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viernes, 3 de noviembre de 2017

OTRA VEZ SÍSIFO



Mijaíl González T. vivía en un sucucho de dos por tres, en el piso 27 de la exclusiva torre que se sumergía bajo tierra hasta las inmediaciones de los lagos sulfurosos del territorio de los afamados Hiperbóreos. Después de otra noche intranquila, Mijaíl estiraba sus brazos, contemplando por su ventana de níquel la codiciada y costosa vista panorámica hacia el Infierno. Sólo por esta vista espectacular, exclusiva y lujuriosa había hipotecado el resto de su vida, y accedido a las penosas condiciones habitacionales en que se encontraba.

Y es que, a ciencia cierta, su sueldo no le alcanzaba para vivir. A veces, no muy seguido, maldecía su suerte, pues veía cómo sus vecinos, sus compañeros de trabajo, y hasta los militares, los futbolistas y las bellas y sensuales mujeres prosperaban y podían, desde ese momento, acceder a un crédito fiscal aún más oneroso, y mudarse a una mansión full equip en las más exquisitas zonas tropicales del Infierno mismo.

Sin embargo, pronto recapacitaba al reconocer que su suerte no era producto meramente del azar, sino la decisión honesta y libre que él mismo había realizado en alguna época inmemorial para sostener este extraordinario y fatal propósito. Más aún, cuando por las tardes y hasta bien entrada la noche, encerrado bajo llave en su cuchitril, empinaba el codo hasta alcanzar el vómito, se volvía más reflexivo y sensato… Entonces sí era capaz de volver a renunciar –hasta con una luminosa sonrisa-- a la esposa que jamás podría mantener (ni menos por cierto a sus hijos); a su irrenunciable derecho a voto; o a poder comer algo diferente los últimos tres días de cada mes, cuando ya no le quedaba ni un céntimo debajo del zapato, que no fuese un kilo de cucarachas, un largo sorbo de mocos, y quedarse dormido recién hacia el amanecer arrullado por el sonido de sus pedos y sus tripas.

Cualquiera podría sostener ahora que Mijaíl no era un hombre feliz, pero en realidad sí lo era… ¿Acaso un ser humano podría sostener tamaña tortura de vida y una esclavitud sin regreso si no fuese igual y al mismo tiempo inmensamente feliz? Y es que Mijaíl, además de ser un hombre instruido, con una educación privilegiada y un alto concepto de sí mismo, era un hombre de fe, una fe debidamente beata y un poco obtusa, pero templada por una pragmática ambición y una sobresaliente capacidad de emprendimiento. Tal vez por esta razón no apreciaba los gestos grandilocuentes de la fe eclesiástica, los ritos neuróticos y repetitivos, los sacrificios como moneda de cambio, ni la oración bíblica que ahoga el ruido de la catarata que se cae por detrás de la conciencia... Simplemente Mijaíl creía que un alguien paterno, indeterminado y desbordante de amor sostenía todo lo que él experimentaba, contra toda evidencia y sentido común. Eso era todo --y suficiente fe-- para mover esta montaña de un lado para otro, aunque más a menudo la cargaba sobre sus propios hombros… ¡Pero feliz!

Últimamente había descubierto, en una de estas noches honestamente interminables, que su responsabilidad estaba por encima de todo, y que su destino fatídico, además de sus horripilantes condiciones de sacrificio vital, eran sólo y exclusivamente su responsabilidad, o, dicho con el mayor de los sigilos y humildad, su culpa. Por lo tanto, la única opción de renuncia o evitación a su culpa era el suicidio, o bien, dicho de una manera racional, pagarlo con su vida. Ergo, tenía que seguir viviendo.

Mijaíl encendió un cigarrillo, alcanzó a sorber profundamente una bocanada de nicotina y humo, pero algún torvo pensamiento se le atravesó de sien a sien, y, atorándose, tosió, arrojando volcánicamente el humo por su boca abierta, junto con una aspersión de saliva. El vidrio de la ventana se ensució con su negro escupitajo, formando una curiosa figura de corazón. Como movido por un resorte interno, se arrojó angustiado sobre el vidrio y comenzó a frotarlo con la manga de su camisa para borrarlo. Se había acordado repentinamente de la hora, si bien el acoso de un tropel de asociaciones de la más variada índole lo había desbordado. Por ello tosió.

