viernes, 26 de marzo de 2021

Introducción a una investigación de los límites de la Realidad (Parte 2)

 


Introducción a una investigación de los límites de la Realidad

(Parte 2)

Rodrigo Inostroza Bidart


 

Investigar la Realidad es lo mismo que pretender investigarlo TODO, pues hasta nuestros conceptos y producciones de irrealidad – como la fantasía desbocada, o las percepciones alucinatorias de la locura – pueden ser considerados fenómenos de la realidad mental. El solo concepto de realidad se puede entender de tantísimas maneras que se hace naturalmente inabarcable y discutible. Sin embargo, el ser humano desde los inicios de su condición natural e histórica, y siempre, ha concebido algo más o menos definible como realidad, con las debidas y obvias diferenciaciones históricas, geográficas, culturales, étnicas, sicológicas, lingüísticas, religiosas, individuales, etc. Este hecho incontrovertible, no obstante, nos permite identificar al menos dos componentes universales de toda experiencia y concepto de realidad y de irrealidad[1] [Recomiendo la lectura de todas las notas argumentativas para una adecuada comprensión del texto]:

I.              La realidad y la irrealidad son inevitablemente y siempre la constatación de una experiencia humana, mediada por una experiencia humana de hecho, pues incluso la concepción de un dios metafísico o trascendente – más allá de la realidad -, o las teorías físicas y cosmológicas de universos paralelos o de multiversos, son necesariamente realizaciones (realizaciones teóricas o posibles, pero ya con un estatus de realidad) dentro de una mente humana.[2] Por otra parte, aunque aseguramos que es una irrealidad que la Tierra posee cinco lunas que giran en torno a ella, esa irrealidad también posee al menos un estatus de experiencia de realidad mental (representación mental). En otras palabras, la realidad y la irrealidad son sólo aquello que el ser humano puede experimentar y experimenta como realidad e irrealidad. De ello, se infiere 1), que podría “haber” (término puramente metafórico y sugestivo) [3] “algo” (idem) “inconmensurable” (idem) “respecto de” (idem) la realidad (nuestra) y la irrealidad (nuestra). Así como también, 2) que puede haber realidad e irrealidad (potenciales) más allá del ámbito de realidad e irrealidad conocidos hasta ahora por la Humanidad.[4]

 

II.           Existe una dimensión de realidad (Universo material) que acompaña, complementa, contiene, etc., al ser humano en su condición de creatura o ser natural. En este aspecto, la realidad también es el entorno en que el ser humano se desenvuelve y que puede reconocer y experimentar primariamente a través de su corporalidad y de sus sentidos. Secundariamente, la mente humana con sus diferentes facultades se experimenta naturalmente a sí misma (especialmente por medio de la consciencia) en una relación de dependencia e interacción mente-cuerpo-entorno físico o Universo. Desde esta perspectiva común de realidad, la irrealidad se concibe como lo no-físico, es decir, lo que no posee ni espacio, ni materia, ni tiempo cronológico sustentable[5]. Desde aquí se entiende, por ejemplo, la asunción atea (materialista) de que Dios no es real, o la concepción (materialista) de que la mente como entidad metafísica no es real.[6]

 

Sin embargo, el hecho de que hayamos identificado estos dos criterios universales de realidad e irrealidad no nos resuelve para nada el magno problema de la Realidad-Irrealidad, pues la  sola interacción y superposición complejas de estos dos sentidos productivos de realidad – por más universales que sean - han provocado desde siempre innumerables variaciones, diferenciaciones, polémicas, confusiones, imprecisiones, confrontaciones, etc., en las concepciones de realidad e irrealidad a través de la historia y de las experiencias humanas. Podría parecer tan simple a primera vista decidir para mí y para todos: esto es real, y esto otro no; esta taza es real (porque es material), y esta pesadilla, no (porque es puramente mental). Sin embargo, cuando se escarba sólo un poco en la pregunta: ¿Qué es lo real, y qué no lo es?... O sea, ¿qué es lo que hace que algo sea real, o no?... TODO sin excepción se desfigura, se complica, se nos aleja.[7]

El tema y problema es de tal envergadura, de tal complejidad, dificultad y amplitud que no pretendo aquí sino más que bosquejar uno que otro de sus puntos para mí principales. Aquí sólo comienza la tarea investigativa, aunque, incluso perseverando, no creo que vaya a acercarme hasta el resto de mi vida a un estado de la cuestión satisfactorio, y menos, final.

Por ello, necesariamente ha de parecer arbitrario que en este artículo y en este punto salte abruptamente a declarar que, como se infiere de mi referencia y análisis del Incidente Exeter [en publicación previa, id., Parte1], el fenómeno ovni modifique y desafíe derecha e intencionadamente TODAS nuestras experiencias y conceptos de Realidad. Sin duda que ésta no es más que una hipótesis mía, como todo lo que pueda afirmarse respecto del Fenómeno, y también como todo lo que pueda afirmarse respecto de la Realidad. No estamos en un estadio evolutivo de nuestra especie en condiciones (como individuos y como especie) de levantar más que hipótesis más o menos probables acerca de ningún tema que vaya más allá de nuestra experiencia inmediata.[8]

Por lo tanto, quiero adelantar ciertas hipótesis – sin desarrollarlas ni justificarlas aún - relativas al fenómeno ovni y la realidad, al cual denominaré preferentemente el Fenómeno una vez que profundice y amplíe ciertas cuestiones particulares acerca de la naturaleza y del trasfondo del llamado fenómeno ovni, pero también, lisa y llanamente, de sus increíbles y extraordinarias características y manifestaciones:

Foto de ovni desde video de ovnis desclasificados por el Pentágono (2020).

 

I.             El fenómeno ovni parece manifestar una intención y una adecuación de provocar y para provocar una experiencia y modificación en nuestra vivencia y sentido de realidad e irrealidad, más que revelar (voluntaria o involuntariamente) una condición intrínseca al fenómeno y a las características de sus naves y “pilotos” (ya sean extraterrestres, o bien alienígenas, u otras entidades[9]).

