Regreso a las noches mistéricas calles brumosas del otro
París,
arriba entreabierta la ventana parpadeante de un
ático,
vuelvo reencarnado a acurrucarme en el rincón inmortal
de su habitación en penumbras,
recupero sus dedos trémulos de golondrinas fosforescentes,
a recibir otra vez con la piedad encorvada de mis palabras
juntas
soledad milagro cristales nocturnos
corales melódicos en los ojos océano de mi amado Chopin
clepsidra de mi calavera ignorada invisible
yerma sorda vacía hoy
en el fondo de nuestra carne llorosa.
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