jueves, 28 de agosto de 2025

ENTIDADES PERSONALES

 


 

Probablemente jamás en la Historia se le ha revelado al ser humano una verdad-ilusión tan relevante, tan decisiva, tan insoportable, tan desconcertante y extraordinaria como la que aquí voy a exponer. Sin embargo, cuando se lea con inteligencia profunda el contenido de este mensaje mío se comprenderá también por qué no ha sido necesario  el ropaje grandilocuente y sobrenatural de las supuestas grandes revelaciones divinas al ser humano, como la aparición de Yahvé a Moisés para entregarle las Tablas de la Ley, o la aparición del Espíritu Santo para consagrar la condición de Jesús como Hijo de Dios en su bautismo en el Jordán, o la Biblia, o el Corán como libros sagrados y revelados, o las visiones divinas de los profetas del A.T., o las apariciones de la Virgen de Fátima para revelar el fin de los tiempos, o las canalizaciones de Seres de Luz, y así. Este mensaje es tan humilde y corriente, producido como un simple post de un escritorcillo desconocido, yo, sin apelar a ninguna entidad sobrenatural que me la haya dictado como si se tratase de un saber sobrehumano, sino como el producto simple y oscuro de un parto literario y existencial como cualquier otro mío, y el de cualquier persona común que saca algo sin gracia y fantasioso de su propia cabeza, porque no hay nada definitiva o supremamente verdadero en nada. No hay ningún dios supremo que haga nada verdadero, no hay ningún ser humano que haga nada verdadero, nada que acontece en el universo natural es verdadero. Por lo tanto, lo más inmenso, grandioso, luminoso y cierto revelado a la Humanidad es tan insignificante, oscuro y falso—sobre todo falso—como cualquier basurilla que se pierde en un basurero mosqueado, como lo más insignificante, oscuro y falso, siempre y cuando uno se separe un poquitín del puntito negro dentro del que vivimos aquí. Léase…

 

 

Lamento muchísimas cosas y aspectos de nuestra condición humana miserable, elemental, deforme, delirante, limitada, dentro de esto que se despliega “ante nosotros” como la realidad. Esta condición de especie natural insignificante nos posibilita un acceso y relación con un segmento ínfimo y bastante elemental de esta experiencia inevitable de realidad. Hay infinitamente más que nos excede, y que por nuestra incapacidad constitutiva nos es imposible alcanzar e integrar a nuestra experiencia de realidad. Hasta ahora esta incapacidad no nos ha traído problemas evidentes para nuestro modo animal y planetario de existencia. Podríamos decir que esos otros niveles o dimensiones o formas inadvertidas de realidad nos han permitido existir con una autonomía interna, sin desafiarnos, sin epifanías demasiado invasivas, ni afectarnos de forma manifiestamente negativa—desde nuestra perspectiva natural—.

