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sábado, 23 de julio de 2011

LA VIDA ES SUEÑO



Al emerger del cascarón de mis sueños comprendo mi necesidad de soñar. La vida se replica infinitas veces a sí misma en un parto absurdo y sublime, dentro del cual mis sueños son no más que otra forma de desgranarse a sí misma, como se mutila procreativamente en átomos y seres. Yo despierto mientras ella sueña que yo despierto; yo duermo y sueño que ella duerme y sueña que yo vivo. Uno y otro sueña el mismo sueño de amor. Y como yo la amo, ella me ama; y como ella me ama, yo la amo. Hay otros que se odian en pesadillas de dolor, que se reproducen a sí mismas como células cancerosas contemplándose en oníricos espejos de vanidad. Sólo debo reprocharle que me haya hecho parte de algunos sueños que recién están comenzando, aunque ella me ha puesto allí como un germen de perfección. Amor y horror. Despertar y volverse a dormir con ese peso dulce y atenazante que vuelve rígidos los párpados hasta caer en ese sueño inevitable de la muerte. ¡Duelen los párpados de la muerte, como duele en los ojos ciegos también el renovado despertar a la luz!... Sin embargo, he descubierto una nueva forma de soñar: ¡Sueños lúcidos!

1 comentario:

  1. Vi su anuncio en Facebook y por mera curiosidad, lo seleccioné. Tengo el extraño vicio de andar rondando de blog en blog, leyendo pensamientos que a veces, no se sabe si son sacados de sueños, o bien, son sueños - como usted mismo ha dicho - lúcidos.
    Sería en verdad extraordinario recordar los sueños que tenemos, más de uno expresa silenciosamente el murmullo del deseo o el miedo del corazón: pesadillas sin forma definida que nos despiertan a mitad de la noche bañados en sudor o, que sin que ése sea su primer propósito, hacen que reflexionemos sobre nuestro diario andar.
    Eso sí, concuerdo con que los sueños más seductores aparecen cuando estamos despiertos. Fantasías espabiladas que dibujan la senda de nuestra vida. La capacidad humana para soñar es de las más bellas, pues nunca se aparta del alma del hombre: así tengamos diez, veinte u ochenta años, el sueño nos impulsa a continuar con bríos. Y sin temor a equivocarme, puedo declarar que eso es mágico.
    Mientras no sucumba al sueño dulce del sopor eterno, espero que siga teniendo disparates en la cabeza, que algún día, forjen sonrisas y remansos de paz.

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