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miércoles, 31 de agosto de 2011

LIUUU

Liuuu..liliuuu…iluiiii…las uñas de los árboles picotean mis cristales…hay luz en la luna quebrada en siete partes…illl…illlllliiuuu…la ventana se sostiene en el marco azul del mundo…la luminaria del mundo en mi marco interior..fría luz sobre mi cama blanca..illlii..ii..el gallo azul canta la luna quiquiriquíííííí..nubes de peces dentro de mi ventana..gotas de pensamiento cercenan el techo de mi navío zozobrado..ojo de buey profundo me mece bajo las aguas..illiuluulu..uuu..ayer amaneció más tarde..para soltar una noche más larga..la luz desaparece lentamente en su médula..nos vamos volviendo ciegos de tanto mirar la luna..illiilliilliuuu..con mi catalejo puedo ver la silueta de una mujer sonriente que danza entre las brasas de la luna..luliululiu..la mujer de la luna en mi cama…la mujer me llama..llluuullluniun..nii.a.

martes, 30 de agosto de 2011

ARTE POÉTICA

El sol cae de perfil sobre estas palabras que no son palabras, sino garabatos de un niño analfabeto, huellas de pájaro hambriento que corre sobre el papel para picotear gusanos negros y efímeros. Los trenes también corren en carros que se persiguen a una distancia prudente. El papel del mundo se dobla con cada temblor de tierra y un punto se abre a sí mismo el vientre con cada intento de verdad. Dejemos que el sol se filtre caliente por entre las rendijas de la nimiedad y nos aliente a mirar. Solo uno mismo sabrá cuando la palabra inerte y torpe se libere de sus gramaticales cadenas y de repente sentiremos con júbilo que estamos volando entre las alas de un águila blanca y certera.

domingo, 28 de agosto de 2011

¿QUÉ ES ESO DE "PROGRESO"?

Desde hace cientos, si no miles de años, los humanos nos venimos comportando como animales recalcitrantes, aunque quisiéramos ser algo más. Y pienso que eso es natural cuando se trata de evolución. Igual que el adolescente quiere ser adulto, pero acaba siempre avergonzándose de comportarse pueril. La evolución natural es el telón de fondo de todos nuestros comportamientos, en el nivel que sean. Si queremos comprender los comportamientos sociales e individuales a través de nuestra historia, primero tendremos que comprender qué es la evolución humana. Y de eso estamos ciertamente bastante lejos, así como de comprender lo medular de la evolución natural de las especies.

Yo soy un poeta, filósofo y vidente, y desde estos saberes voy a contestar las inquietudes de un hombre inteligente y culto, como es Carlos Delfante[1]. Preferiría conversar con él, compartiendo un pisco sour amistosamente, sentados frente a una hermosa vista de mis montañas de los Andes, después de un día de lluvia, cuando el aire al fin limpio de contaminantes nos permite a los santiaguinos por única vez contemplar la maravilla de los Andes nevados. No puedo por ahora, de modo que sólo me queda escribirle por este medio y amistosamente.

Podría hablar horas y seguro días para justificar y analizar el tema que nos ha propuesto el señor Delfante en su artículo. Tengo un espacio y tiempo escaso y no deseo agobiar tampoco al lector. De modo que hablaré con argumentos incompletos y algo inconexos para expresarme lo más sintéticamente posible. Espero, en todo caso, que este sea el inicio de una interesante y constructiva charla entre Carlos y yo, pero también entre todos los seres humanos.

