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lunes, 30 de mayo de 2011

SABER ESPERAR


Te esperé a las cinco en la salida del metro. Te esperé una hora y no me importó, porque te amo. Esperé dos horas, mirando nervioso el reloj, mirando ansioso a la gente que subía una tras otra por la escala mecánica, pero al final me fui; me fui a un bar para beber y beber hasta lograr olvidar que no estabas conmigo. Seguro venías después del trabajo, cansada y triste, entonces pensaste que no me amabas, que no me amabas tanto para llorar conmigo, que estabas cansada de llorar y te diste la vuelta. Te esperé ayer y anteayer y anteanteayer, y así día tras día, hasta que un día me llamaste y con rabia me dijiste: “¿Por qué no me has llamado?” Yo me quedé mudo, el muy estúpido, hasta que te pusiste a reír y comentaste antes de cortar: “Pero no importa”. Por eso te esperé hoy a las cinco en el metro, y mañana, y pasado mañana, y pasado pasado mañana, aunque no llegues, aunque no llegues nunca, te esperaré donde algún día quedamos de encontrarnos en mi pasado y en mi futuro. Es que te amo.

domingo, 29 de mayo de 2011

LA CAUSA DE LAS CAUSAS : UN MENSAJE PARA LA HUMANIDAD

Cuando uno se pone a meditar en los problemas graves de las personas, se acaba dando cuenta de que las verdaderas razones de todo sólo pueden ser comprendidas a través de la ley fundamental de causa y efecto. ¿Qué quiero decir con esto? Algo tan simple y obvio, que por obvio pasa desapercibido. Cuando hurgamos en un problema cotidiano o evidente, digamos el problema de la vivienda en el mundo, va apareciendo primero una que otra heridita que no era tan evidente: que la pequeñez de las propiedades, que los costos elitistas, que los intereses, que la falta de oportunidades para los jóvenes, que la venta a extranjeros, que el abandono de predios, que el enriquecimiento de los bancos, que las leyes injustas, que la falta de terrenos apropiados, etc. etc. etc. Pero nos preguntamos, entonces, ¿hay una causa única para todo esto, o es sólo un conjunto de aislados problemas y causas que pueden ser subsanados con unos pocos cambios de gestión política, económica, educacional, etc.etc.etc. ?
Apliquemos causa y efecto, algo así como seguir el hilo hasta encontrar la madeja: Intentemos una justificación de fondo y global. Vayamos lo más atrás posible. ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Hay un alguien único o algo único que causa todo esto? ¿Es Dios, es el demonio, o nos encontramos con la simple evidencia: Es el Hombre?... Bien, por ahora es el Hombre, o también llamado Humano. Sí, pero ¿Quién es el Humano? En realidad el Humano también es solidario, generoso, consciente, respetuoso, paciente, laborioso, inteligente, sabio, etc.etc.etc. Entonces, son sólo algunas características humanas o, al menos, algunos humanos los que causan estos problemas, es decir, aquellos que privilegian o se identifican con uno o más de sus antónimos defectos. Sí, no generalicemos. ¿Pero hay alguno de nosotros que posea todas las cualidades humanas necesarias para no provocar ni ser responsable de ningún problema humano, mío y de los demás? Si los hay, están bien escondidos. Es decir, todos aportamos una cuota mayor o menor a la materialización y prolongación de los problemas humanos. O dicho de otra manera: todos podríamos ser causa de una mayor generosidad, de una mayor solidaridad, de una mayor consciencia, de un mayor respeto, de una mayor tolerancia, de una mayor acción, de una mayor sabiduría, etc.etc.etc., primero en nuestro entorno cercano, y al final, como cadena de causas y efectos, en todo el mundo.