Es casi una constante en las experiencias de EC, especialmente en los EC mayores que el tipo 1, que los experimentadores directos expresen o hagan evidente que la realidad se trastorna ante (y en) ellos y se desconoce (se extraña), no sólo físicamente, sino también sicológicamente.[10] Sin embargo, de ser así, seguramente no sólo se busca intencionadamente la modificación del sentido de realidad del experimentador, sino que nuestros saberes colectivos – del orden que sean -, nuestros paradigmas de conocimiento, también sean puestos a prueba, cuestionados, y se modifiquen.

Recordemos, por ahora someramente, que los ovnis son casi entidades con comportamientos que no son propios de un objeto físico natural, por ejemplo, apareciendo y desapareciendo instantáneamente, realizando movimientos y transformaciones en el espacio y del espacio, que violan nuestras leyes físicas. Sus características físicas, morfológicas, de diseño, etc., no siguen un patrón estable ni conocido, ni comprensible, o siquiera creíble para el ser humano. Su mutabilidad no parece tener límites de ningún tipo. Los ovnis se comportan como si estuviesen “conectados” internamente con la mente del experimentador, incluso anticipando sus decisiones y movimientos. Es probable que se hayan manifestado históricamente al ser humano en el pasado, y que haya registros materiales de distinto tipo de su presencia, lo que permitiría suponer su capacidad de alterar nuestra constante de realidad-tiempo, incluyendo acceso a la realidad-futuro.[11] Etc., etc., etc.[12]

Si a lo anterior agregamos las manifestaciones físicas de sus ocupantes ante los experimentadores de ECs, la cuestión relativa al sentido de realidad cobra una dimensión quizás aún más desconcertante y exclusiva, ya que siempre involucra un efecto directo (interacción) sobre la mente del experimentador, y también sobre el cuerpo, en el caso de los EC-IV (abducciones). Esta experiencia de interacción (física y/o mental) entre Entidades y mente humana parece ser incalculablemente trascendental y extraordinaria para la experiencia y capacidad de Realidad del ser humano, pues puede alterar hasta el límite (¿?) la condición, no sólo sicológica, sino hasta ontológica de la mente humana. Es decir, la experiencia de EC con una Entidad alienígena puede llegar a anular - en su grado extremo - la “estructura” (“naturaleza”) síquica y ontológica en lo humano[13], que sustenta, a su vez, el primer principio de Realidad de todo ser humano, mencionado más arriba (n°I).[14] Si a ello agregamos la condición de ruptura y superación de nuestros principios físicos de Realidad – objetivados como “leyes naturales” -, tanto por  parte de ovnis, como por parte de Entidades (“tripulantes”), nos enfrentamos a una anulación también del segundo principio de Realidad, mencionado más arriba (n°2), de modo que podríamos encontrarnos, además, ante una desestructuración y anulación ontológicas de nuestra realidad física, natural y material (Universo).

Esto puede sonarnos desastroso y terrorífico. En alguna medida lo es, pues excede con mucho a las obras de ficción y teorías de invasiones alienígenas y sometimiento de la Humanidad. Esta hipótesis nuestra se parece mucho más a las teorías aniquiladoras de la especie humana. Sin embargo, creemos que hay suficientes evidencias para suponer o hipotetizar que las Entidades se proponen con nosotros un programa planetario de tres etapas combinadas y superpuestas, que en conceptos humanos equivaldría a: destrucción-conservación-recreación. Esto quiere decir que no es concebible un tipo de destrucción aniquiladora, sino una forma de destrucción-transformación (pacífica-violenta) que al mismo tiempo sea conservadora de la condición ontológica humana[15], y seguramente también física y mental, para permitir una recreación sin ruptura total, o hasta sin ruptura “formal”, desde la condición humana actual, hasta la nueva y futura[16]. Esto crea una paradoja que podría expresarse como: “Las Entidades (y ovnis) están aquí para destruir nuestra realidad-conservando nuestra realidad-para recrear nuestra realidad.”

 

II.           Los tripulantes asociados comúnmente a los ovnis son un fenómeno aún más complejo y elusivo que los mismos ovnis. La gente común, sin mayor información especializada, asume que los ovnis son pilotados por extraterrestres o alienígenas de diferentes formas y tipos, humanoides o monstruosos, que viajan por el espacio, o a través de agujeros de gusano, desde lejanas estrellas y galaxias. Sin embargo, cuando se amplía y profundiza la información general, y, además, uno se sumerge en los testimonios de innumerables experimentadores, se descubre que los “seres inteligentes” que aparentemente controlan y dirigen las naves son todavía más desconcertantes y extraordinarios que los mismos ovnis. Sólo para no quedarme en un enunciado tan general y ambiguo, señalo aquí unos pocos elementos que permiten avizorar el tipo y magnitud de asunto que propongo.

Primero, tal como ya señalé, es probable que los ovnis mismos sean un tipo de entidad alienígena inteligente o personal – en un sentido próximo al que nosotros humanos entendemos estos términos -. Su capacidad para asumir aspecto y características perfectamente humanas, o para aparecer como humanoides, o robots, o animales, o esferas, o criaturas monstruosas, o luces u otros tipos de concentraciones de energía, o figuras religiosas, u objetos, o voces, o representaciones mentales de todo tipo, o registros del pasado, o alucinaciones, o sueños, etc., etc., etc., parece no tener límites, ni limitación. Esto nos permite suponer que las formas con que los identificamos y experimentamos no son más que proyecciones y materializaciones estrictamente configuradas para interactuar con lo humano, con personas particulares y únicas, de acuerdo a Sus propósitos ajustados al mismo tiempo a nuestra condición, limitaciones y capacidades. Para cualquier persona normal esto que acabo de describir y enunciar no parece posible, no parece real. Y es verdad, no es real, porque hay seguramente un abismo ontológico entre ELLOS – o lo que sea - y nosotros. Existen ya numerosas hipótesis sobre qué puedan ser y querer estos seres. La mayoría de ellas se sustentan desde lo meramente aparente, en las formas que adquieren en general, o en casos particulares, como, por ejemplo, la llamada hipótesis extraterrestre (HE), vale decir, que son habitantes de otros planetas y/o galaxias que viajan en naves tecnológicas por el espacio interestelar. Nosotros, sin hacernos cargo aquí de la rica discusión al respecto, propondremos derechamente la nuestra.