Decía que somos principalmente animales, y me atengo a esa aseveración por la simple constatación de que nuestros comportamientos siguen siendo mayoritariamente instintivos y sicológicamente condicionados. Se dice que algunos de los rasgos que nos diferencian del resto de los animales son la razón y el lenguaje, pero prefiero por ahora concentrarme en otro que me parece todavía más importante: la libertad. Creo que los animales poseen respecto de nosotros una diferencia de grado solamente en relación con el lenguaje y la razón, pero en cuanto a la libertad presentamos una diferencia de tipo. En otras palabras, nuestra mutación innovadora se encuentra en este gen de la libertad –por expresarlo con un término biológico--. Sin embargo, y ese es en resumen la tesis que aquí defiendo: somos meros bebés para la libertad. Ya no podemos renunciar a este gen incorporado a nuestro genoma, pero, a cambio, recién se está comenzando a desarrollar en su potencial intrínseco. Somos recién nacidos para la libertad. Y la libertad, digámoslo de paso, es germinal en gran medida porque otros rasgos intelectivos y sobre todo espirituales que la potencian son también iniciales. Si hay algo que molesta a una persona inteligente cuando estudia la historia humana es, por una parte, el constatar lo estúpido que nos hemos comportado a través de ella, y, por otra, lo estúpido que hemos sido al describirla tan inadecuadamente a través del mismo medio que llamamos historia. Si nos comparamos con chimpancés que viven en las selvas pocas que van quedando en uno que otro continente, saldremos favorecidos si les pedimos demostraciones de poder, de urbanidad, de cultura, de ciencia y tecnología, y de otros varios aspectos más. Pero hay otros en que claramente han logrado más “progreso” que el humano, como aprender a vivir en sociedades que no disputan ni se apropian de nada hasta la muerte, a utilizar el medio natural sin destruirlo, a no multiplicarse hasta desbordar el planeta, a vivir el cotidiano sin estrés productivo, o simplemente sin estrés, a satisfacer sus necesidades sin individualismo, esfuerzo ni destrucción ni lujo, etc.

De que tenemos motivo para sentirnos orgullosos y agradecidos de lo que nosotros mismos hemos creado y conseguido, lo comparto absolutamente. De que poseemos una resiliencia colectiva frente a las adversidades, lo comparto. De que incluso hemos superado algunas graves debilidades ancestrales en nuestra convivencia social, moral y física, lo comparto. Hay avances colectivos y creo que definitivos en asumirnos mayoritariamente solidarios, tolerantes y constructivos en el aceptar que todos tenemos derecho a al vida y a vivir en condiciones mínimas satisfactorias. Hay avances en conciencia de que todos estamos vivos y de que eso merece nuestra atención. Hay progresos y no debemos perderlos ni menospreciarlos.

Pero, ¡válgame Dios!, a costa de qué. Cuando se pone a la humanidad completa en una balanza, toda expresión humana y no meramente partes, o segmentos, o aspectos parciales, ¿qué resulta? Lamentablemente tenemos un modelo de balanza anticuado y perjudicial: nos imaginamos un artefacto que mide el equilibrio y desequilibrio entre dos platos, o entre dos fuerzas antagónicas… ¡Fuera con esa dialéctica fracasada y reductivista! Juzguemos con modelos más holísticos, más integradores de los fractales de la realidad y condición humanas, más abiertos y flexibles al cambio y a la complejidad… Nuestro dualismo genético nos ha llevado a esta especie de callejón sin salida de la historia. Esta es la oportunidad y la necesidad de superar nuestros condicionamientos algorítmicos dualistas. Ya basta de bueno y malo, de justo e injusto, de esto o esto otro, y no más… ¡Hay mucho más, hay infinitamente más que nuestra pobre y germinante capacidad de relacionarnos con la realidad a través de este condicionamiento a categorizarlo todo en dos categorías, y a lo más, en una síntesis o término medio!

La cuestión a mi modo de ver no es si hay progreso o no. La cuestión es comprender qué está pasando con la humanidad, para dónde va lo que estamos haciendo, y qué soluciones hay para lograr que en lo posible todo sea más armónico y al mismo tiempo constructivo o progresivo.

Los científicos podrán discutir acaloradamente cómo definir este o este otro problema, cómo entender esto o aquello, si esta solución es mejor que la otra, o si este error científico es mejor corregirlo así o asá, y tantas otras cosas de esta laya. Lo mismo podrán hacer los políticos, los sociólogos, los empresarios, el pueblo, los periodistas, los profesionales de todas las áreas, y todos quienes se hayan educado en esta cultura planetaria tradicional.

