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miércoles, 2 de febrero de 2011

ESA TURBIA LARGA NEGRA Y ROJA LÍNEA




Esa turbia larga negra y roja línea
que primero gotea lenta y dolorosa
cuando se abre la piel llorando a latigazos
a besos de odios seculares
a impactos sonoros de fuego fatal
del arma asesina de un hermano de esta tierra
que trabajó humildemente en su vida
para poder apuntarte y disparar.
Ese crespón en tu solapa abierta
esa carne solferina al ancho viento
flamean como frutos estivales desgarrados
como semillas de la vida liberada de sí
como ruptura de voraz existencia
que acaba devorándose a sí misma
en gusanos de barro y pólvora.
Esas venas lívidas que se cruzan
como ramales de trenes al infierno
desde trincheras enemigas del amor
desde tierras separadas a fuego lento
desde ríos de savia fecunda
enrojecidos a gritos de furor y espanto
ya no gotean sino escurren
de manos de piernas de pechos mutilados
ya no gotean sino escurren
por encima de las fosas desbordadas
para ir a morir a la mar.
Esas multitudes ya sin nombres
sangran.
Esas multitudes asignadas con un número en la historia
sangran.
Y unos nombres de caudillos miserables
beben sangre.
Beben sangre roja de campesinos
de obreros de pobres y padres
de ilusos de patriotas de incautos
de héroes y de asesinos
de vendedores de mercenarios de generales
de hermanos de hijos y amantes
de hombres que mueren matando.
Esa línea negra y roja no gotea
esa es la turbia línea negra y roja
sobre el confín del horizonte humano.

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