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domingo, 22 de enero de 2012

Mansedumbre

Posas la mansedumbre de tu abandono rosa
el aliento quieto de tu canto apaciguado
el desliz del color otoñal entre las hojas del verano
que se sumerge en el decaimiento taciturno de las horas,
niñas solitarias tras los muros de piedra vegetal
manada de ovejas enredadas entre los dedos del sol
nidadas entre cerros de espigas secas y doradas
alumbramiento desprendido de la inclinación de la tierra
por los pedregales  senderosos de la tarde
alud paralizado de silencio,
penas que sonríen almidonadas de blanco,
blanco pintado de rojo, de sangre salpicada,
de aleteo de ave moribunda
que gira y retiene su pupila en el sudario del horizonte
de yodo, de celajes navegantes a toda vela extendida
por sobre los escollos bramantes de las ciudades de metal
fundidas al rojo vivo en la ignorancia de su propia suerte
demasiado visibles para la luz del sol
que alumbrará impasible el final de todo
hasta su propio cortejo crepuscular
entre los cirios estelares de la noche.

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