Sin embargo, lo que sufro igualmente con íntima aceptación, pero también con expectativa y anhelo, es el hecho terrible de que existen incalculables Entidades —sólo por decir algo que pueda ser comprensible—que podríamos representar como todavía cercanas a nuestro rango constitutivo de persona, y, por lo tanto, todavía podríamos valorar como entidades personales superiores a nuestra humanidad (persona).[1] Suponer que, por ejemplo, dentro de esta categoría de entidades—y entre innumerables otros tipos—puedan encontrarse seres extraterrestres (biológicos y/o materiales) venidos a nuestro planeta desde otros lugares físicos habitados de este Universo, es posible, pero poco probable. Sí creo muy probable que existan muchísimas formas de vida (extraterrestre) en el Universo, pero intuyo que este Universo en tanto físico, y en el actual estado evolutivo (físico) del mismo, establece grandes limitaciones de interrelación entre formas de vida material (físico-químicas) separadas a través de las inmensas magnitudes del espacio cósmico. En cambio, sí creo e intuyo que existen entidades personalizables superiores al ser humano que pueden interactuar con nuestra humanidad—digamos—interdimensionalmente,[2] y, para las cuales, el espacio, la materia-energía y el tiempo no son una limitación o un condicionamiento, ni tampoco son nada que los represente o manifieste en sí mismos. Sin embargo, lo que podríamos llamar su distancia ontológica respecto de nuestra condición y de nuestro hábitat físico de realidad es tan inconmensurable respecto de nuestra realidad, que nuestra humanidad por sí y desde sí seguramente carece de toda facultad y condición para aprehenderlas naturalmente. No podemos percibirlas con ninguno de nuestros sentidos, ni procesarlas cognitivamente, ni comprenderlas intelectivamente, ni acceder a ellas con nuestras formas de conciencia, ni nada más que no sea precisamente y tal como se nos materializan y personalizan.[3] Es como si no existieran en absoluto por nosotros mismos, pero existen. ¡ESTÁN AQUÍ!... ¿Cómo es ello posible? Definitivamente no son extraterrestres viajando en Ovnis, ni tampoco nada fantástico que se haya experimentado sobrenatural y anómalamente en nuestra realidad natural, aunque también puedan tomar las formas de extraterrestres que parecen viajar en naves tecnológicas, así como las formas fenoménicas más fantásticas, más surrealistas e increíbles de nuestro ideario fantástico, hasta las más naturales, y las propias de nuestra vida común y humana, cotidianas y familiares—por ejemplo, voces internas, intuiciones, pensamientos, sentimientos, visiones, sincronías, situaciones inesperadas, inspiración, accidentes, etc.—.[4] Creo que toda su fenomenología debe ser abordada cognitiva, experiencial y epistemológicamente por el ser humano como subordinada y principalmente dependiente del principio fundacional de nuestra experiencia de realidad: TODO ES ILUSIÓN.[5] Pareciera que ante todo éste fuera Su núcleo (fenomenológico) significativo para la Humanidad; como si Su principal sentido fuese anteponer ante nosotros y para nosotros el principio que rige nuestra realidad como una ilusión y un delirio, una suerte de experiencia de confrontación con la naturaleza y los límites de nuestra realidad y nuestra condición humana por medio de una ilusión fuerte debilitada.[6] Desde nuestra perspectiva, parece que QUISIERAN trastocar y subvertir nuestra experiencia y sentido de realidad desde todas las raíces mismas (físicas y antrópicas), y confrontarnos a una experiencia profundamente desestabilizadora y desestructuradora respecto de TODO, una suerte de reseteo completo de la naturaleza y condición humanas, así como de la realidad—experimentada y posible—en su totalidad.

Una terrible consecuencia para nosotros—y obvia—de nuestra propia condición ilusoria y delirante es que inevitable y necesariamente “obligamos” a esas Entidades paradimensionales a comportarse en nuestro plano ilusorio como ilusiones adaptadas a nuestros modos existenciales ilusorios, de lo contrario no habría ninguna posibilidad de vínculo y relación ontológico-existencial entre ELLOS y nosotros, seres sico-biológicos, o bien colapsaríamos en todo aspecto y sentido. De lo contrario, sería imposible que estuviesen aquí tal como se han manifestado histórica y fenoménicamente. No podrían co-existir de ninguna manera (en relación) con nosotros, y tal vez, para nosotros.[7] Los “obligamos” a ser conmensurables con el ser humano, y adecuarse y representarse de múltiples maneras conforme a nuestro modo de ser y existir—especialmente de acuerdo a nuestra subjetividad—. Eso tiene también una terrible consecuencia epistemológica y moral—entre tantas otras—. Ellos no pueden ser del todo verdaderos y buenos, como nosotros ilusoriamente concebimos la verdad y el bien—los hacemos coincidir con nuestras ilusiones de verdad y de bien—, sino también en su diversidad fenoménica tienen que aparecer también como falsos, engañosos y malos, porque todas esas valoraciones son sólo ilusiones humanas, con un sentido ante todo humano y sólo para delirantes humanos. Claramente no vienen—sólo desde nuestra perspectiva delirante “vienen” o “están”—a someterse y adaptarse completamente a nuestra incapacidad-realidad ilusoria y alucinada, aunque también en algún grado se adaptan y se someten a nuestra condición ficcional y delirante.[8] Ciertamente no están aquí ni para hacer el bien, ni para hacer el mal, ni para enseñarnos verdades ni falsedades, aunque así lo parezcan. Ya sabemos al menos un efecto que nos producen hasta ahora, y de cierto ELLOS también “lo conocen”: se está desconfigurando nuestra experiencia ilusoria y completa de realidad.

¿ Las Entidades están aquí para producir ese efecto ?... ¿Para qué?...

