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sábado, 14 de julio de 2012

DESPUÉS DE UN LARGO VIAJE



¿Alguna vez han bajado, mis lectores, desde el carro de un tren y se han quedado allí, solos, a dos pasos de cualquier cosa, con una sensación triste, como si la vida se estuviese yendo hacia algún ignoto lugar en ese tren que se desliza suspirando tras la espalda?  Nos queda el vapor pequeño de una consciencia inválida entre dos sienes; nos queda un cuerpo bien plantado sobre dos piernas y una maleta cargada con algo pesando al final de cierta extremidad. En la otra, un boleto cortado que resbala y se lo lleva a empujoncitos la brisa por entre rieles y pedregales. Entonces se te allega inevitablemente el recuerdo de una mujer amada, y tú sonríes, aunque sabes que en aquella estación no te espera nadie, salvo un cuervo que parece mirarte de reojo desde una cornisa de fierro.

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