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sábado, 16 de junio de 2012

EL PODER DE LA ORACIÓN



¿Para qué rezarle a Dios? 

Si le pides algo, Él lo conoce antes que tú se lo pidas.

Si Él sabe lo que tú quieres, entonces hará lo que Él considere mejor – sea coincidente con lo que tú quieres, o no--, puesto que Dios verdadero es suprema bondad y supremo poder. 

Si Dios quiere conceder lo que tú quieres, lo hará sin que se lo pidas, porque Dios no se somete a tus deseos, de lo contrario tú serías Dios y Él un sirviente tuyo. 

Si Dios quiere que se lo pidas, aunque Él lo conozca, entonces te ve como a un animalito condicionado que es necesario reforzar a través de la concentración del pedir para que alcance algún estado que de otra  manera no alcanzaría. Recuerda entonces que, aunque se cumpla el milagro que tú pediste, no se cumple porque tú lo pediste, sino porque Dios lo quería así.

Si se cumple lo que pediste, entonces hay una sola razón para ello: que haya coincidido tu petición con lo que Dios te había asignado “desde el comienzo de los tiempos”.

Si no se cumple lo que pediste, entonces tu deseo no coincidió con la voluntad de Dios para ti.

Por lo tanto, nunca es necesario rezar a Dios para pedir nada o comunicarle nada a Dios, que Él no conozca y decida por sí mismo. Si no puedes evitar pedirle a Dios en oración, entonces reconoce al menos que eres un corazón humano y débil que sufre demasiado, hasta llegar a cometer el desatino irresistible de pedirle a Dios.

Es necesario esforzarse por conocer lo que Dios quiere y no pedirle nada. Si se quiere intensa y justificadamente lo que se quiere, entonces es suficiente quererlo así. Pero lo más necesario de todo es que uno sepa en Dios lo que uno debe querer.

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