¿Cómo podríamos saberlo, si ni siquiera tienen intenciones como los seres humanos, ni nada equivalente, ni tampoco tienen finalidades, ni causas, ni motivos, ni razones, ni nada equivalente? Ni siquiera son Entidades, porque al fin de cuentas todo lo que yo pueda decir, todo lo que aquí he revelado, todo lo que podamos concebir sobre un Ellos, y sobre cualquier cosa, se disuelve en una niebla insondable de ilusión. Cualquier intento de profundizar cognitiva y mentalmente en cualquier forma de manifestación y sentido suyos—como experiencia transilusoria—nos lleva inevitablemente a un horizonte último y final de confusión, de impotencia, de locura y de autoaniquilación. Yo he estado en esa frontera, yo vivo junto a esa frontera.



[1] También es posible que existan Entidades que carecen de forma personalizable, o que no la hayan personalizado de hecho, en relación con este Universo, pero nos es imposible determinar que hayan advenido a nuestra dimensión de realidad en forma de entidades-no-persona (o no-ser-viviente). Por ejemplo, algún rayo, o algún trueno, podría ser el medio o presencia de una Entidad-no-persona, aunque pudiese o no también personalizarse. Uno de los problemas más insolubles y determinantes para nuestro discernimiento y correcto entendimiento de formas transdimensionales es nuestra incapacidad para diferenciar y reconocer un fenómeno transdimensional (sobrenatural) con su propia composición ilusoria, y nuestra necesaria producción cognitiva (mental) ilusoria de realidad. El tránsito, o interrelación, entre la ilusión de la transdimensionalidad extranatural y la producción delirante de realidad de la mente humana es un continuo que no tiene punto de inflexión, ni ruptura alguna, ni siquiera gradualidad manifiesta. Se experimenta naturalmente como una sola y única cosa “confusamente diferenciada-indiferenciada”.

[2] Considero que los conceptos humanos de dimensión e interdimensionalidad son una representación ontológica y física balbuceante e insuficiente respecto del fenómeno—por así decir—de multiplicidad entitativa (indeterminable) y su interacción en relación con lo que entendemos también imperfectamente como realidad. En relación con las entidades interdimensionales, creo que pueden materializarse y personalizarse en nuestro universo de realidad, pero que ninguno de los caracteres o aspectos materializados es en absoluto representativo de su naturaleza extradimensional. Es decir, el ser humano no puede conocer NADA de su naturaleza y condición propias. Un buen ejemplo de esto sería la personalización de Entidad (extradimensional) como eventual proyección Dios—física o mental—, o algo similar, (intradimensional).

[3] Para nosotros son puro fenómeno sin causa.

[4] Creo que todas las descripciones y diversidad en todo tipo de registros y testimonios históricos y culturales de lo fantástico, lo paranormal, lo sobrenatural, lo forteano, legendario, mítico, oculto, etc., que afirman haber experimentado o conocido un encuentro con algún tipo de entidad (demonios, ángeles, duendes, hadas, fantasmas, dioses, seres monstruosos o maravillosos, la Virgen, hombres de negro, alienígenas, etc.) reflejan Su presencia distorsionada y adaptada a nuestro nivel de realidad, a la mentalidad y subjetividad humanas, al sistema sico-biológico humano y animal, tanto colectivos como individuales.

[5] No me puedo todavía representar ni anticipar cómo esta nueva visión de realidad—y a partir de este principio—podría provocar una transformación de la Humanidad, individual y colectivamente, en cualquier aspecto y/o en todo lo que constituye lo humano.

[6] La ilusión puramente fuerte sería en cambio el Universo físico y nuestra experiencia de ser humanos que experimentamos como única realidad.

[7] Sí hay un vínculo (fenómeno histórico) de hecho necesario y particular entre ciertas entidades personalizadas y lo humano, aunque no comprendamos ni conozcamos nada no ilusorio de la naturaleza de este vínculo y relación.

[8] Es como si también jugasen a ser buenos y malos, verdaderos y engañosos, porque nosotros imponemos este modo de realidad para que sea realidad. Sin embargo, yo creo que además y también juegan a ser buenos y malos con un “propósito” o “sentido” desde sí—por utilizar categorías que nos hagan sentido—que nos es imposible vislumbrar y concebir a partir de nuestra condición y estado humano.


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