Yahvé, pues toda la tierra será consumida en el fuego de su furor, pues consumará la ruina, la pérdida repentina de todos los moradores de la tierra.”