Hacia una experiencia poética de autotrascendencia
En la estampida de los sexos
te arrancaría el yelmo de tu Atenea ancestral
ya desnuda de rostro y de intenciones
descubriría por qué tu amor,
diosa, mi diosa,
protege tu verdad
terrible
incomprensible
ante mí.[1]
[1] Escrita en 2012.
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