Se terminó de vestir de prisa. Orinó, mientras tomaba una taza de café y se observaba de reojo en el pequeño espejo de marco rojo que colgaba del muro. Se pasó la mano por la frente levantando los mechones oscuros que habían caído enredados hasta sus cejas durante el sueño. Apagó la aplicación de su celular que ronroneaba y maullaba como un gato para sentirse amigablemente acompañado. Volvió a acercarse a la ventana que daba hacia el Infierno (la única ventana de la habitación), observó de cerca y cuidadosamente su pulido cristal, arrojó un vaho de aliento y volvió a restregar el puño de su blanca camisa para eliminar el último vestigio de escupo y corazón. Antes de salir lanzó una breve y ansiosa mirada más allá del cuadro niquelado de su ventana, a la distancia, sobre la inmensidad reluciente y tortuosa que borboteaba azufre entre los más bellos chillidos de una humanidad infernal y amada. Cogió el pequeño maletín de su laptop, lo dejó pendular sobre su hombro izquierdo, destrabó meticulosamente el seguro de la puerta, la única puerta de su habitación, y la abrió. ¿Acaso hoy es un día diferente, diferente de todos los otros días en que repito lo mismo que repito hoy?... Se preguntó al recibir la bocanada de aire contaminado del exterior. Cerró con premura la puerta por detrás de sí, para quedarse meditativo contemplando su alrededor. La gente, las personas reconocidas a diario pasaban junto a él, al lado de él, sin prestarle atención. Se movían en tropel hacia los ascensores. Bajaban y subían por las escaleras desde los diferentes niveles de la torre, buscando llegar rápidamente ante las puertas colosales de los montacargas, y allí se quedaban detenidos, inmóviles, con sus rostros cosméticos, relucientes y afeitados, esperando justo sólo un minuto, con expresión gris y robótica.

Mijaíl los miró con cierta melancolía y tristeza cuando comenzaban a entrar por decenas al ascensor. Una lágrima afloró por la comisura de su ojo derecho. En un acto reflejo se metió las manos a los bolsillos, para palpar una vez más que se encontraban vacíos. Ellos, en cambio, sí poseían las monedas mágicas que les permitían gozar del beneficio de ese transporte. Mijaíl ya había sido detenido varias veces por intentar burlar el costo y acceder al ascensor con permisos falsos para transportarse a su labor. Por esta razón se encontraba bajo apercibimiento de arresto. No estaba dispuesto a perder el privilegio alcanzado de disfrutar la sublime vista del Infierno que contemplaba desde su única ventana. Por ello, inclinó la cabeza hasta casi tocar con su barbilla el pecho y comenzó a subir sombríamente la escala de servicio.

Ya había perdido la cuenta de tantas cosas. Había perdido la cuenta, por ejemplo, de cuántos días y cuántos años había intentado lo mismo: subir por estas escalas para tratar de llegar a su lugar de trabajo. Había perdido la cuenta de cuántas personas habían pasado por su lado, siempre veloces y concentradas, al punto de que nadie jamás le había respondido ni dirigido la palabra, e incluso nadie jamás le había deslizado la más casual de las miradas.

Otra vez la congoja lo doblegó después de los primeros quince minutos. Se detuvo para respirar y se sentó sobre un escalón, bien pegado a la pared. Cuántas veces se había preguntado lo mismo... ¿Por qué si vivo en el piso subterráneo menos veintisiete, no logro llegar jamás al primero, así sea que ande por estas escalas un día entero?... Pues bien, la respuesta no existía, o al menos nadie le ayudaba a respondérsela.  También, por cierto, muchas otras incógnitas de toda lógica y naturalidad. Sin embargo, su fe profunda y sincera lo animaba con la respuesta cálida de un Padre Celestial que nunca dejaba de esperarlo y de alentarlo allá en el fondo del más recóndito Infierno. Valía la pena por ello realizar el esfuerzo diario de subir y subir, y luego bajar y bajar, sin llegar jamás a ninguna parte.

