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miércoles, 2 de febrero de 2011

LOS ÁRBOLES SE MUEREN SIN AMOR



Los árboles se mueren sin amor
a la vista de pueblos de fantasmas crucificados
sobre todos los gólgotas de la tierra
que todavía gesticulan humeando
los chillidos del infierno del hombre.
El humus translúcido donde el sol amante poetizó
constelaciones imposibles de formas de vida
en vueltas y vueltas de amor infinito
hasta parir incluso la desconcertante forma humana
¿por qué engendra ahora sólo hijos del dolor
fugitivos para la enfermedad y la muerte?
Caen las últimas lágrimas secas de los árboles
alargadas y vacías como frías sombras polares
y a veces florecen sin explicación entre llamaradas de invierno
las sonrisas pudorosas de labios de colores
sólo a veces
porque la vida sí sabe cumplir el itinerario divino
hasta el final de la muerte
como el ruiseñor o la abeja bailarina
o la añosa y emblanquecida luna incluso.
Los árboles han dejado de crecer
amputados por los tendidos eléctricos
amarrados con alambres de púa
silenciados en papel para la vanidosa palabra humana
apilados en cementerios de lustrosas viviendas
masacrados en guetos mundiales de complicidad.
La tierra se hunde en un fango caliente sin amor.
Los niños gimen en sus cuartos que se achican más
mientras contemplan por el agujero de la ventana
los morenos brazos de los árboles vacíos
que se extienden como puentes cortados
hacia ellos.

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