Entonces, ¿qué podemos hacer con estos problemas de vivienda, aplicando estos principios? Nada, si no hay consciencia y voluntad de llegar a las causas de las causas de las causas de las causas. Como botón de muestra les pido que vean este didáctico video de La Historia de las Cosas, en: http://www.youtube.com/watch?v=ykfp1WvVqAY. Sin embargo, pienso que todavía se puede llegar a una causa intermedia y más general que el simple reconocimiento de que el sistema de vida contemporáneo es la causa de nuestros males—como se plantea en este video--, incluyendo nuestros problemas de vivienda, y este es, que somos demasiados humanos sobre el planeta para recursos tan limitados. Aunque les pese a muchos, debemos detener el crecimiento de la natalidad mundial y dedicarnos a mejorar seriamente la calidad de vida de los que ya vivimos. No es esta la causa primera de nuestros males, pero es una causa necesaria y bastante urgente y general, ya que el ser demasiados, además, fortalece y promueve cada uno de nuestros defectos personales. Es difícil ser mejor, cuando debes multiplicar todo para más. Es más fácil construirle una casa buena a uno que a dos; ser más generoso con uno que con dos; ser mejor conductor con otro automovilista que con dos; ser mejor médico con un paciente que con dos; alimentar una boca que dos; enseñar a un niño que a dos; etc.etc.etc.; y si a eso sumas que en realidad somos siete mil millones de humanos en el planeta… Calcula…
Pero, ¿cuál es la causa de que nunca el humano haya podido resolver a través de la historia este y sus demás endémicos problemas? ¿Hay una especie de causa primera? Nuestra hipótesis causal es: el conjunto de sus defectos que dificultan el buen trato a sí mismo, el buen trato a los demás y el buen trato a lo demás, supera la necesidad y la acción del conjunto de sus cualidades. Dicho de otra manera: el ser humano no posee suficiente voluntad para el bien. Esta sí es una causa primaria en el conjunto de causas y efectos que acaban manifestándose en nuestros problemas cotidianos y de subsistencia. La globalización no es viable porque el humano no posee suficiente voluntad para el bien. El problema de la vivienda, como todo otro problema de la vida en comunidad, tiene su causa última en esta condición. Si no se supera esta causa y problema, los demás problemas serán a veces parcialmente mejorados, pero nunca superados, como ha ocurrido a través de toda la historia humana. Habrá leyes mejores un día, que al siguiente acabarán beneficiando a  unos y perjudicando a otros; habrá soluciones que luego crearán abusos y otros problemas; habrá discursos políticos más realistas y técnicos, pero luego se diluirán entre intereses creados; habrá más riqueza, pero más pobres; habrá más casas, pero siempre más insatisfacción; habrá más alimentación, pero menos nutrición; habrá más medicina, pero menos salud; habrá más escuelas y universidades, pero menos educación; y, sobre todo, cada vez más infelicidad, como efecto de nuestra fundamental incapacidad de ser realmente mejores.
Si hasta aquí mi análisis es correcto: ¿Qué podremos hacer para superar este mal primero?... Ayúdenme ustedes a responder

sábado, 28 de mayo de 2011

ALGUIEN CIERRA UNA PUERTA

Alguien cierra una puerta. Alguien calla, alguien grita, alguien se avergüenza y vuelve a callar. Alguien huye y respira. Alguien sonríe y vomita. Alguien deja atrás sólo pisadas, sólo manotazos, sólo burlas que borran pisadas y manotazos. Alguien corre al teléfono. Alguien enciende una luz que no se prende. Alguien ora y se persigna. Alguien besa, alguien abraza a los amores de su vida. Alguien pone candados, alguien los quita. Alguien mira sus flores y se desnuda de prisa. Alguien se toca el bolsillo y suspira. Alguien se levanta o se humilla. Alguien canta, alguien huele, alguien da gracias por regresar a la vida. Alguien se seca una lágrima. Alguien se acuerda que debe volver atrás, sin soltar la manilla. Alguien tiene una casa. Como todos los días, alguien cierra una puerta.