Como ya dejamos planteado, cuando se ha revisado bastante la multiforme e inagotable bibliografía e información de todo tipo en relación con el fenómeno ovni[17] - tanto la aparentemente confiable, como la aparentemente irrisoria -, la cuestión de los “seres extraterrestres” se transforma – bajo condiciones de apertura mental y cognitiva - en algo absolutamente desconcertante y extraordinario. Uno de los primeros hechos que nos llama la atención es que los “extraterrestres”, o alienígenas, muchas veces no están asociados a la presencia de ningún tipo de ovni. Pueden incluso aparecer en un lugar aislado, cerrado, y desaparecer, o atravesar muros u obstáculos materiales, sin la menor dificultad; pueden comunicarse telepáticamente con personas, estando ELLOS presentes físicamente o no; pueden crear ilusiones en las personas, hipnotizar, hacer dormir o perder la consciencia, pueden provocar visiones, estados alterados de conciencia, estados síquicos, pensamientos, emociones, amnesias, diversas parálisis – probablemente también parálisis del sueño -, sinestesias, sicosis y seguramente otras sicopatologías, incluso hasta el colapso psico-físico con resultado de muerte, etc. Es tal el poder y control que demuestran sobre la mente humana, que éste es otro argumento más para suponer que, si tuviesen alguna intención de control o violencia sobre la Humanidad, ya podrían haberla ejercido sin la más mínima dificultad.[18]

Todo lo referido hasta aquí – más otros aspectos no mencionados -, nos ha llevado a concordar con aquellas teorías que han visto una asombrosa coincidencia entre el fenómeno ovni, junto con el comportamiento de estos seres, con múltiples manifestaciones en diferentes áreas de lo anómalo, de lo misterioso, de lo extraño y de lo fantástico. Quien conoce a fondo la fenomenología ovni-entidades sabe que frecuentemente están asociados a fenómenos y eventos parasicológicos, religiosos, sobrenaturales, legendarios y míticos, históricos, espiritistas, fantásticos, artísticos, anormales, místicos, espirituales, mediúmnicos, absurdos, imaginarios, culturales, terroríficos, etc. Es difícil, por tanto, establecer los límites entre el fenómeno ovni-entidades y las manifestaciones más aceptadas, hasta las más descabelladas, desde los inicios mismos de la condición histórica del ser humano en este planeta. Incluso podría tratarse de una sola y misma Realidad-Irrealidad – una sola Entidad o sustrato óntico y para-óntico - que nos ha acompañado en nuestra evolución natural e histórica tanto a través de las formas – para nosotros - más naturales, hasta las más fantásticas, las más ilusorias y engañosas, las más absurdas, horribles y aberrantes, y, en definitiva, a través de TODO, Realidad e Irrealidad, sin excepción.[19]

Personalmente, aunque ello no es garantía de nada, y sin que signifique para mí otra cosa sino una hipótesis disponible a ser falsada en cualquier momento y permanentemente, actualmente me inclino a creer más en esto último... Entiendo las dificultades y oposiciones que una hipótesis o teoría de esta naturaleza pueda provocar no sólo a las personas individuales, sino a la Humanidad misma, desde la completa reformulación de su Historia, de su conocimiento, de su experiencia, sentido y visión de realidad e irrealidad, de su propia salud y condición mental, de moral, de sentido de vida, de creencia, de futuro, de ciencia, de sociedad, de planeta, de Universo, de identidad, etc., etc., etc., y de TODO… Pero si es cierta, aunque sólo sea en parte, no podremos seguirnos oponiendo para siempre, ni impedir que se realice según Sus propios designios y modos, pero no los nuestros.

 

 

[Continuará]

 

 

 



[1] En todos los casos el concepto de irrealidad o irreal es siempre una extensión (subordinada) del concepto de realidad, ya sea como negación o bien diferenciación de aquello que se concibe como real. Por ejemplo, el color hixterio – lo acabo de inventar – es irreal, porque no es reconocible como parte de los colores físicos, pero también le he otorgado un grado o forma de realidad al inventarlo como color (el referente de realidad).

[2] En consecuencia, si existiese alguna forma de realidad más allá de la experiencia humana de realidad y de irrealidad, no podría ser en absoluto real ni irreal para el ser humano. Esto no es lo mismo que ignorar o desconocer algo que es accesible eventualmente a nuestra experiencia actual de realidad, como por ejemplo que haya algo completamente desconocido en el núcleo, principio o fondo de un hoyo negro – eso de antemano sería accesible y potencialmente real -. Advierto, con todo, que mi planteamiento (teórico) poseería validez sólo respecto del pasado y del presente humano, pero no necesariamente respecto del futuro, pues las condiciones determinantes de la experiencia de realidad podrían eventualmente cambiar.

[3] Utilizo comillas para resaltar que los términos se usan de modo no connotativo, y sólo sugestivo o metafórico, en relación con un “algo” ininteligible e innombrable, pero que nos estamos forzando paradójicamente a hacer comprensible y verbal.

[4] En futuras publicaciones volveré repetidamente sobre estos temas (límites) nada fáciles de concebir y de traducir - siempre imperfectamente - a una conceptualización verbal y racional.

