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sábado, 6 de agosto de 2016

AKARGHI (capítulo 79)






Volvió a cerrar los ojos. Realizó siete veces la respiración de Shiva y dejó suspendido su yo en el vacío interno para que afluyese a su estado de mente el contenido de su trasconciencia. Sus sentidos externos ya estaban adormecidos. (Realidad externa, en pausa.) La primera situación de conciencia a la que accedió… 

Celda de meditación. Ejercicio de Hatha Yoga. Diez horas continuadas en Sirshasana. --Liberación. Estado de mente: --Imperturbabilidad. Vacío. -- Bilocación de la conciencia. Evidencia autoperceptiva del Cordón de Plata. --Éxtasis indiferenciado dentro de un estado de cuerpo. --¿Dónde estoy realmente?... Anulación del yo y de la conciencia siempre dentro de un algo causante. –Tiempo espacio autoconciencia fuera--… Anulación desconocida. Tiempo desconocido. Espacio desconocido. Vehículo desconocido. (Paranirvana). Deseo necesidad de permanecer eternamente ahí. Nada más. Incapacidad de sostener estado de paramente en estado de conciencia unidimensional. --Respuesta autoafirmante de la conciencia: --Transformación evolutiva de la conciencia… ilimitada, indefinible, desconocida, próxima.

Se teleportó instantáneamente a una segunda situación de conciencia…

Camino a Manali, sin saber que me dirijo a Manali… (Estado de conciencia próximo). Desgarrado de Lamayuru. Sin fe aprendida de maestros. Sin maestros. Desgarrado de mí mismo. Dirigido, buscando, inconciente, conciente, como flecha en pleno vuelo… El blanco conciente inconciente: una mujer, entrada a la humanidad, camino de perdición del mí mismo, inevitabilidad del mí mismo. Naturaleza, prakriti, intuición de trascender la ilusión a través de la ilusión. Suprema ilusión: el espíritu divino, la espiritualidad iluminada, trascendida, eterna, absoluta. Final de mi vida: la muerte, siempre la muerte. Trascender la muerte a través de la muerte… Regreso a la fuente. Fin desconocido. Latniavira, fruición de la esencia de la naturaleza y mujer. Muerte y renacimiento: yo hijo, mi hijo. Prolongación desconocida. Placer, belleza, sexo, amor, Latniavira, desapego y flujo, hasta alcanzar sus almas vórtices sin beber todo el océano, mera posesión. Regreso a la fuente, a los sentidos, a la mente vulnerable, al cuerpo caótico. Buen aprendizaje. No hay salto trascendental, sólo evolución progresiva, dramática, insignificante, diminuta, humillante, gradual… ¡Allá voy!

--¡Despierta, estúpido monje!

Una fuerte bofetada en su mejilla derecha lo volvió a la realidad. Rápidamente controló el dolor y el ardor de su rostro. Al abrir sus ojos, vio delante de él a Rohit con la cara contraída de rabia y miedo.

--¡El amo Aburghasim te llama, pedazo de mierda!

Mientras Akarghi se encontraba en  meditación la boda había seguido su curso y destino. Cuando todos los invitados ya se hallaban presentes, y una buena cantidad de comida y bebida había sido distribuida entre los comensales animados y felices, al son repentino de timbales, cornamusas y trompetas hizo su aparición el novio montado sobre un elefante profusamente engalanado, que ingresó hasta bien adentro del salón. Desde el techo cayeron guirnaldas de flores, confeti multicolor y serpentinas de papel delgado, al tiempo que una lluvia vaporizada de perfumes humedecía el espacio circundante. La gente gritaba, corría y aplaudía enfervorizada. Entonces el brahmin que había sido contratado para la boda se plantó en el medio del salón, la multitud abrió un espacio en torno a él, y éste, haciendo grandes ademanes y zalemas --sin salirse ni un ápice del sagrado ritual-- arrojó harina y arroz hacia lo alto, en tanto modulaba a viva voz alguna letanía que, sin embargo, nadie lograba escuchar. En respuesta a su invocación, se abrió un tragaluz que ocupaba el centro de la bóveda y comenzó a descender lentamente una voluminosa estructura, cubierta con un gran paño rojo de seda, que quedó suspendida bien arriba, cerca del artesonado. Se escuchó entonces un ¡ooooh!, largo y coreado por la multitud que vio súbitamente comenzar a elevarse por los aires al novio, halado por cuerdas invisibles, hasta llegar junto a la estructura volátil. Cogió con decisión el manto purpúreo y lo arrancó, dejándolo caer hacia el suelo. Otro ¡ooooooooooh!, todavía más largo y sentido hizo eco por los salones. Podía verse ahora que la estructura era una gran jaula con barras de acero y, dentro de ella, se encontraba la novia, enteramente de blanco, imponente con su largo y amplio vestido, con el rostro cubierto por un velo de organdí. El novio llevó su mano derecha al cinto; sacó una espada reluciente y dorada. La blandió por los aires y asestó un fuerte golpe a la estructura de acero, que cedió al mandato; se abrió una puerta camuflada entre los barrotes, el novio estiró su brazo izquierdo, esperó que la novia caminara hasta él para cogerla de la cintura, atraerla hacia sí, y comenzar a descender abrazados hacia el centro del salón. Entonces estalló una explosión de júbilo entre los concurrentes como si un dios, el mismísimo Shiva desposase ante sus propios ojos a Shakti. Fue en ese preciso momento cuando Rohit se acercó a Akarghi y le propinó el manotazo que ya conocimos.

