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miércoles, 18 de julio de 2012

Cuando llegue a viejo



Cuando llegue a viejo, madre mía,
no quiero que mis huellas comiencen a desconocer mis pasos
no quiero que mi pensamiento divague dentro de cañerías del cotidiano
en recuerdos manidos que mis nietos imiten a mis espaldas
en méritos caducos como Atlántidas sumergidas
a la hora de la once de un gran hombre que se va.
Cuando llegue a viejo no quiero leer los diarios decadentes,
saludar por la mañana al guardia que saluda por un sueldo,
a las vecinas que saben conversar de todo
y quedarme mirando embobado a los demás
con la fe de morir lo más tarde y dulcemente posible.
No quiero, madre mía,
llegar a ser un poeta mustio y desaseado
sin pólvora ni dinamita
como he visto envejecer a tantos.
Déjame si fuese así morir contigo, madre mía,
en tu poema de morir temprano.

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