POR LA COLA DE UN BUEY


Por la cola de un buey me encaminé bien tierra adentro. La paz se descolgaba por entre los árboles en conchas de rocío. La luna cosquilleaba de espuma bajo el vientre del buey. Los niños venían cantando desde las chozas de sus pueblos, subían felices a su lomo y de un brinco aleteando con sus manitos alcanzaban el cielo. El señor reloj se había puesto serio y dormía. Tomé una nube y la doblé bajo la cabeza de mi niño. Esta es mi canción de cuna.

viernes, 27 de mayo de 2011

Y DIOS NO ESTABA AHÍ (IIIºparte)

De alguna increíble manera Dios estaba ahí afuera, en el patio de mi casa, al otro lado de esta simple muralla que separaba mi humanidad minúscula, de su trascendencia insostenible, abismante… Entonces sin palabras ni voces ni conceptos comprendí quién era Dios… Y sentí miedo, sentí terror y pánico… porque el dulce amado, el padre de amor infinito con quien yo me había fundido desde mi adolescencia… acompañándome en cada movimiento vivo hasta copar con su amor y luz cada torcido pliegue de mi cerebro y de mi alma; el que me había alimentado con su sustancia hasta hacer de mí el que yo era… incluso lo mejor de mí, que no era más que suyo… La obra de su infinita dulzura y amor… No era tampoco más que la mera humanidad de Dios… Esa infinitamente minúscula y efímera parte de Dios que cabe en este infinitamente minúsculo ser de su universo creado… Y que Dios, ahí afuera, esperándome… desafiándome… de alguna forma tan aterradoramente grande… me mostraba un nanosegundo de su Gloria… Gloria de amor y aniquilamiento eterno para todo lo humano, para este ser tan insignificante que se quería ingenuamente unir en cuerpo y alma con el aterrador ABSOLUTO…
Ahora ahí, detrás y a punto de un solo parpadeo aniquilador para siempre de esas invisibilidades que por delicadeza conmigo siempre había desmaterializado… ahora, todavía inmensamente delicado para enseñarme que por amor no podía dejarse ver como siempre yo había querido, pero al mismo tiempo aberrante, terroríficamente superior a mí, me amenazaba en mi propia desmesura, en mi libertad y demencia… “¡Abre las ventanas!”—quería decirme—“¡Y ven a mí, como hasta ahora has querido!”
--¡Dios mío, tú sabes -- y siempre supiste-- que no pude!... ¡Tuve miedo de dejar de ser!... ¡No pude, porque soy un hombre y tú eres Algo así como Dios!... Pero no el dios ni el ente de ninguna revelación, de ninguna religión, de ningún planeta, de ninguna creencia o experiencia humana… Diminuto, suave, amoroso, absoluto y terrible, ante todo terrible… ¡Todo este tiempo he venido aprendiendo de tu verdadera condición y de la mía, más que nunca antes aprendí de Ti y de mí!

sábado, 21 de mayo de 2011

ALICIA


Su pelo se ha vuelto blanco sentada en el balcón. Tantos rocíos de luna tiñeron su cabello, y el fulminante resplandor de la aurora. A su espalda el tic tac de su reloj milenario marca el ritmo de su esperanza tenaz y adormecida. Esa mujer aún espera a su príncipe, tratando de olvidar las brechas que sus amores insatisfechos dejaron al partir. Un bolero gime ruinoso y lejano una y otra vez desde el desván. La dama toma temblorosa la  taza de té desde la mesa. Una nube parda cubre de improviso el sol. La dama lleva su mano crispada hasta el pecho. El sonido de una porcelana que se quiebra contra el piso, y el rojo té se escurre bajo su pie inmortalizado.

viernes, 20 de mayo de 2011

Y DIOS NO ESTABA AHÍ (IIºparte)