Así divagaba cuando su vista difusa se posó sobre una extraña criatura que asomaba en el quiebre del peldaño junto a la pared, justo al lado de su pie derecho. Nunca había visto algo así. Se inclinó para mirarla más de cerca. Primero pensó que se trataba de una excrecencia verde del estuco, pero al observarla con atención reconoció que se trataba de un diminuto vegetal; con mayor precisión, un trifolium repens, pero con la particularidad de que poseía cinco minúsculas hojas, en lugar de tres. Cuando niño había leído sobre estos extraños y misteriosos seres, en uno de sus libros de láminas y fantasías. Recordaba que la historia refería sobre el infortunio de un chico extremadamente pobre, abandonado, huérfano y hambriento, el cual, mientras recorría el bosque del Mal Eterno en busca de alguna col intacta, había encontrado una pequeña flor blanca de trébol, y en su delgado tallo, un ramito de cuatro pétalos. El rey enfermo, ya moribundo de desesperanza, había ofrecido una fortuna al que le llevase un trébol de cuatro hojas, pero hasta entonces, después de siete años, nadie lo había hallado. Una vieja hechicera le había vaticinado que en tanto poseyera un trébol de cuatro hojas la muerte nunca lo alcanzaría.

Mijaíl acercó su índice y su pulgar al tallo de la plantita; lo cogió con delicadeza y lo arrancó de su lugar. Lo llevó delante de sus ojos, muy cerca; a continuación, comenzó a subir sigilosamente la escala, sin quitarle la vista al pequeño vegetal… ¡Cinco hojas… cinco hojas…! Repetía con una sonrisa de incredulidad y satisfacción. ¡Cuánta suerte tengo!... De pronto volvió a recordar que lo aguardaban en su lugar de trabajo, puntualmente a las 8:00. Miró en su celular, una de cuyas irrelevantes funciones consistía en enseñarle la hora. Faltaban quince minutos para las 8. Miró hacia lo alto de la escalera, como midiendo la distancia que aún debía recorrer; lanzó un sentido suspiro y, al volver la vista hacia su mano, se encontró con el pequeño cuerpecito vegetal extendido sobre la palma de su mano.

Lo vio allí tirado y lánguido sobre su palma lívida, como si ésta fuese el sudario que, al cerrarse cual la tapa de un ataúd en un puño sobre la flor, sepultaría el cadáver de aquella inocente vida que para siempre no sería ya más vida.


Mijaíl se detuvo, se dejó caer pesadamente sobre la escala y, mientras contemplaba el trébol martirizado por él mismo, comenzó a llorar desconsoladamente, derramando lágrima tras lágrima tras lágrima sobre su mano extendida.

viernes, 27 de octubre de 2017

CATALUÑA LA GRANDE



Cataluña ha abierto hoy una herida tan, tan profunda en España, que su hondura alcanza incluso la integridad completa del mundo contemporáneo. Y es que esta puñalada, o este lanzazo a la romana sobre el costado del Cristo Humanidad, era un despropósito que el cuerpo del Cristo Humanidad necesitaba para acabar de morir en su propia cruz.

Cataluña no ha hecho más que develar públicamente la miseria y el cáncer terminal al que ha llegado el republicanismo y el sistema democrático contemporáneo. Al fin tendremos que enfrentar con nuestras grandezas y perversiones la decadencia de nuestros supuestos y maneras de vivir política y socialmente. Al fin tendremos que enfrentar la momificación y el abandono irracional de las ancestrales ideologías críticas, de los mapas cósmicos, y de la filosofía conciente de los acuerdos y entendimientos fundacionales del ser humano, reemplazados por este obsoleto democratismo.[1]

El mundo entero se había estado drogando y embruteciendo hasta hoy, después de la segunda guerra mundial, con el credo de la Economía como el regente de los principios de la sana y productiva convivencia humana. La Economía se había apoderado de la inteligencia humana colectiva, instalando su gobierno, su poder ejecutivo y legislativo por encima del gobierno de las naciones y de las comunidades humanas; es decir, su absolutista “democrática verdad”. Los gobiernos nacionales, republicanos, han llegado a ser solamente esbirros de los agentes económicos dictatoriales. Nadie probablemente lo anticipa hoy, pero Cataluña ha iniciado el efecto mariposa que culminará, a la larga, con la caída de la concepción capitalista de la realidad humana, y, por ende, con su sistema de vida materialista, capitalizado y globalizado. Ni siquiera la misma Cataluña es plenamente autoconciente, ni prevé la dimensión de lo que arrastra consigo. Ya se verá.