[5] La temporalidad o concepto de tiempo asumido por la civilización occidental es a todas luces un problema candente, una inconsistencia e incoherencia en cualquiera de sus teorías y concepciones, al cual le daremos oportunamente discusión y análisis.

[6] En el hinduismo, que niega la realidad de la experiencia fenoménica y material, igualmente se conserva la distinción real-irreal, sólo que se mezclan y se confunden, prevaleciendo el principio de irrealidad sobre el de realidad (ilusoria) en el ámbito de la experiencia natural humana (Maya). En la filosofía advaita, por ejemplo, se asigna sólo a Brahman (absoluto) la condición de realidad.

[7] La taza deja de ser “la taza”, y la pesadilla, “la pesadilla”… O bien, si no queremos complicarnos la existencia, le asignamos a todo un valor determinado sin más indagaciones ni dudas, como frecuentemente lo hacen las religiones, la ciencia, la política, la moral, los medios de comunicación, y, sin ir más lejos, las personas en su vida cotidiana y personal. Y es que en buena medida el sentido de realidad se nos impone por sí mismo – está dado - desde fuera y desde dentro, sin importarnos demasiado si sea válido o no, porque preferimos que simplemente sea funcional y práctico.

[8] Y aun en este ámbito de lo inmediato, todo es altamente incierto, relativo y discutible. Concordar en lo cotidiano entre dos o más personas que una cosa es más probable que otra – no que parece más probable - es difícil y arduo. Pero, a cambio, puedo estar seguro de que, si miro mi dedo índice, realmente miro mi dedo índice (ámbito de lo inmediato). Por otra parte, al salirme de mi contexto inmediato, y plantearme que, si miro (de hecho) mi dedo índice, esto es real más allá de sólo “estarlo mirando”, carece de certeza indubitable, y sólo puedo plantearme hipótesis más o menos probables al respecto.

[9] Incluso pudiendo haber una suerte de simbiosis, o bien entidad única, entre el “artefacto” ovni y sus tripulantes, como sostienen algunas teorías verosímiles.

[10] Éste es un fenómeno sicológico complejo e inusual, al cual la sicología no le ha dado la importancia y el estudio que requiere. Esta particular experiencia de realidad-irrealidad y sus efectos mentales no son igualables a ninguna otra experiencia natural (física), salvo a algunas de tipo parasicológico. Trataremos de este paralelismo e importantísimo punto en próximas publicaciones.

[11] Existen numerosas experiencias de experimentadores ECs que se manifiestan asociadas a un conocimiento anticipatorio y anticipado del futuro.

[12] Existe abundante información y bibliografía sobre cada uno de estos aspectos, por lo que no haré mención a ellas en esta Introducción. En futuras publicaciones continuaré extendiéndome sobre estos aspectos extraordinarios de ovnis y Entidades.

[13] Reconozco insalvables dificultades para referirme conceptualmente a una experiencia límite para la condición humana. Estas expresiones mías son meramente metafóricas y sugestivas, al igual que todos los términos y conceptos de filosofías tradicionales y/o históricas con los que pueda hallar paralelismos.

[14] En relación con esta hipótesis, mencionaré en futura publicación cierta experiencia personal y extraordinaria que me permite desarrollar con argumentos vivenciales, originales y excepcionales esta hipótesis, que también observo implícita en diferentes relatos de ECs.

[15] Algo así como una “destrucción esencial en transición esencial y formal continua”. Todo este planteamiento, que puede ser muy discutible – eventualmente errado - y difícil de aceptar, será desarrollado y justificado en futuras publicaciones.

[16] Un argumento razonable y probable que circula abiertamente entre ufólogos e investigadores sostiene que, si ELLOS hubiesen querido aniquilarnos o someternos, ya deberían haberlo hecho naturalmente desde hace mucho tiempo, dada la superioridad demostrada respecto de nuestra condición y civilización. Además, han evidenciado falta de agresividad espontánea, y también en Su respuesta no violenta a nuestra agresividad y acción violenta – de diferentes maneras - ante su presencia y encuentro. Personalmente considero que la pretendida violencia de Su naturaleza sicológica y de Sus aparentes intenciones, por ejemplo, en las abducciones, y los maltratos físicos y sicológicos sobre los abducidos, no responde a Su naturaleza, sino a una intención específica y acotada. Lo mismo estimo respecto de otras manifestaciones aisladas de violencia y daño a personas y animales, como en las mutilaciones y en procedimientos cruentos con resultado de muerte. Aunque éstas bien pueden responder a causas que ignoramos, o a circunstancias que desconocemos, como pudiese ser, por ejemplo, que nos encontremos ante la presencia de diversas Entidades, de diferente naturaleza e intención hacia la Humanidad.

[17] Tan elusiva y misteriosa es la condición de los pretendidos ocupantes extraterrestres de ovnis, que la mayor parte de la información y de la identificación del Fenómeno, recae en su aspecto más externo y evidente para nosotros humanos, esto es, los ovnis. Es decir, percibimos, estudiamos y creemos saber mucho más de los ovnis, que lo que percibimos, estudiamos y conocemos de sus ocupantes. Lo cual hace mucho más probable que no conocemos nada, ni de lo uno, ni de lo otro – porque “conocer” es sólo una minúscula realización propia de la condición sólo humana -.

[18] Al igual que en los casos de maltrato y violencia física, también pueden reconocerse ciertos comportamientos coercitivos, violentos y destructivos en el ámbito de lo síquico humano. Sin embargo, no hay ninguna razón para no reconocer un paralelismo con similares motivaciones, explicaciones y circunstancias, que las propuestas en el plano físico y corporal. Vid. supra, n.14. Si bien, asociados a estos aspectos, existen también particularidades sobresalientes y trascendentales, propias del ámbito mental, de consciencia y de identidad (condición) humana, que requerirán un tratamiento especial en futuras publicaciones.