Según el señor Delfante los problemas que vive actualmente la humanidad son los mismos que han vivido desde siempre los humanos sobre la tierra. Ese también es un frecuente error humano a la hora de establecer verdades y juicios: la generalización y simplificación o reduccionismo. Estoy de acuerdo con él de que tampoco se debe caer en el reduccionismo y generalización contrarios: todo está mal, hay que destruirlo todo. Pero—perdónenme la expresión—eso es comprender nuestra realidad como si fuese una caricatura o un juego de damas. Es verdad que así es más fácil de entender lo que es altamente complejo y de manipularlo. Pero ya es hora de reconocer que también es más irreal, ineficaz y peligroso. Esta es mi segunda tesis: hemos jugado tan imperfectamente este juego de la realidad que, aunque hayamos alcanzado algunos logros y éxitos, hemos desembocado en una coyuntura, nos encontramos con una jugada, con una distribución de variables, no experimentadas antes, y que ya no se podrán resolver siguiendo los mismo principios, herramientas y paradigmas de juego hasta ahora utilizados. Demostrar esto analíticamente me tomaría demasiado tiempo. Sólo quiero mencionar algunas evidencias y factores que permitirán respaldar mi postura, así como elaborarlo con cierta independencia de mi argumentación, factores y evidencias nunca antes vistos de: superpoblación; materialismo global; trivialización de la existencia; civilización sostenida sobre fundamentos meramente económicos; globalización del estado mental de la humanidad a través de medios interconectivos y generación de un estado virtual y abstraído de realidad (conciencia global autonomizada); impacto planetario sobre el medio ambiente; capacidad de destrucción armamentística global. Yo no veo a quiénes ni cómo estén trabajando amplia y lúcidamente con estos problemas, ni qué capacidades reales tengan de llegar a soluciones eficaces, porque --perdónenme la expresión-- este no es un dilema para animales humanos, sino para dioses.

Dígame, señor Delfante, si esto en algún sentido es progreso tal como está dado en potencia y en acto, y cómo solucionarlo, porque –creo-- la unificación de estos factores para una inteligencia humana múltiple sólo puede dar un resultado hipotético-deductivo lógico y científico, irrepetible en otro instante de la historia del mundo aceptado por la Historia: ¡colapso!.

Esto sólo, mi amigo Delfante, me lleva como filósofo, como poeta y como humano simplemente a predecir que advienen catástrofes. Pero como usted es un hombre inteligente y sobre todo constructivo, coincido con usted en que, aunque haya catástrofes para la mayoría de la humanidad, habrá finalmente “progreso” para los que sobrevivan, porque somos parte de un plan y de un todo mayor, llamado por nosotros UNIVERSO, el cual afortunadamente no empieza ni acaba con este minúsculo ser llamado humano. Y este cierre final, se lo confirmo como visionario que soy; es decir, con mis magras capacidades para ver el futuro que he desarrollado, pero suficientes para no ver las cosas en blanco y negro, sino en colores, e incluso con colores hasta ahora no conocidos…

Creo, pues, que esta visión apocalíptica de la situación actual es algo más que una moda. Somos libres… para anticipar, u otra cosa diferente a anticipar… para corregir, u otra cosa diferente a corregir… para acrecentar nuestra conciencia, u otro acto de conciencia… ¡Vea usted libremente lo que quiere hacer!



[1] Ver, Por qué Parar el Avance de la Sociedad , en http://taexplicado.bligoo.com/content/view/2825257/Por-que-Parar-el-Avance-de-la-Sociedad.html#content-top (28/08/2011)

sábado, 27 de agosto de 2011

Creer

Cree

cree en el parto de los horizontales soles milenarios

cree

en la tierra jugosa y negra que se aprieta entre los dedos del indio

cree

en los veloces matinales del ciudadano místico

martirologio de sus volteretas sin sentido

cree

en las torturas de los dientes despedazados de los pobres

como molinos de oro resecos de sueños rechazados.

Cree

en el mañana que se aleja cuando te vas acercando

en el chillido del violín que se destempla en una última cuerda.

Cree

en las manos laboriosas que se van quemando con la lepra del hombre

y las súplicas adormecidas en madrugadas de un mundo que se hunde

y vuelve a levantarse como cuello de ahogado.

Cree

en los niños, en el papa, en la paz, en las naciones unidas

cree

en la poderosa economía mundial, en los blancos ideales, en tu santa religión, en la soldadesca popular.

Cree, hermano cree,

de lo contrario las cosas podrían ser diferentes

y ya no quiero más

no quiero más de lo mismo.

Porque crees

sé que todo se derrumbará

en horas sólo en horas más.