Se escucharon numerosas salvas a lo lejos. La muchedumbre se agitó más, esperando una nueva sorpresa… Tal vez fuegos artificiales, o algo todavía más sofisticado. Akarghi se llevó ambas manos al pecho. Rohit lo cogió de un brazo y comenzó a correr por el salón, arrastrando a Akarghi. Entonces alguien gritó a viva voz: 

--¡Fuego!... ¡Fuego!... ¡Salgan de aquí!

Algunas mujeres comenzaron a gritar; los hombres se miraban unos a otros, hacia todos lados, con expresión de preocupación e incredulidad. Nuevas salvas más potentes y próximas, evidentemente disparos, que ahora eran respondidos por otros disparos. Hombres y mujeres comenzaron a correr a la desbandada, entre gritos, amenazas y vociferaciones. Rohit avanzaba con dificultad, empujando y golpeando a las personas que obstaculizaban su paso. Comenzaron a caer las primeras personas heridas y muertas en los salones. Por el tragaluz donde había descendido la jaula de la novia, ahora dos francotiradores disparaban sobre la gente. Se había desatado una carnicería, una guerra. Rohit siguió avanzando encorvado. Entonces Akarghi descubrió delante de él al novio. Sostenía sobre uno de sus brazos a su novia, que colgaba de él con su blanco pecho enrojecido de sangre, inánime, al tiempo que a pie firme disparaba hacia los francotiradores del techo. A sólo un paso de él, la cabeza del novio estalló repentinamente, destrozada por un disparo. El fuego declarado crecía voraz, irreal, por los muros engalanados con costosos tapices, finas taraceas y delicadas telas. Akarghi se detuvo, con un hábil movimiento se zafó de la garra de Rohit, y alcanzó a coger en el aire el cuerpo del novio que se desplomaba agonizante. Rohit se abalanzó sobre Akarghi, lo cogió del cuello con su inmensa manaza y comenzó a arrastrarlo por el suelo. Una bala atravesó su hombro derecho, esbozó una mueca de dolor, pero siguió avanzando. Diez pasos más adelante, parapetado tras un mesón que había volcado, Tashi Aburghasim disparaba hacia lo alto. Cientos de personas continuaban en el salón, escondidas detrás de cualquier cosa, sin saber qué hacer. Era evidente, por los muchos tiros, que afuera se extendía la masacre. Adentro, los paralizaba el peligro inminente de ser acribillados, o de morir, tarde o temprano, asfixiados y quemados.

Junto a Tashi, pegada a él, Latniavira se tapaba la cabeza y los oídos con sus manos. Levantó la vista al escuchar que llegaba Akarghi, pero de inmediato volvió a la misma postura. Las llamas iluminaron su rostro, acentuando el dramatismo de su angustiada belleza. 

--¡Maldita sea, sannyasin, saca a esta mujer de aquí, viva!... ¡Ahora!... –gritó encolerizado Tashi.

Tashi y Rohit comenzaron a disparar al mismo tiempo hacia la claraboya. Akarghi estiró un pedazo de su manto blanco, cubrió con él a Latniavira y la condujo sigilosamente, saltando entre el humo y las llamas, hacia una de las puertas de acceso.

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