Cataluña ha removido el eje mismo de la Tierra. Poco importa si Siria, o Afganistán, o Irak, o las Coreas son arrasadas por el terrorismo democrático de las complicidades mundiales. Pero ¡Cataluña NO!... Cataluña, en cambio, es una arteria ventricular del corazón del poder mundial. La sangre y la vida martirizada de un solo catalán, vale más que la vida de 19 millones de sirios. La vida destrozada de un catalán es más destructiva que todos los misiles nucleares e intercontinentales de Kim Jong-un.

Cataluña ha obligado al mundo a desempolvar sus ubicuos, ancestrales y propios artículos 155. Cataluña ha obligado al mundo a desnudarse, al recibir la masiva negación a la independencia de una comunidad humana que ha realizado un acto libre, dinámico y necesario para la defensa de la verdadera Constitución, no de España, no de la Democracia siquiera, sino de la simple e irrenunciable dignidad humana y planetaria a decidir la forma de vivir y habitar en el mundo.

La autodeterminación de los pueblos, de las comunidades humanas, a gobernarse sin condiciones ni sometimientos a poder político, económico, religioso o social alguno, sino sólo por medio de acuerdos (UN NUEVO CONTRATO SOCIAL), deberá sobreponerse como principio rector de toda convivencia de una nueva Humanidad, o de lo contrario, acabaremos aniquilándonos con estos hipócritas y perversos sistemas democráticos del siglo XXI.

¡Sangra en adelante, Cataluña, a causa de la violencia brutal que, de diferentes maneras, es lo único que sostiene la pretendida justicia y racionalidad de los sistemas actuales de gobierno humano!...




[1] Ver, por ejemplo: http://www.emol.com/noticias/Internacional/2017/10/27/881004/Latinobarometro-2017-Estudio-concluye-que-el-apoyo-a-la-democracia-esta-en-declive-en-toda-America-Latina.html

martes, 17 de octubre de 2017

EL NUEVO CAMINO HACIA LA VERDAD



LOS PROTECTORES DE LA HUMANIDAD ME HAN SOLICITADO QUE ESCRIBA:

A nuestros PROTECTORES no les interesa que alcancemos conocimientos válidos para toda la Humanidad, o saberes unánimes ni consensuados para todos. La mentira, la impostura, el error, la imperfección de nuestras capacidades cognitivas como especie producen un efecto aniquilador de toda posibilidad de producir conocimiento evidente e irrefutable colectivamente.

Finalmente, en esta época hemos producido un estado mundial de cosas tan amplio y complejo en relación con el conocimiento y la ilusión y el engaño (por ejemplo, con ayuda de la tecnología, o simplemente con la voluntad de engañar sin ningún resguardo ético ni moral), que ya no existe ningún medio para validar ninguna verdad, sin que sea al mismo tiempo un eventual fraude. Nada ni nadie se escapa a este efecto de indistinción entre verdad y falsedad; a la inexistencia de condiciones indubitables de certeza para todos. Cualquiera puede descalificar de diferentes maneras cualquier verdad. Cualquiera puede justificar de diferentes maneras cualquier error o falsedad. Lo que antes podía ser transmitido como verdad (aunque contuviese más o menos verdad, pero con un contenido siempre modificable a través de un procedimiento históricamente constructivo) a través de la religión, de la ciencia, del Estado, de la opinión pública, de los sabios y académicos, o simplemente de la evidencia de los sentidos y de los argumentos de la razón, ya no posee ni puede producir verdades irrefutables, y ni siquiera consensuables. Incluso nuestras mayores verdades espirituales atesoradas por miles de años ya no resisten su propia imperfección. Necesitan evolucionar ante las nuevas manifestaciones de realidad, pero ya no pueden hacerlo colectivamente, compartidamente. Ya no pueden surgir tampoco revelaciones, mensajes ni religiones nuevas, profunda y ampliamente compartidas.

En este sentido, ya no hay vuelta atrás, hacia una revalidación de criterios y métodos de conocimiento colectivamente verdaderos. Se acabó para la Humanidad la verdad de todos, y la posibilidad de llegar a producir verdades para todos.