[19] Por ello me referiré en adelante a esta dimensión personal del fenómeno ovni, así como a los seres inteligentes que se le asocian, lo mismo que a cualquier otra forma o manifestación en que puedan presentarse, o se hayan presentado ante la realidad humana, como Entidades o Lo Entidad, a falta por ahora de un nombre mejor.

sábado, 20 de marzo de 2021

Introducción a una investigación de los límites de la Realidad (Parte 1)

 



Introducción a una investigación de los límites de la Realidad

(Parte 1)[1]

 

 

He tomado una decisión difícil. No estoy convencido de ella, pero creo que debo ponerla a prueba. Trataré de hablar lo menos posible; no más explicaciones (meras palabras) previas; en cambio, necesito constatar qué pasa, qué pasa con este asunto, con las personas que se enteren de esto, y, especialmente, qué me pase a mí mismo... Todo lo que guarda relación con esto es demasiado abierto e incierto. Yo lo sé, y espero que pueda verse (mucho) también en el curso de esta experiencia extraordinaria…

¡Tómese en serio lo que voy a decir!... Esto no es más literatura que lo que te acontece, ¡a ti lector!, en tu vida cotidiana, si tuvieses que contarla. Esto está basado en hechos reales, igual que tu vida personal está basada en hechos reales. Me estoy exponiendo como no lo he hecho antes.

Podría comenzar literalmente de infinitas maneras. No conozco que esto tenga un comienzo… Por ello, he decidido que intervenga parcialmente el “azar”, o, como prefiero llamarla, sincronía: Después de reflexionar y recordar cuál era, sin duda, la mejor fuente testimonial y bibliográfica acerca del fenómeno de los ovnis, abrí mi primer archivo computacional en la larga columna de documentos de las publicaciones de la ya clásica y fenecida Flying Saucer Review (FSR), cuya identificación o nombre aparecía en mi notebook como “FSR 1966 V 12 N 1”[2]. Al abrir este primer archivo, me di cuenta de que no lo había leído antes. Además, antes de comenzar su lectura, decidí azarosamente que también el primer el artículo de este número sería el elegido con el cual comenzaría la aventura épica (pública) que estoy tratando de iniciar... Llevaba por título Important New England Sighting[3], por Dan Lloyd. Se trata de un resumen de dos páginas de un informe original del NICAP escrito por Raymond E. Fowler[4], y publicado en FSR por Dan Lloyd, conocido investigador y editor de temas de Ovnis. Puesto que pocas personas tendrán acceso a esa publicación, y, además, por estar escrita en inglés, ofreceré a continuación mi síntesis del resumen publicado por Lloyd.

El evento ovni ocurrió cerca de Exeter, New Hampshire, el 3 de setiembre de 1965. Aproximadamente a las 12:30 am., el oficial de policía Eugene Bertrand se acercó a una mujer estacionada en la circunvalación de Exeter-Hampton, quien le contó con excitación que había sido perseguida por un objeto volador que estaba rodeado de un brillante resplandor rojo, y que se había abalanzado sobre su coche varias veces.[5] Aproximadamente media hora después de este evento, Norman Muscarello, de dieciocho años, estaba caminando por la ruta 150 a unos tres kilómetros de Exeter, tratando de conseguir un aventón a la ciudad. De repente, se alarmó al ver un objeto con al menos cuatro luces rojas pulsantes extremadamente brillantes emerger de los bosques cercanos. Se cernió sobre una casa perteneciente a Clyde Russell; mientras el asustado joven se agachaba detrás de un muro de piedra que bordea el campo, el objeto a su vez parecía acercarse a él. Sus luces eran tan brillantes que la casa de los Russell estaba bañada en un resplandor rojo. El objeto parecía tener unos 24 a 27 metros de largo, y era completamente silencioso. Luego se alejó y desapareció detrás de unos árboles. Muscarello intentó despertar a los ocupantes de la casa de Russell golpeando en la puerta, pero, pensando que el joven estaba borracho, se negaron a abrir la puerta. Muscarello finalmente se dio por vencido, y se dirigió a la comisaría de Exeter.  Muscarello informó del incidente al oficial de guardia Reginald Towland sobre la 1.45 a.m. Estaba blanco de miedo y apenas podía hablar. El agente Bertrand fue llamado a la estación, y recogió a Muscarello para regresar con él a la escena del incidente. Ya en el lugar, mientras el oficial de policía movía su linterna de un lado para otro, Muscarello avistó el objeto que se elevaba lentamente desde atrás de unos árboles cercanos. Bertrand se giró y vio un objeto grande y oscuro que llevaba una fila recta de cuatro luces rojas pulsantes extraordinariamente brillantes entrando en el campo a la altura de los árboles. Pasó por encima de un árbol de 21 metros, y se acercó a menos de 30 metros de ellos.[6] Instintivamente, el oficial Bertrand echó mano de su revólver, pero, pensándolo mejor, le gritó a Muscarello que se pusiera a cubierto en el coche.[7] Bertrand inmediatamente hizo una llamada por radio a la central para pedir ayuda.[8] El oficial David R. Hunt llegó en pocos minutos y, juntos, observaron que el objeto se alejaba más allá y por debajo de la línea de árboles. En su informe, Bertrand agregó que el reflejo del cuerpo del objeto causó un efecto de halo a su alrededor. Los testigos no escucharon ningún sonido, ni siquiera a corta distancia, pero aparentemente los animales en un granero cercano sintieron algo que los asustó, porque relincharon y patearon sus establos. Un perro ladró furiosamente.[9] No se notó ninguna interferencia en la radio de la policía ni se vieron afectadas las luces ni el encendido del coche patrulla. En el campo no había marcas de quemaduras o hendiduras. Sumado a esto, un hombre no identificado e histérico trató de llamar a la policía durante la madrugada para informar de un ovni. Llamó a la operadora y pidió alteradamente que lo pusiera en contacto con la policía, ya que había sido perseguido por un "platillo volador". Antes de que la llamada pudiera ser transmitida a la policía, la conexión telefónica se cortó. Ni el hombre ni la estación de pago pudieron ser localizados posteriormente. Después de que la policía informara del incidente a la Base de la Fuerza Aérea de Pease, en Portsmouth, un mayor de la USAF y un teniente, ambos en uniformes, llegaron e interrogaron a los policías. Después de un intenso interrogatorio, se les pidió que ocultaran el avistamiento para no alarmar a la población local. Pero era demasiado tarde, porque varios periodistas ya se habían hecho con la historia. Al interrogar a los oficiales de policía, el equipo de la USAF estaba particularmente interesado en el tamaño y la forma del objeto, y si las gallinas de un campo cercano se habían alarmado durante el avistamiento. Por varias semanas antes de los avistamientos la policía había recibido informes de personas que decían que su casa de repente se había iluminado con un resplandor rojizo después de haberse acostado, pero no se vio ningún objeto… Hasta aquí la narración de Dan Lloyd en FSR.

