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miércoles, 27 de julio de 2011

LA BOLITA DE BARRO

Comenzó así. Mientras me hallaba tendido junto al estero vino mi hija María, la de ojitos claros, y colocó riendo una bolita de barro en mi espalda. Yo también reí al ver como el lodo se estiraba en mi piel. Entonces ella corrió hacia el río y para aumentar mi alegría instaló una nueva masa de barro. Volvimos a reír. El calor y su virtud sanadora se trasladaron a mi cuerpo. Ya hacia el anochecer, felices el uno y el otro, María tenía levantado sobre mí un pequeño promontorio de algunos metros de alto. Alguien la llamó por su nombre, y ella partió corriendo entre risas saltarinas. Me quedé allí bajo la tierra, en paz, esperando las lluvias del otoño, y los pastos tiernos, las nubes en lo alto y la nieve y el vuelo alto de los cóndores que anidarían entre los peñascos de mis cumbres.

1 comentario:

  1. tiene el mismo trasfondo de mi escrito...
    EL CAMINO DEL PORDIOSERO.
    estamos como en la misma onda rodri...

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