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martes, 6 de noviembre de 2012

Armagedón




Los dioses cruzaron el océano del tiempo
sobre sus naves silenciosas como caballos diamantinos.

El universo contempló con una boca sin párpado ni aliento
la energía terrible contenida en su voluntad inexorable,
cuando las  quillas de sus naves magnetizadas de fuego
abrían las olas del espacio y del tiempo.

Ceñidos con sus filosas espadas de la perfecta muerte
y sus armaduras probadas en todas las guerras del universo
se vienen sin apuro acercando a las playas de este planeta,
cargados con las joyas y dones devueltos del mercenario español
con las bondades invertidas de la cruz y de sus milagros curanderos
para volcar las mesas podridas de estos sacerdotes de cultos milenarios,
para limpiar la tierra del hongo radioactivo
que estos hijos de dioses están a punto de cultivar por las praderas
de las almas, de las carnes, de las aguas y trigales de pan
como en otro tiempo ya los aniquilaron en Marte.

Los dioses verdaderos vienen salvadores
a mostrarse verdaderos dioses de su Tierra
y la hora puede ser mañana,
la hora de la batalla nunca vista,
la última batalla de los dioses
invisibles.

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