jueves, 17 de noviembre de 2011

Jorge Teillier

A Jorge Teillier

Amigo Jorge
nunca podré sentarme contigo
junto a tus rieles provincianos
ni dibujar con mi risa
tu risa  cansada y triste
ni tomar tu mano solitaria
extendida como un celaje rojo
desde el otro lado del río
volcar con negro vino
la mesa de la madrugada.
Nunca podré seguir tus pasos
zigzagueantes y livianos
como un  cazador de versos
si tú no me disparas primero
desde la muerte.

martes, 15 de noviembre de 2011

Invocación


Te invoco soledad del mundo
alturas del mundo
nieves del mundo
cielos del mundo.
Te invoco ave suprema
nube resuelta en cascada de agua
te invoco pensamiento veloz
pensamiento humilde y lloroso
pensamiento hambriento
pensamiento de niño moribundo
pensamiento de ángel de papel.
Te invoco a la luz de mi vela
cuando se va la luz de la tarde
y solo queda la oscuridad
para invocarte.
Te invoco como a un muerto.
Te invoco de miedo
miedo de mí
miedo de ti
miedo de todo.
Te invoco esta noche
sobrecogedora
aunque al llegarte
soledad
me muera.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Dos flores




Dos flores
solitarias
en torno a la cumbre de tallo negro
 este joven cerezo
abiertas
sin temor
dentro del párpado montañoso
y seco
este cielo
inmóvil
de noviembre
sonríen
al sol
en azul.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Sólo piel



Pegada mi piel al asfalto
se estira un poco más con el tranco galopante
de las ruedas que torturan y me queman.
Ya no tengo cuerpo
soy un pellejo pegado al pavimento
y aquel caminante me mira
con recelo
también dispuesto a pisarme.
Las monjitas de la Caridad
al verme allí tirado
se persignan
y llaman a la policía
que me busca por las calles ululantes
sin hallarme.
¿Cómo se puede vivir pegado al pavimento
y no morir de hambre ni frío?
Hay un perro que me huele y ladra
hay una gaviota que me invita al mar
y una hormiga me hace cosquillas en la oreja aplastada.
Hay un gramófono en la esquina que canta
y me dan ganas de bailar como un fantasma
hasta el amanecer.
Estoy pegado al suelo
demasiado atropellado
sólo piel
para levantarme.

jueves, 10 de noviembre de 2011

El pasado


El pasado dibuja en el presente su historia
y se resiste
relata en animitas junto al camino la memoria
un desvencijado Ford sin ruedas
la ortiga dolorosa y verde crece sobre sus asientos rotos
y sin estridencias
vuelve una y otra vez la luz del día para no olvidar
que estamos vivos aunque ayer morimos
también mis tíos que siempre murieron
y aunque no fui a su funeral para no morir con ellos
cuando me miro en el espejo me reconozco en sus caras
sonrientes y largamente desvelados
para que no le tema a la muerte
la presente siempre en el pasado
como un callejón bien angosto
donde hemos comprado allá en el fondo nuestra nueva casa
¿para qué hablar de pasado si está entre nosotros el futuro?
y si quisiera incluso otro tiempo
el tiempo arriba o el tiempo de al lado
o el mejor de los tiempos
nadie podría negarme que las amapolas empujan hacia arriba
y que por mi lado pasan sombras de otra edad
las propias si quisiera
o tantas otras luces que aquí llamamos sombras.
Al calor del pensamiento crecen larvas
los caracoles arrojan espuma por el vientre
y en arcoíris desgarran el mundo sin tocarlo
son nubes de inexistencia explosionadas en mariposas
son las vides tempranas que sonríen y sonrojan
sin mirar el reloj
que cuelga como un vellocino seco de una higuera seca
atrapado en el potro de su ritmo algorítmico
como una catedral gótica atrapada entre cien rascacielos
se golpea el pecho de ceniza y piedra por sus deudos
se resiste
inmovilizada
latente
a cerrar el paso hacia las catacumbas del tiempo
y señala hacia la rosa de los vientos
allí la presencia del huracán
aullido enloquecido demasiado alto en la cornisa
para que algún humano subterráneo la vea.