Por ello, de aquí en adelante nuestros PROTECTORES sólo esperan que cada uno de nosotros haga un proceso personal de interiorización lo más honesta y ampliamente posible de lo que en conciencia consideremos VERDAD y VERDADERO, aunque nos podamos equivocar, incluso mucho. Nuestros PROTECTORES esperan que iniciemos un proceso interno de validación de la VERDAD, sin importarnos lo que los demás quieran imponernos o proponernos como criterio de VERDAD. ELLOS están dirigiendo al interior de nuestras mentes canalizaciones energéticas sutiles que pueden facilitar en nosotros este proceso generador de VERDAD. Para muchas personas no será fácil ni muchas veces aparente o concretamente productivo este proceso o práctica, pero es inevitable y necesario para EVOLUCIONAR como personas individuales, y también como especie. No existe ninguna otra forma. Las consecuencia colectivas y sociales de este proceso de personalización de la VERDAD no se harán evidentes en un futuro próximo. Sólo se entenderán en parte a la luz de los inminentes hechos catastróficos que asolarán a la Humanidad y al planeta Tierra.


Aquí estamos para ayudar a nuestros hermanos que así lo decidan hacia esta experiencia interna de la VERDAD.

sábado, 14 de octubre de 2017

EL PROFETA ME DIJO (III° PARTE)



1.    No existe ninguna verdad, ningún conocimiento, ninguna revelación, ninguna evidencia –desde la más insignificante hasta la más irrefutable-- que no sea en alguna medida error, desconocimiento, ilusión y engaño.

2.    El ser humano no está facultado para acceder a la REALIDAD tal cual ella es. Sólo es capaz de algunos atisbos borrosos de realidad. Lo que ve, cree que es como lo ve. Lo que escucha cree que suena. Lo que toca cree que es como lo toca. Lo que siente cree que es real. Vive bien adentro de esta realidad meramente virtual.

3.    El ser humano necesita producir verdades y conocimientos para ir descubriendo dolorosa y paulatinamente que no son verdades ni conocimientos, sino prótesis para ayudarlo a rehabilitarse de su invalidez de realidad. No hay otra manera de hacerlo.

4.    Me entristece que el ser humano deba despertar de su clausurada irrealidad por medio del sufrimiento. Es violento despertar con un golpe, pero se despierta. Es violento despertar muriendo, pero se acaba despertando.

5.   En otro tiempo nos consolamos creyendo en el amor de un Padre y de una Madre divinos. Ya la mayoría comprendemos que no fue suficiente consuelo atribuir tanto amor a un Dios personal que, demasiado lejano, nos deja hundirnos en el sufrimiento y en la precariedad. Ya la mayoría sospechamos e intuimos que existen presencias Superiores mucho más complejas y presentes que nuestro anticuado concepto de Dios.

6. Todavía necesitamos ser amados por un Ser superior. Sin embargo, nos aterraría descubrir que su Amor se parece poco a nuestro amor humano.

7.  Los seres humanos necesitan darse ánimo unos a otros, decirse palabras esperanzadoras, ver las cosas por el lado positivo, sentirse poderosos en el bien, ayudarse entre sí, amarse unos a otros, ¡Y ESTÁ MUY BIEN!, pero eso no los hace realmente mejores.

8.    Es la transmutación y evolución de la CONCIENCIA lo único que hace profunda y trascendentalmente MEJOR a la persona humana. Volverse hacia el interior de sí mismo es la manera de encontrarse primero con la conciencia básica, la conciencia que te acompaña en todas tus acciones diarias, las buenas y las malas, en tus nobles e innobles gestos, pensamientos y creencias, pero que no llegan de ninguna manera a transfigurar tu conciencia en otra conciencia desarrollada.

9.    Sólo muy pocos podrían hoy asumir el sacrificio, la autodestrucción, la renuncia, la autonegación de transfigurar en un acto de voluntad su propia conciencia en corto tiempo. Es demasiado fácil perder el rumbo y enloquecer en el intento de transitar hacia el portal de la transfiguración de la mente, de la conciencia y de la realidad.

10.  La destrucción de la realidad te enfrentará inevitablemente a la encrucijada de dejarte destruir junto con la destrucción y la locura de la experiencia de un planeta que se deshace, o bien afianzarte en la conciencia superior que has configurado dentro de ti –si de verdad lo has logrado durante este tiempo de adviento--, como si se tratase de un efectivo refugio antinuclear.