Dormía… dormía uno de esos sueños en que tú sabes que estás durmiendo… sueño lúcido en que tu conciencia no duerme, sino se percibe a sí misma… tanto así, que podía ver mi cuerpo arropado e inerte sobre la cama y yo despierto dentro de él, o fuera de él –es difícil saberlo--… Pero era un sueño, sí que era un sueño, porque yo miraba por mi ventana este cielo maravilloso de la noche y veía a lo lejos, en el horizonte, una danza bellísima de esferas de luces que trazaban a grandes velocidades por el telón nocturno una polifonía de lazos luminosos. Y era hermoso, misteriosamente hermoso, como si esas luces palpitantes no fuesen de este mundo… De pronto, comenzaron a acercarse velozmente hacia mí… Una voz grave y poderosa explotó dentro de mi cabeza, sin pasar por el filtro de mis oídos: “¡¡¡Ahora sí…!!!” De un brinco me incorporé sobre la cama, abrí mis ojos, pero no desperté… o mejor dicho, me di cuenta de que nunca estuve dormido… de que aquello que me estaba ocurriendo siempre estuvo ocurriendo, sin la distinción natural despierto-dormido… Mientras esa voz de trueno, esa voz sobrecogedora e imperativa seguía resonando ya sin palabras dentro de mi cráneo.
Entonces ocurrió aquello que sólo comprenderán los pocos humanos que lo hayan vivido… Una luz imposible atravesó los postigos de madera y las cortinas de grueso lino que tapaban mi ventana… una luz circular, blanca, tridimensional, sólida y translúcida a la vez, como la luz de un faro, potente y liviana, silenciosa… que cortaba la materia, el espacio y el tiempo, sin rozarlos siquiera… El terror crispó mi cuerpo, mi alma y mi espíritu, todo junto… porque comprendí de una vez, en un instante de intuición absoluta… QUE ALLÍ ESTABA DIOS…
(continuará)

sábado, 14 de mayo de 2011

Y DIOS NO ESTABA AHÍ


(1ºReyes, 19:11-13)

Ningún demonio ni monstruo ni espectro, ni siquiera abominación alguna surgida de las profundidades de la mente humana, puede asemejarse al espanto y  horror de la experiencia de encontrarse Aquello que denominan Dios.
Era sólo una tibia noche más en las oscuridades de ese cielo tridimensional de mi Valle del Elqui. Ese cielo desbordante de estrellas que te aplastan el alma y que hacía tiempo me venía asombrando con su creador. Cristiano de familia pero sin religiosidad institucional ninguna, me adentré de joven en el Cristo místico de mis espontáneas lecturas bíblicas, y, sobre todo, en un Jesús también desbordante y sobrecogedor que comenzó a revivir su vida y pasión por la Galilea de mi alma. Así, un buen día me reconocí amigo íntimo de Jesús y de Dios. Tan amigo y tan amado y amante, que Dios y Jesús se transfiguraron en uno conmigo.
Entonces ocurrió aquello. Aquello que yo busqué desde el inicio mismo del despertar de mi conciencia; desde que miré por primera vez el universo con los ojos bien abiertos y me dije a mí mismo: “¡Aquí hay un Dios!”. Por años, lentamente, progresivamente, como uno se va enamorando de un amor imposible, buscaba a Dios por todas partes… Siempre Él me rehuía, se escondía detrás de un lugar invisible justo cuando yo alcanzaba a distinguir el último vuelo de su negro manto. Pero cada visión incompleta, cada frustración de perderlo una y otra vez me dejaban  una huella tan dulce, tan sobrecogedoramente real, que me llenaba y me acercaba más y más a Él precisamente por su vacío y ausencia.
Esa noche yo contemplaba una vez más el espacio eterno entre las estrellas. Yo contemplaba el espacio vacío y el espacio lleno. Yo era uno solo con Dios. Entonces me levanté de mi sillón y me fui a dormir en calma, con la certeza de que Dios vendría por fin a mí, al frente de mis ojos, como verdad develada.
(Continuará)

Rodrigo Inostroza Bidart