 Norman Muscarello, junto a los dos policías (de pie) que participaron en el EC-II. (Foto.)

  

Con ingenuidad supuse que me encontraba ante un caso sólo rescatado por esta revista, pero mi sorpresa fue grande cuando, después de pasearme investigando por internet – como de costumbre -, hallé un revuelo ya histórico con el así bautizado “incidente Exeter”. ¡Era un caso emblemático de la ufología y yo no lo conocía!... Reuní bastante información, y armé mi propio dosier, con la sensación de que este nuevo evento no hacía más que reforzar mi intuición sostenida por años de que me sigo adentrando en un terreno demasiado inabarcable, y hasta desconcertante y peligroso para mí. La segunda sorpresa fue constatar que el caso sigue siendo, en lo medular y resumido, precisamente lo narrado por Lloyd,[10] y que los abundantes argumentos escépticos son – como de costumbre en el tema ovnis - sólo pinceladas superficiales, positivistas y racionalistas, que nunca abordan la complejidad, la singularidad y profundidad del fenómeno, como un fenómeno que, a todas luces en la experiencia de quienes la viven, supera y trasciende – sobrecogedora y hasta brutalmente - la realidad misma  y la condición humana.[11]

En el incidente Exeter, pues, nos enfrentamos a un caso sobresaliente de Encuentro Cercano del segundo tipo (EC-II), según la denominación poco precisa, y actualmente ya modificada, de Hynek.[12] No hay ninguna razón seria y debidamente justificada para dudar de la autenticidad de las experiencias de sus participantes.[13] Yo no soy un creyente ortodoxo e inflexible en la realidad del fenómeno ovni, ni en la información que circula al respecto, aunque sea de primera fuente, o incluso considerada confiable. Tampoco soy un escéptico, obviamente, ni comparto una visión exclusiva o predominantemente científica -aunque siempre la integro -. Mi formación y actividad filosófica y filológica me han dejado una impronta crítica y analítica que me acompaña irrestrictamente en todo, y en toda forma de conocimiento – hasta en las más validadas y autorizadas -. A cambio, podría definir mi enfoque y método como abierto, holista y ecléctico, lo que acaba llevándome casi siempre a una visión independiente y personal de las cosas y las materias de estudio.[14]

Definido esto, me propongo a continuación dejar lanzadas algunas cuestiones no sistemáticas acerca del incidente Exeter, pero, sobre todo, acerca de ciertos asuntos trascendentales, hacia los que necesito progresivamente encaminarme en el futuro.

 

I.             Las personas que participaron en el avistamiento son personas normales, promedio en la sociedad norteamericana de la época, incluso con la participación de dos oficiales de policía, a quienes se considera, desde un punto de vista social – EEUU año 1965 - altamente confiables.[15]

Este es un punto que ha sido observado como patrón o constante, por muchos investigadores del tema ovni. No existen prácticamente experiencias de EC en personajes destacados – en cualquier ámbito -, ni públicos. En cambio, sería difícil establecer un recuento de los muchos millones de EC que han ocurrido sólo en nuestra época, a partir del caso Arnold (1947) en adelante.[16] Considero que este patrón es consistente con el hecho ya casi innegable de la voluntad (propósito, o lo que sea) de sus ocupantes (seres inteligentes) de no manifestarse ni abierta, ni pública, ni oficialmente ante la Humanidad, ni ante nuestras autoridades, líderes, representantes, medios de comunicación, etc., pero sí masivamente a la población mundial, a través de experiencias personales y grupales bien controladas y acotadas.[17] Con todo, las grandes preguntas: ¿Qué son?, y ¿Qué hacen aquí?, permanecen tan abiertas y desconcertantes como en un principio…

 

II.           Al parecer, ninguno de los experimentadores del caso Exeter había vivido antes al menos un EC-I.

Las personas que no han vivido experiencias previas de EC demuestran generalmente una respuesta emocional muy alterada en su primer EC, independientemente de si hayan creído o no previamente en la realidad del fenómeno ovni. Esta respuesta alterada se debe casi siempre a que esta experiencia – en todos sus aspectos - rompe (no coincide con) las estructuras cognitivas y sicológicas, y hasta el sentido de realidad, de las personas experimentadoras.[18] Por lo mismo, es esperable que una persona se condicione escéptica y negadoramente respecto del fenómeno ovni en conjunto, antes de experimentar por sí mismo al menos un EC-II. Existe un verdadero abismo ontológico – y total - entre una persona que ha vivido una experiencia de EC-II, y más, respecto de alguien que no ha experimentado nunca al menos un EC-I.[19] Además, las consecuencias y efectos sobre la vida personal del experimentador (EC) son generalmente decisivos y fuertemente determinantes para su vida posterior.[20]

 

III.          Tanto la mujer conductora, así como Norman Muscarello, señalan que el ovni se comporta con ellos (acercándose y alejándose) de modo intencionado y dirigido (hacia ellos).