11. Tal vez al comienzo te ayude Jesús, María, Jehová, Dios, Alá o Buda, pero si no has trascendido tu propia conciencia independiente de toda divinidad, entonces no podrás resistir la VERDAD. No hay ninguna divinidad más verdadera que tú mismo. ¡Conócete a ti mismo, porque el límite de la realidad será enfrentarte SOLO a ti mismo!

12. Ya no sigas buscando cubrir tu pobreza interior con el amor de Dios, ni con el amor de nadie ni de nada. Sólo cree en tu miserable alma despierta y honesta que necesita avanzar como un gusanillo desnudo, desde tu pobre miseria interior, hasta alcanzar penosa y jubilosamente a tu alado DIOS profundo, aunque en esto tardes otro millón de años.

13 No obtendrás nada con ofrecerle a Dios el amor que le has tenido a Él o a tu prójimo, ni tus acciones, ni tu fe, ni nada vivido, si no demuestras hasta dónde has transfigurado y espiritualizado tu CONCIENCIA, incluso más allá de tu amor.

14. Ningún humano ha traspasado aún el umbral de la CONCIENCIA, porque no estaba accesible a esta Era.


15.   ¡Ahí está! ¡Ha llegado!... ¡EL PORTAL DE LA CONCIENCIA!

viernes, 6 de octubre de 2017

HACIA EL MUNDO INTERIOR



  
¿Cómo lograr convencer, persuadir, mentalizar y transformar (aunque no sea más que en una pequeña medida) a los seres humanos (aunque no sea más que a unos pocos), de la conveniencia y sobre todo de la necesidad de volcarse a vivir hacia el interior de sí mismos, y dejar de vivir hacia la superficialidad de la mente propia, del cuerpo físico y del mundo exterior?... 

Ya los antiguos griegos admiraban la máxima délfica “¡Conócete a ti mismo!”, lo mismo que las más variadas culturas que han recogido desde siempre en su saber perenne esta misma BÁSICA VERDAD. Esta vía de autoconocimiento ha estado disponible desde tiempos inmemoriales para el ser humano… En otras palabras, la premisa sustantiva de todo conocimiento humano que sostiene que el Universo entero carece de realidad objetiva, que todo el conocimiento de la realidad externa es una mera ilusión si no se sostiene y no se impregna de la espiritualidad del mundo interior del ser humano. 

Es curioso, sin embargo, constatar históricamente que en la misma Grecia se gestó y desarrolló la visión y el movimiento opuesto que acabó absorbiendo paulatinamente hasta el mundo completo y globalizado de nuestros días: el racionalismo socrático y el empirismo aristotélico. Por un lado, el empirismo materialista que confía ante todo en la percepción sensorial y la actividad del cuerpo biológico se fortaleció y se desarrolló precisamente en la inmediatez, la urgencia y la obviedad de la corporalidad y su entorno. Por el contrario, demonizar y despreciar el cuerpo y su entorno físico y material ha sido probablemente uno de los errores ideológicos y de fe más graves a la hora de tratar de defender la trascendencia divina, la dignidad del ser humano, la espiritualidad y la profundidad de la realidad, como lo hizo por ejemplo el judeo-cristianismo, el islamismo, o el budismo. Sabemos ya, quienes hemos hecho un largo recorrido existencial, espiritual y multicultural, que no existe tal supuesta contradicción entre espíritu y materia, entre bien y mal, entre cuerpo y mente, entre divinidad y humanidad, entre vida y muerte, entre inmanencia y trascendencia, entre temporalidad y eternidad, entre sufrimiento y perfección, etc.

