jueves, 22 de diciembre de 2011

Mortales inmortales


Aquiles murió simplemente con una flecha
arrojada en el momento oportuno contra su talón;
Edipo acabó haciéndole el amor a su madre
aunque corrió toda su vida lejos de ella;
Zeus el padre de los dioses y de los hombres
aunque dios inmortal y rey del universo
logró sólo inmortalidad en los poemas de Homero
lo mismo que todas las divinidades sacras y sus palabras
siempre se quemarán sobre una siempre nueva pira funeraria
soplada por un nuevo y omnipotente dios.

martes, 20 de diciembre de 2011

CUANDO NO EXISTÍA LA TELEVISIÓN

Cuando no existía la televisión los humanos vivíamos en el horizonte de nuestros sentidos. Por eso mismo soñábamos con maravillosas y terribles tierras lejanas, en ciudades deslumbrantes como nuevos planetas, en una América primal y salvaje, y nos levantábamos enérgicamente en las mañanas para agradecer al sol su perseverante despliegue de luz y vida.  
Imaginábamos ingenuamente que todo era verdadero. Que la paz de nuestros pequeños espacios estaba sustanciada en rocío de eternidad; que si nos alcanzaba la desgracia de la pobreza y del odio humano en alguna de sus renovadas formas de injusticias, podíamos luchar con ideas y palabras como banderas transformadoras de mundos.
Entonces la poesía y el arte no se avergonzaban de los lugares comunes, ni de las flores, ni de las nubes, ni del agua cantarina de los ríos. Había arcoíris por todos lados, sonidos de plumas, de líquidos, de vegetales y leyendas misteriosas; incluso un Dios en el que todavía se podía creer.
Desde los caminos de tierra provincianos el viento rasgueaba coplas de Violeta Parra por las cuerdas de los sauces; el oleaje de la Isla Negra adormecía los crepúsculos marinos de un Neruda abrazado a Matilde en su cama, y en la Frontera los trenes humeantes de Teillier abrían el camino de un mañana que se resistía a llegar por los humedales del sur.
Entonces todos esos locos ansiaban acudir a la capital y brillar entre las escasas luces de neón y las galeras del único periódico, pero bebiendo vino tinto en tugurios que se calentaban con sueños y versos, como si el cielo se hubiese vuelto al fin próximo y humano.
Yo no sé qué pasó. Yo no sé qué me pasó. Híbrido entre cola de lagarto y cabeza de software ahora estoy aquí, despojado de fe-mueve-montañas, despojado de un mundo verdadero que pueda sostenerse sin pastillas para dormir, sin contrato de trabajo, sin versos de silicona, sin servicios básicos, por todos lados bien equipado contra el sin, incluso sin amigos.
Y aun así credo de profundis, como el último de los dinosaurios latinos, cansado de ser el último que espera el cosquilleo de las hormigas que por millares comienzan a subir por mis patas agobiadas de hombre antediluviano;
creo eso sí más que todos los nihilistas que se solazan en esta cultura contemporánea, destripando todo a fuerza de no amar nada. Los jóvenes, los jóvenes, ¡ay, quién sabe ya de amar!... Y los viejos, mis viejos, se han encerrado también en pequeñas alcobas que han comenzado a tapiar por dentro. Yo me miro en el espejo y me digo: “No eres ni joven ni viejo”.
A veces yo también me quedo mirando la pantalla de mi computador, o sea, simplemente mirando para afuera. Entonces dudo de todo, desconfío de todo; los ojos sólo miran apariencias envasadas y colores editados, los oídos escuchan sólo fricción de metales, y humanos en pequeñas figuritas se encienden y se apagan en 3D, veloces, rápidos destellos que se van alejando entre días y horas cada vez más breves… hasta que un día más corto que un segundo lo comprima todo y sin que nadie se percate.
Los ensueños de una sola realidad sustantiva arraigada en un tiempo lento e ingenuo se me rompen y me desangro en un nadie, en un miserable bit de información. Eso es cierto, eso me parece más cierto que nada. Me descubro fragmentándome en desgarros de conciencia, disgregando la realidad en infinidad de opacas otredades, camuflándome en esos semejantes que me imponen su propia desintegración.
Pero les aseguro, amigos por internet, que aquí no me quedo; aquí nada ni nadie podrá retenerme. Eso de estar a mitad de camino me otorga el privilegio de seguir adelante o volver atrás. Y aunque salga de aquí como don Quijote sobre un caballo de palo, volaré sobre ese palo adonde nadie ha visto aún.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Si las olas se doblaran


