martes, 30 de junio de 2026

BUENA ELECCIÓN


 

José Francisco Antonio alzó la mirada sobre el océano tremolante de banderas azules rojas y blancas. La primavera de la vida era hermosa. Su vista se alejó por encima de la efervescencia humana, descansó sobre un horizonte dulcemente lejano anaranjado pálido. Hasta los gritos filudos ensordecedores, los vítores multitudinarios se le ablandaron hasta diluirse a sus pies en ronroneos de felino feliz. ¡Misión cumplida!... Levantó su mano derecha, la misma con la que había jurado solemnemente hace unos momentos, la agitó de uno a otro lado por sobre su cabeza con la gracia y la emoción de un amante que se despide por la mañana de su esposa. Se dio media vuelta, entró al gabinete. ¡Misión cumplida!... Un gesto agrio casi maligno deformó su cara. Ya no necesitaba sonreír todo el tiempo, sólo lo justo y necesario. Había logrado sorprender persuadir a todo un pueblo feliz, delirante, engañado. Ahora sí era el Presidente de la República.


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