Por otro lado, el racionalismo pragmático, asociado a una creciente facultad lógica verbal y matemática se fortalecieron en la época moderna a partir del Renacimiento europeo, pues hicieron un poderoso matrimonio, una sociedad eficaz y complementaria con el empirismo materialista. Sus beneficios se evidenciaron en todos los ámbitos de la vida humana y en el desenvolvimiento del ser humano en su entorno físico. Es así como progresaron (y dieron progreso) los nuevos códigos sociales y legales de convivencia, las ciencias y las tecnología nacientes, la filosofía ordenadora y crítica de todos los saberes, el escepticismo y la duda hacia lo no racional y comprobable, la diversificación y justificación del conocimiento en innumerables áreas de la experiencia humana, las invenciones y descubrimientos, el aumento del bienestar vital, el acceso a la riqueza, a la educación y a innumerables bienes disponible cada vez a más personas, etc. Todos estos logros, beneficios, accesos, realizaciones, que gozamos hasta el día de hoy, habrían sido imposibles sin el amplio desarrollo y esfuerzo humano centrado en el fortalecimiento de la razón y del materialismo sensualista. La globalización y la unificación de todas las culturas y visiones de mundo actuales en torno a estos principios humanos sólo se explica porque satisfacen simplemente una necesidad básica e ineludible de TODOS los seres humanos, sin distinción ni exclusión. Como contraparte, sólo el fanatismo religioso, el dogmatismo ideológico, la credulidad ingenua, la falta de educación y de conocimiento, los intereses creados de algunos individuos y comunidades todavía se resisten y siguen negando la validez y el inmenso valor del materialismo y del racionalismo modernos.

Lamentablemente también estamos evidenciando que estos principios de la modernidad están alcanzando un techo y sus fronteras expansivas. El crecimiento histórico desmesurado así, sin su contraparte FUNDACIONAL espiritual, mental, moral, íntima, trascendental del ser humano y de la realidad misma se ha tensionado a un punto que ya no resiste más… La totalidad de la realidad humana, hasta el planeta mismo están a punto de explotar, porque nuestro desarrollo alcanzó el límite –aún no del todo evidente-- en que ya no se distingue ni se puede evitar comenzar a autodestruirse, a consumirse unos a otros, a agotarlo todo, a violentarlo todo.

Sin embargo, la mayoría de los seres humanos parece no darse cuenta de esto. Las razones también son comprensibles. Primero, el sistema de vida que hemos logrado, con todo este amplio espectro de bienestar y satisfacciones materiales y vitales, producen un efecto adormecedor, como de cuna o útero basal, y al que casi nadie quiere renunciar, o siquiera disminuir en parte, a no ser que la evidencia de un desastre, de un horror y un caos tan brutales e inmediatos  nos lo quite contra nuestra voluntad, porque ni siquiera  la conciencia de estar colectivamente destruyendo el mundo nos genera un impulso real para cambiar nuestra dañina forma de vida personal y colectiva. 

Segundo, el ser humano carece de un sentido de anticipación del futuro, por lo que es incapaz de ver lo que aún no ha ocurrido ante sus propios sentidos de percepción inmediata. Es decir, mientras no vea a su alrededor el colapso del planeta y de la civilización no hará nada significativo para evitarlo. Un ejemplo palmario de esto es el problema del calentamiento global y del cambo climático.

Tercero, existe una planificación concertada por grupos de poder que están realizando innumerables acciones tendientes a evitar que las personas modifiquen o puedan modificar, por ningún motivo, este estado de cosas en que estamos inmersos y soñando.

Cuarto, la vía hacia el mundo interno no es fácilmente accesible, y hasta aparentemente inexistente, a la conciencia de quienes no han hecho un arduo y largo trabajo previo de interiorización consigo mismos. Más aún, tampoco tenemos sentidos ni facultades naturales que nos permitan la exploración y la modificación de los estados y condiciones internas de la mente humana. La mayoría de la gente no sabe siquiera que existe su mundo interior. Cuando comienzan a explorar quienes por una u otra razón se interesan en la posibilidad de tener un universo mental e interno no conocido, rápidamente se pierden y desorientan porque no saben cómo se avanza en el autoconocimiento, porque no ven con claridad qué es lo que hay realmente dentro de sí, qué es ilusión, qué es lo que parece ser, cómo se progresa dentro de la ilusión, de las formas inciertas, de los potenciales aún no manifestados de sí mismo, e infinitas condiciones que se van presentando continuamente, o que se debieran intencionar, tratar y dirigir con una conciencia superior, la cual evidentemente no está previa ni simultáneamente actualizada ni accesible. En seguida, si se logra avanzar realmente en esta nueva y cabal visión y construcción de sí mismo en una línea aumentativa y progresiva, aparece la dura evidencia de que la integración de UN solo ajuste de mente y de conciencia, como por ejemplo, aumentar y mejorar un solo grado de conciencia moral irradiado hasta los profundos planos del inconciente, y al mismo tiempo integrado a todas las estructuras síquicas de la mente conciente, puede implicar no sólo el trabajo sostenido y particular a lo largo de una vida entera, sino incluso de varias vidas continuas, y hasta muchas, si son discontinuas en su progreso. –-Sé que esto requiere de mucha más profundización y explicación de las que aquí comparto y realizo, pero el lenguaje humano es lineal, por lo que volveré numerosas veces más sobre estos temas--

