martes, 20 de noviembre de 2012

Cuestión del hado




Alba carne me toca el cielo de la muerte
esperma sonora del escondrijo
enterrado en los párpados vencidos de la muerte
agua de río rabioso con espinas de nieve,
y la ciudad circular cosida a mi camisa
me odia como una novia desflorada
que masculla en el padre nuestro mi perdón
asesino de leñerías de hadas de canela
cuando las ratas se reúnen para mirar solamente,
y yo veo venir con dentaduras de tigres sonrientes
el atajo del camino, el armamento, la sílaba tartamuda
monosílaba del hacha de la muerte
el cristal sangrado de la muerte
los hijos de tu ataúd arrastrado
el gallo desfigurado de mi medianoche
mi resistencia pasiva a morir
como cualquiera
debe morir
con aire de señor
correctamente muerto
en postura de muerto.
Y qué!, voy a morir
aunque las ruedas de una carreta pasen por encima de mí
voy a morir,
aunque la dignidad de la fe me ofrezca la vida eterna
voy a morir,
aunque tú, mi cauto lector,
te tapes los oídos
voy a morir!

domingo, 18 de noviembre de 2012

Perdonazo




Acepten que yo no soporto
a los poetas que piden permiso
en cada poema
en cada verso
en cada palabra
en cada letra.

Yo admiro a los poetas
que arrasan el alma
el papel
la impostura
la letra fétida y cruel
que nos amarra
a la pecaminosa palabra
del sacrificio humano.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Tales de Mileto




Tales de Mileto filosofaba el orden del universo
caminando bajo las estrellas,
pero las estrellas no quisieron enseñarle
el hoyo que lo esperaba tres pasos adelante.

Cuando Tales se descubrió en lo profundo del pozo
fue el primero que pensó
“deben existir hoyos negros por todo el universo”.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Hey!




Hey!, tú, amigo muerto
dime
por qué
te has vuelto sordo
y no me escuchas;
hey!
te has vuelto mudo
y no respondes.

¿Qué tiene nuetra amistad, amigo,
que algo tan repentino como la muerte
la acaba?

martes, 13 de noviembre de 2012

EL LLAMADO




Contemplaba el fuego y vi que una mano salía de él y me pedía “Ven, sácame de aquí”. Escuchaba al viento entre las ramas de los pinos y una cuerda verde rasgueó la melodía “Ven, sácame de aquí”. Miré al cielo y una grulla que seguía a otra me rogó “Ven, sácame de aquí”. Las montañas entonces parecieron despertar y escribieron sobre la piedra y la madera “Ven, sácame de aquí”. La luna se desprendió del horizonte más pálida que nunca y gimió “Ven, sácame de aquí”. Entonces comprendí el angustioso llamado y me dije a mí mismo “Ven, sácame de aquí”.