martes, 8 de noviembre de 2011

TRABAJAR COMO BLANCO



Hace unos treinta años se usaba una expresión en mi patria –Chile-- que ahora ha caído en desuso: “trabajar como negro”, y que sin ser especialmente denostativa hacia esa raza, hacía mención a  su esclavitud pasada y al excesivo trabajo. Ahora llamar a alguien de piel morena negro se considera una ofensa. Sin embargo, propongo acuñar de aquí en adelante el término “trabajar como blanco”, haciendo mención a esta nueva forma de esclavitud del hombre mundial, bajo la férula del trabajo capitalizado.
El trabajo fue considerado una maldición para los judíos de hace tres mil años y así lo describieron en su Torá. Quizás hoy mayoritariamente ya no piensan lo mismo y tienen sus suculentas razones… Pero nosotros, los blancos --histórica raza de dominadores--, hemos caído incautamente en la trampa de trabajar para cumplir con algún deber moral o afectivo. Yo no trabajo para subsistir; de ser así, probablemente ni siquiera me interesaría subsistir. Yo trabajo para que mis hijos se eduquen y tengan las oportunidades de desarrollarse y vivir en sociedad de la misma manera que yo las he tenido. Con eso me es suficiente para “trabajar como blanco”. ¿Adónde ha llegado la humanidad para que un humano tenga que esclavizarse o prostituirse en función de un trabajo para esto tan simple y natural: que vivan sanamente sus hijos? “Trabajar” se ha convertido para todos en la condición sine qua non para lograr y realizar el sentido de vivir, sea este los hijos, la mujer, la amada, los padres, el reconocimiento social, los bienes materiales, la casa propia, la autosatisfacción, el enriquecimiento, el descanso, la vocación, etc. etc.
Cuando Hobbes, en el año 1651, sostuvo que el Estado nos protegería a cambio de cederle nuestra libertad, no fue lo suficientemente claro y preciso para agregar que donar la libertad, a cambio de lo que fuese, acarrearía la muerte del sentido y del valor del Hombre. Aquí hemos llegado con nuestro contrato social. ¿Cómo no simpatizar a veces con los más extremos anarquistas, harto más lúcidos que esta casta contemporánea de borregos blancos?
El trabajo—con Marx o sin Marx—nos aliena, porque hemos establecido una verdad irrenunciable: “Vivir dignamente es posible sólo trabajando y trabajando”. Y para el 95% por ciento de los habitantes de este planeta, trabajando en desmedro de uno mismo y en beneficio de otro. Quizás sea eso la esencia del mensaje cristiano. Sin embargo, el original crístico “ama a tu prójimo como a ti mismo” requiere otro intento de revisión de la doctrina social de la Iglesia. Los ricos cristianos y no cristianos se han apropiado del “ama a tu prójimo” “ama a tu prójimo”, a condición de que el rico sea tu prójimo y que el tú mismo sea lo que el rico te quiera pagar.
Hemos nacido para crear y en libertad—parece hoy demostrarlo la abrumada historia--. Hemos venido a desarrollarnos no en número ni en bienes, sino en calidad de espíritu y de mente, con las maravillosas e inimaginables consecuencias que eso nos habría de causar. Cuesta reconocer que tenemos un sentido como humanidad, que tenemos un imperativo natural, que de seguir contradiciéndolo nos convertirá en dinosaurios extintos, demasiado arrogantes para un planeta pequeño… Que exista Dios o no exista, eso ya ni siquiera es crucial ni prioritario de proponer… Que se destruya el humano a sí mismo y al planeta habitable, eso sí lo es…
“El trabajo dignifica”. ¿Para qué?... Sea y lo comparto, pero no el trabajar como blanco.