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viernes, 23 de marzo de 2012

¿Importa el tiempo?



¿A quién le importa el tiempo
que la chinita tarda en recorrer el lomo gualdo de la colina?
¿Algún secretario dibuja en sus archivos mugrientos
el número sin fin de las estaciones?
Yo también me canso de ser hombre.
Yo me renuevo con la tibieza del sol lo mismo que la parra de mi jardín
y por mis manos florecen aunque no quiera las esperanzas azules
esas cabecitas peladas y risueñas de niños.
Vuelve el polvo al polvo,
siempre una mano tersa amasa el barro en el horno
lo mismo que el pan cada mañana.
¿A quién le importa el tiempo
que tarda en nacer y morir una mujer pobre?
Ella empuja la carreta y el triciclo
la semana el mes y el año
maestra del parir a empujones el sudor de la vida,
ella plancha ella teje ella barre para que el sol alumbre su amor.
¿Habrá algún banco en donde se ahorre la injusticia que sobra en el mundo?
A manos llenas vuelve a correr la lluvia
sobre la tierra de los corazones.
¿Habrá algún abogado que no se corrompa como los médicos con el dolor?
Al menos las estrellas están bien lejanas
para que no las alcance la suciedad del hombre
ahora que puede declarar sin temor que había fingido sus paraísos.
Yo también podría volverme trivial y amarillo
hedonista obeso accionista o comunista ateo
cajero del trabajo de los empleados sin paga
mercenario furioso al servicio del dinero global.
Yo sigo creyendo en escribir poesía,
yo sigo mirando tontamente el aletear impredecible de una mariposa.
¿A quién le importa el tiempo
que ha derrochado el universo para traernos hasta aquí?
Una nube un reflejo de luna
una ola levantándose sobre la superficie del mar
una araucaria que se desploma en un bosque por el empujón del viento
los copos de nieve que resbalan arriba en lo alto del cerro
¿ya no conturbarán más el sentir de los hombres?
Desde niño yo sabía que esto había de suceder
y no quería crecer
y no quería llegar a ser hombre
porque mi corazón o mi cuerpo demasiado sensible
se resistía a dejar de sentir
a dejar de admirar el misterio de la naturaleza
se resistía.
Tiembla mi suelo y mi casa con el paso de los automóviles,
 el cielo ruge a cada momento el martilleo de los aviones.
Nadie quiere el silencio inquietante del hondo pozo interior.
¡Qué lástima tener que morir para escapar a la necesidad de ser hombre!

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