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sábado, 18 de agosto de 2012

Existencia



Los abuelos se me van quedando atrás
y ya no sé quiénes son mis abuelos,
mis hijos se me van quedando atrás
y ya no sé quiénes son mis hijos,
yo mismo me voy quedando detrás del tiempo
como navío de madera rugosa sobre arena fina
mientras la espuma violácea se sumerge llorando bajo las olas
y desaparece entre los ensueños volátiles de un mar inquieto.
Me levanto desde el interior de la roca
en explosión de mariposas,
me olvido de mis huellas
resecas espigas diseminadas por el mundo
y busco reconocerme afanosamente en la memoria
que se repliega dentro de un caracol adolorido
hasta el centro de su punto final.
Soy cornamenta del atardecer sobre muros de chimenea abandonada
soy la gélida mirada del insecto entre las patas de una araña
y el picoteo animado contra el cascarón de mí mismo
que sorprende con un destino superior el contacto de la muerte,
la ingenuidad más certera e implacable de desgarrar la nada
por detrás, pasada,
por delante, futura.
Cuando el ahogado levanta por un instante la cabeza
por entre las olas de los demás ahogados,
sólo entonces yo contemplo
existencia.

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