Si las olas se doblaran enmudecidas de dolor
contra sí mismas
pálidas moradas espumosas
si un gorrión volara  cada vez más alto
atraído por el vértigo del sol
sin hallar ni un solo olivo al norte
si las calles despojadas y vacías
mojadas por un sol sangrante y único…
soñarían un millón de años para nadie
que pudimos ser mejores.

viernes, 16 de diciembre de 2011

LOS ALBAÑILES


Los albañiles bajan de sus obras sin un ¡ay! ¿Quién leerá en sus manos el destino de sus vidas, si el pasado ha dejado en ellas un hollejo imperceptible y magro? ¿Por qué vuelven por las tardes a su hogar modesto sin las fuerzas para construir un nuevo amor? Una voluntad invisible les ha sorbido el alma cuando sellaban argamasa alegre entre piropo y chanza, acróbatas de la arquitectónica grandeza y la miseria humanas. Los albañiles que sigilosamente construyen, sólo bajan la cabeza para recibir su paga, pero nunca olvidan el camino de regreso a su hogar.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Luna de invierno

Luna de invierno
¿Quién te mira junto a un fogón de chimenea
protegida con poderosos ventanales?

Oh pequeña y lejana luna de invierno
los ojos de mis niños solitarios
florecen de lágrimas heladas
al contemplarte.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Lo dije antes



Lo dije antes lo digo ahora. Somos demasiados. No somos ovejas, ni gallinas ni pasto.
Por eso me duele chocar a un humano con mi indiferencia.
No somos estrellas ni escupos ni arena, pero somos demasiados.
No levantaría siquiera un pensamiento cainita contra un humano hermano, sólo la angustia de ser demasiados, como el bosque seco calienta la llama y el viento sin flores destruye la ceniza en pedazos.
No quiero ver, no quiero ver tanto.
El destino se  teje hilvanando a la carrera sobre cada día herido de muerte.
Detente, gimo, detente, en el estrangulamiento de mi pesadilla rota sobre mi mano.
Somos trapo viejo, usado, remendado, desechable y reemplazable por concurso público.
No seremos capaces de detener esto, lo siento.
Somos demasiado demasiados.
¡Hombre al agua!

sábado, 10 de diciembre de 2011

Yo podría ser alegre


Yo podría ser alegre
aplaudir a los niños que nacen
hablar del amor y de la hierba luminosa
del esfuerzo remunerado del obrero
de la familia unida cada domingo
del lamido de un quiltro
a la mano pordiosera
del valor inquebrantable de la fe
del ataúd que se cierra al final
de un niño
del sol y de la hierba
del obrero
de la la familia
 y de este quiltro
con un crujido sordo y seco.
Sí, tal vez,
después de todo,
yo podría ser alegre.

jueves, 8 de diciembre de 2011

A veces nos preocupamos demasiado


¿Qué importa la muerte
si va todo adelante?
¿Qué importa la muerte
si todo sigue allí?
El hijo que muere nacerá en otro hijo
la traición de tu mujer
se volverá vieja y fea
y al fin tu muerte la perdonará.
¿Qué importa después la crueldad del tirano
cuando todo grito de torturado
desaparece en silencio?
Al amor ya muerto
lo entierra la primavera.
¿Qué importa el bien y el mal
después de este millón de años?
¿Sufres duermes pagas
te duchas y evitas la muerte?
A cada segundo ya nada es real
pues
el Señor-de-Todo no es real.
Escucha bien la nueva geometría:
“Que la nada trace un sentido en el infinito”