Podríamos, pues, continuar agregando y recargando incluso más allá de lo humano el penoso escenario y condición en que se encuentra la persona normal y natural para acceder a un trabajo interno, y, más aún, de buena calidad, porque muy lamentablemente considero que la mayoría de los trabajos internos que realizan hasta los más avezados, avanzados y decididos en este proceso de autorealización, incluso con reconocimiento público, social, religioso, y hasta espiritual, en realidad no son más que coqueteos y pequeñitos logros en relación con el trabajo de verdadero autoconocimieto y verdadera y gran trascendencia que aquí propongo y NECESITAMOS...

El tema no se agota, sino al contrario, mientras más lo analizamos, más se abre lo interconectado e ignorado. Sin embargo, esto no nos arredra, porque ya nos alienta el Espíritu Infinito... Volveremos, por lo tanto, en una próxima ocasión, una y otra vez, a abordar la dificilísima pregunta que nos hemos hecho al principio, para seguir avanzando en la iluminación de la conciencia.

jueves, 5 de octubre de 2017

LA ANTICIPACIÓN DEL FUTURO



Una de las facultades más pobres que he evidenciado en el ser humano en este estadio evolutivo, es decir, en términos históricos durante los últimos doce mil años, es la capacidad de anticipar los EVENTOS FUTUROS… Para los hechos presentes poseemos ante todo los sentidos de nuestra percepción sensorial: podemos ver, escuchar, tocar, etc., lo que se encuentra aquí y ahora. Para el pasado poseemos la memoria, que nos hace presente lo que ya no está aquí y ahora; pero para el futuro apenas poseemos la imaginación, la intuición y la fe –débiles, equívocas e inciertas facultades-- de representarnos lo que podría llegar a ocurrir, porque --dicho sea de paso-- cuando le asignamos la razón a la anticipación no alcanzamos sino a proponer probabilidades, especulaciones e hipótesis que, en la mayoría de los casos, resultan vergonzosamente irrealizadas… Es decir, el FUTURO es la dimensión temporal más incierta –todavía concebible dentro de nuestras limitadas capacidades-- para el conocimiento y la experiencia humana.

Yo he tenido, por gracia divina –digámoslo así para que se entienda fácil y simple--, la capacidad de ANTICIPAR el futuro un 0,00001 por ciento más que la gran mayoría de los seres humanos. Sin embargo, esta minúscula capacidad superior a la de mis congéneres me ha permitido experimentar la realidad de una forma casi inhumana desde el punto de vista del conocimiento y sus consecuencias para la experiencia de realidad…

Las personas, conciente o inconcientemente, se dan cuenta de esta propia y colectiva deficiencia, y reaccionan de diferentes maneras a su incapacidad. Unos buscan apoyarse en agoreros, religiosos y adivinos que aseguran que son capaces de predecir el futuro. Otros se apoyan en la cruda ciencia y en la razón para hacer todo tipo de inferencias lógicas y especulativas. Otros se desentienden del futuro, y viven enclaustrados en el mero presente y/o en el pasado. Otros se angustian y desesperan. Otros se vuelven escépticos ante el conocimiento de la realidad; o se plantean negativamente ante el futuro que no pueden llegar a conocer; o, al revés, se mentalizan de que todo acabará siendo positivo y mejor. Y así, de mucha otras maneras compensatorias o reactivas ante la propia o colectiva incapacidad de ANTICIPAR EL FUTURO…

Yo --vuelvo a repetir-- no poseo más que una minúscula capacidad adicional a la mayoría de los seres humanos. Sin embargo, una de las más importantes consecuencias de VER MÁS para adelante, resulta en la necesidad de ayudar a mis semejantes a VER MÁS HACIA ADELANTE, simplemente porque lo que preveo en nuestro futuro URGE que nos preparemos al menos y al máximo en el presente, ya que la Humanidad y los individuos no se prepararon para este FUTURO casi nada en el PASADO...