¿Qué hago ahora que ya recorrí todos los caminos de
esta Tierra?
¿Qué haré ahora ya descubiertos los caminos adonde
devienen errantes y confusos los seres humanos penosamente durante vidas y
vidas
—el miserable insignificante enfermo el más sabio el
más rico el poderoso—
no son más que un solo y mismo camino que sube que
baja hacia adelante hacia atrás hacia un lado hacia el otro?
¿Qué haré ahora obtenido el saber de los saberes de
este mundo cuántico cósmico
—este indagante apropiado celosamente a pedazos en laboriosas
existencias de bodegas enrarecidas de creencias intransables
el miserable insignificante enfermo el más sabio el
más rico el poderoso—
este Saber que al tocarlo ahora mi mano lo atraviesa
porque aquí no hay nada?
¿Qué haré ahora que ya me sumergí por las inmensidades
de mi mente tempranamente alertado por la máxima délfica “conócete a ti
mismo”
con la mirada subsumida en el horizonte interior
sonriente sobre el lomo de un búfalo negro por la esperanza de regresar al
Uno-Todo
donde ningún sumergible artilugio humano ha logrado tan
profundamente llegar
al fondo rugoso de un abismo impenetrable que ahora me
devuelve por un instante la imagen especular de mi propia conciencia en un yo
mismo tétrico
que nunca nunca jamás se ha movido del puerto ni del
punto desde donde creyó creí partir?
¿Qué haré ahora que las epifanías divinas las
misteriosas las mágicas voces taumatúrgicas que con asombro desgarrado júbilo transcribí
la clarividencia chamánica privilegiada del ordenamiento
trascendental de la Naturaleza vibrante viva mía
el amor íntimo cercano de un poderoso espíritu
familiar la misión la dirección el plan de vida todo
mis demonios mis terrores mis vergüenzas contenedoras
de pronto
simplemente no están?
¿Qué hago ahora
sin poder moverme
sin quedarme quieto
sin nada solo
apenas yo
sin yo
en esta frontera
de un Universo que es una Nada
obligada a ser?