Nosotros, como observadores, investigadores, experimentadores, o en el aspecto que sea, sólo tenemos una percepción superficial, antropogénica y distorsionada de los “ovnis”, de los “tripulantes” de los ovnis (o “alienígenas” cuando se aparecen), y, en conjunto, de la experiencia completa de todo EC. Usamos todas nuestras facultades y capacidades humanas para experimentar el Fenómeno, y para procesarlo mental y cognitivamente, tratando de conocerlo y definirlo, a pesar de que nos supera en un nivel abismante e inconmensurable. Por otra parte, ELLOS parecen conocer íntegramente nuestra condición – mucho más que nosotros a nosotros mismos -, de manera que actúan condescendientemente[21] con la Humanidad y, en general, con las personas, aunque su naturaleza y sus intenciones más propias sean inalcanzables para nosotros.

 

IV.          El ovni utiliza luces rojas y movimientos espaciales y aerodinámicos como estímulos de percepción y de mente para los experimentadores humanos, como medios de comunicación unidireccional (hacia los experimentadores humanos), y como elementos vivenciales (para los experimentadores humanos).

Aunque el Fenómeno utilice estas formas y recursos accesibles y familiares para las personas, al igual que en todos los ECs reportados a través de la Historia, igualmente presentan alteraciones tan ostensibles respecto de los ya conocidos por los experimentadores, que probablemente no cumplan más que – o sobre todo - con una función de “puente”[22], acercando y alejando al mismo tiempo tanto a la Entidad como a la persona humana en una experiencia interdimensional (EC), o punto focal de encuentro (espacio-tiempo) de dos realidades radicalmente diferentes. La experiencia personal y síquica que conlleva este tipo de EC para las personas experimentantes es tan excepcional y tan límite de la realidad y de la condición humana, que por sí mismo es un aspecto del Fenómeno hasta ahora ignorado y descuidado.[23]

Mi hipótesis personal es que todo evento de EC es cuidadosa y completamente intencionado y configurado por las Entidades – antes, durante y después del evento -, mucho más allá de lo que como humanos somos capaces de hacer y hasta de concebir, incluso como irreal e imposible.

 

Estoy claro de que hasta aquí ya he propuesto demasiadas vaguedades, puros fuegos de artificio intelectuales, y que las personas generalmente necesitan detalles, precisiones, explicaciones minuciosas y accesibles, pruebas, argumentos, información, respaldos, confirmaciones, autoridades, etc., para comprender suficiente y consistentemente lo que se les quiere enseñar, y mucho más todavía para aceptarlo. En ese sentido, lo que acabo de exponer resulta inadecuado y débil. Incluso pudiera parecer que no va a ninguna parte; que todo ha sido un pie forzado, desorganizado, inconsistente y sin sentido. Lo es desde la perspectiva de un lector inadvertido, y lo asumo como un defecto necesario. Sin embargo, hacia donde quiero dirigirme no existen razones sustentadas lógicamente, ni evidencias, ni pruebas empíricas o científicas, ni conocimientos válidos y ciertos. Si los hay, están siempre subordinados a una experiencia límite y primaria para la mente humana. Si los hay, y los logro transmitir, será sólo el efecto colateral de un intento de aproximar a nuestros modos naturales de conocimiento la exploración original de la extraña realidad en la que me encuentro investigando. Por ello, debo concluir, apelando a su intuición y buena voluntad: ¡Todo está por verse!...



[1] Esta Introducción será publicada en 2 partes.

[2] La revista Flying Saucer Review, año 1966, volumen 12, número 1. En mi notebook los archivos no siguen un orden cronológico estricto, sino de otro tipo.

[3] “Importante avistamiento en Nueva Inglaterra” [T. del A.] Ibid., pp. 3-4.

[4] “Este relato ha sido condensado a partir de una copia de un informe enviado a la FLYING SAUCER REVIEW por el presidente del subcomité del NICAP de Massachusetts, RAYMOND E. FOWLER. El original del informe fue enviado a la oficina general del NICAP en 1536 Connecticut Avenue, N.W., Washington D.C., 20036. Un modelo de investigación objetiva, el informe ofrece una interesante visión de los modos de trabajo del NICAP. Por desgracia, es demasiado largo para presentarlo aquí en su forma original, pero cabe destacar que una versión del informe, con los debidos reconocimientos a R.E. Fowler, apareció en el SUNDAY TELEGRAPH del 3 de octubre de 1965.” Ibid., p.3 [T. del A.]

[5] La versión extendida de este relato, en Fuller (1977, 10), agrega: “Cuando ella llegó al paso superior, [el objeto] se elevó a una tremenda velocidad y se perdió entre las estrellas.” [T. del A.]

[6] Fuller (1977, 11) precisa: “Vino hacia ellos como una hoja flotando desde un árbol, tambaleándose y dando bandazos mientras se movía. Toda el área estaba bañada por una luz roja brillante. Los costados blancos de la casa prerrevolucionaria de dos pisos de Carl Dining se pusieron de color rojo sangre. La casa de Rusell, a unos 91 metros de distancia, se puso del mismo color.” [T. del A.] Los informes independientes de Muscarello, y del policía Bertrand (a la Fuerza Aérea), agregan en Hynek (1977, 158-159) que las luces siempre se movieron en un ángulo de 60°. Además, en el informe de Bertrand (Ibid.) se lee: “Cuando el objeto se movía, las luces inferiores siempre estaban delante de las demás.” [T. del A.]

[7] En el informe del oficial Bertrand, en Hynek (1977, 159), se lee, además: “En un momento, estuvieron tan cerca que me dejé caer al suelo y comencé a sacar mi arma.” [T. del A.] No obstante, Hynek (ibid.) precisa que el policía Bertrand le reveló, cuando echó mano a su revólver, “que Muscarello le gritó: ‘¡Dispárale!’, pero pensando que esto era imprudente, lo guardó, y le gritó a Muscarello que se cubriera dentro de la patrulla […] temía que los dos fueran quemados por las luces cegadoras acercándose a ellos.” [T. del A.]

[8] Después de esta llamada, según Hynek (1977, 11), el oficial y Muscarello siguieron observando el objeto: “Se balanceaba de un lado a otro sobre su eje, todavía absolutamente silencioso. Las luces rojas pulsantes parecían disminuir de izquierda a derecha, luego de derecha a izquierda, con un patrón de 5-4-3-2-1, luego 1-2-3-4-5, cubriendo alrededor de dos segundos cada ciclo. Era difícil distinguir una forma definida a causa del brillo de sus luces. […] Su movimiento era errático, desafiando todos los patrones aerodinámicos convencionales. ‘Se disparaba’, dice Bertrand.  ‘Podía girar en [el espacio de] una moneda de diez centavos, luego se frenaba’.” [T. del A.]

[9] Fuller (1977, 11), dice, en cambio: “Perros en las casas cercanas comenzaron a aullar.”

[10] Los mejores textos complementarios parecen ser: Fuller, John G., Incident at Exeter (1966), y, secundariamente, Hynek, J. Allen, The Hynek UFO Report (1977).

[11] Un botón de muestra de un pobrísimo abordaje desde una perspectiva escéptica en relación con el incidente Exeter, ver McGaha y Nickell, ‘Exeter Incident’ Solved!, Skeptical Inquirer, November / December 2011, Volume 35, Issue 6, pp.16-19.  En alguna publicación futura me haré cargo del interesante y discutible fenómeno del escepticismo desde diferentes puntos de vista y manifestaciones, no sólo en lo relativo a los ovnis.

[12] Si bien, Hynek (1977, 154) lo califica tímidamente como EC-I, aunque la interacción entre el ovni y los diferentes experimentadores se reduce por momentos a unos 30 metros aprox. (y menos), y diferentes animales experimentan gran inquietud y alteración de su comportamiento. No se trata simplemente de un caso de avistamiento de luces a la distancia y sin interacción directa y próxima.

[13] No me hace sentido hacerme parte de la discusión inagotable en torno a este caso. Existe abundante literatura e información al respecto. Por ahora, me interesa presentar someramente ciertas cuestiones principales que superan la discusión específica acerca de este u otro caso en particular, y que me permitirán ir desarrollando progresivamente los asuntos de fondo, manifiestos y capitales que deseo comunicar.

[14] También tengo la intención de compartir en próximas publicaciones mi experiencia y aventura personal del conocimiento, a través de mi itinerario de vida.

[15] Considérese que el hombre que llama descontroladamente a la operadora y luego cuelga el teléfono es, con total seguridad, si no un experimentador real en el mismo incidente Exter, al menos un indicio evidente de los millones y millones de seres humanos que experimentan un EC, y que lo guardan en el más completo anonimato.

[16] El tema de la masividad, de la variada tipología y de la compleja fenomenología de los ECs será abordado en futuras publicaciones.

[17] Las teorías e informaciones relativas a contactos y acuerdos extraterrestres con gobiernos, grupos o instituciones humanas son tema complicado y espinudo que abordaré en próximas publicaciones.

[18] Este sentido de irrealidad – al igual que una suerte de parálisis cognitiva y sicológica - caracteriza a los EC-II, y en los ECs mayores, incluso cuando la persona ha vivido ECs varias veces con anterioridad. Es un tema casi ignorado por los investigadores, y que trataremos en futuras publicaciones.

[19] Ningún ufólogo, científico, escéptico, persona común tiene la más mínima idea de lo que está hablando u opinando en relación con el Fenómeno, si no ha experimentado por sí mismo un EC-II, y más. Esto puedo garantizarlo y afirmarlo tan categóricamente ciertamente a partir de mi propia experiencia personal con el Fenómeno, a la cual me referiré en futuras publicaciones.

[20] Cuestión importantísima, de la cual se desentiende la mayoría de los ufólogos e investigadores. Creo que John E. Mack ha sido el investigador – desde su condición de siquiatra – más sensible y lúcido respecto de esta dimensión, específicamente en las experiencias de abducción (EC-IV).

[21] Este carácter condescendiente no debe ser entendido como una condición necesaria en su encuentro con los individuos y la Humanidad. Volveré sobre este punto en un futuro.

[22] Los ovnis representan a su vez otro puente (medio), específico e intermedio, para acercar-separar a “alienígenas” (tripulantes), de humanos.

[23] Las ciencias y teorías de la mente de la Humanidad actual están tan ajenas en su cosmovisión y saber a este tipo de realidades mentales y extramentales (incluida la dimensión física no convencional), que, o bien dejan abandonados a su suerte a los experimentadores de ECs, o bien los descalifican y reducen a sus estrechos (cerrados) esquemas de realidad y conocimiento. Esta situación pobre y reduccionista se extiende, además, a múltiples áreas de conocimiento y opinión asociadas a este tipo de eventos, tales como fuerzas armadas, periodismo, instituciones gubernamentales y políticas, credos religiosos, científicos, instituciones académicas, etc., que reaccionan de diferentes maneras inadecuadas frente a estos fenómenos y aspectos de la realidad. Hynek (1977, 165s) llega a una conclusión similar: “Así, cerramos el archivo del Libro Azul sobre Encuentros Cercanos del primer tipo: casos tan extraordinarios que son reales sólo para la persona que ha experimentado uno, al igual que la nieve es real para un habitante de los trópicos sólo después de haberla experimentado viajando a latitudes del norte. La diferencia, por supuesto, es que la ciencia acepta la nieve; los ovnis, no lo son. Pero al no tratar con la evidencia, el estamento científico, como el Pentágono, está en realidad admitiendo que no tiene explicación.” [T. del A.]