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sábado, 11 de junio de 2016

AKARGHI (capítulo 71)






--Akarghi, ¿qué fecha es hoy? – le preguntó Farra-aj, mientras Akarghi desgranaba porotos dentro de una gran olla de greda, sentado ante el mesón central de la cocina.

Akarghi levantó la vista y miró con extrañeza al abad, que caminaba lentamente alrededor, y miraba al suelo con expresión reconcentrada.

--¿Lo sabes?—agregó, al percibir la vacilación de Akarghi.

--24 de Mayo del año 1857 –respondió con seguridad, pues esa misma mañana lo había escuchado de boca del abad, al iniciar su sesión de yoga con la clase de novicios.

Farra-aj se detuvo a contemplar una mosca que descansaba cerca del canto de la mesa. Lanzó rápidamente su mano sobre la mosca en un movimiento envolvente y la atrapó dentro de su palma; la acercó a su oído unos segundos y luego abrió su puño. La mosca voló veloz.

--¿Escuchas voces, Akarghi?—preguntó el abad sin mirarlo.

Un novicio introdujo cautelosamente su pequeña cabeza calva por el vano de la puerta; al descubrir al abad adentro, hizo una mueca de susto y salió de prisa, dando un portazo. Akarghi no lograba comprender las intenciones de Farra-aj. Pensó, antes de responder, ¿por qué no están los cocineros hoy?... Además, tuvo la sensación de que alguien más escuchaba la conversación que sostenían.

--Todos escuchamos voces, Venerable.

Farra-aj se detuvo delante de Akarghi, fijó intensamente y por primera vez su mirada en los ojos pardos del joven.

--¿Escuchas voces de seres que no son personas?

Akarghi no había visto nunca esa mirada en Farra-aj, ni en ningún otro ser humano. Le pareció inquietante. Nunca había hablado de esto con nadie; una natural desconfianza lo había inclinado a protegerse. Quiso mentir, pero las palabras se le atragantaron.

--¡Dilo, Akarghi, no puedes mentir!—agregó el abad, como si leyese las intenciones de Akarghi.

(Va a creer que estoy loco¡Mi Señor, no soy capaz de mentir!...)

--Sí—respondió casi en un murmullo.

--¿Con el pez del estanque, verdad?

--Sí—respondió casi con un susurro, y palideció.

--¡Humm!... ¿Con alguien más?

--Usted no debe hacer esto, Venerable… -- a Akarghi se le saltaron las lágrimas—No puede usted violentarme para que le revele lo que sólo en mi intimidad conocemos Dios y yo. 

El abad pareció satisfecho con la respuesta de Akarghi, sonrió levemente y se dirigió hacia un taburete de meditación que se encontraba junto a la chimenea. Se acomodó en su âsana, cerró los ojos, e inhaló profundamente, reteniendo la respiración. Después de unos minutos, volvió a hablar, pausadamente y con voz gutural.

--¿Has encontrado tus vidas pasadas?

Akarghi, que había retomado la acción de desgranar el montón de porotos que se le había asignado, se detuvo y miró nuevamente al abad. Ahora podía responder de inmediato:

--¡No!—

Una pausa, mientras sólo se escuchaba el picoteo de algún pajarillo cerca de la ventana; el caldero en la chimenea borboteaba con pequeñas burbujas y las especias se arremolinaban unas con otras. Akarghi vio por detrás del abad, en el muro de piedra, una figura extraña que se delineaba y parecía crecer con el resplandor de la chimenea.

--¿Y tus vidas futuras… has visto tus vidas futuras?

--¿Existen?

Farra-aj volvió a guardar silencio por unos minutos. Luego respiró sonoramente y entreabrió sus párpados. Akarghi tuvo la impresión de que el abad no estaba por completo en su cuerpo.

--Nadie viene a este mundo para nada, sino para algo... Este para algo es un futuro que ya está en alguna parte. Este futuro viene hacia nosotros, tanto como nosotros vamos hacia él… Tu futuro, dentro de otros infinitos futuros, te está buscando, Akarghi.

--¿Puedo conocerlo ahora?

--¡Es muy peligroso, Akarghi!... ¡Muy peligroso! Si desajustas los patrones del plan cósmico, puedes provocar una colisión de Universos.

--¿Qué debo hacer?

--Lo sabrás a su debido tiempo.

--¿De qué podría servirme, entonces, anticipar mi futuro?

--Ahora no podrías entenderlo.

Un frasco que contenía sal rodó desde una repisa y cayó estrepitosamente al suelo, rompiéndose y derramándose en forma de estrella por el piso de color caoba.

--¡Ahora debes irte!... ¡Vete, vete de aquí!—exclamó Farra-aj, como despertando repentinamente, e hizo un ademán perentorio para que se retirara.

Akarghi se puso de pie y salió de la cocina sin mirar atrás. Ideas, locas ideas se le venían a la cabeza. Se encaminó de inmediato hacia la fuente del Claro de Luna. Una sensación de inquietud lo acompañaba; necesitaba ver a Koi. Las sombras y las luces de la fronda cercana jugaban sobre la superficie de las aguas. La vio de inmediato. La pez dio una especie de brinco y se alejó sinuosamente. Akarghi introdujo la punta de sus dedos bajo el agua y esperó. Esperó un minuto, se inquietó más. Le habló con su mente y con su boca, llamándola cariñosamente, pero Koi no se dejó ver. ¿Qué te ha sucedido?... ¿Qué te pasa, querida Koi?... ¡Akarghi, el novicio tunante!... La imagen de Farra-aj se cruzaba en todo momento por su conciencia… ¿Puedo yo conocer el océano infinito si vivo en este estanque? El día anterior, no más, había experimentado seis horas en el Camino de la Verdad… ¿Seis horas?... ¿Sólo seis horas?... ¿El día anterior?... Akarghi, ¿qué fecha es hoy?... ¿24 de Mayo del año 1857?... ¿Y si en realidad fuese el año 2057, o 57, o 2157?... Ya verá como el potro de la recta meditación lo endereza… Has esperado ya doce años para volver a conocer el mal, y debes por lo tanto hacerte hombre… ¡Koi, no me abandones!... Pero nada, ningún eco, ninguna respuesta, Akarghi solo, frente a la realidad impertérrita, indiferente, muda y sorda, impersonal, al parecer…

Una mano se posó sobre su hombro. Akarghi la cogió con su mano derecha y, al reconocerlo, de un brinco se abalanzó sobre su amigo Kynpham Singh para abrazarlo.

--¿Qué pasa, Akarghi?

--¡Kynpham!, ¿Dónde está Koi?... ¿Qué me está pasando?

--¡Akarghi, estoy aquí!... ¡Mírame!

--¿Eres tú?... ¿Eres realmente tú? –exclamó Akarghi con lágrimas en los ojos-- ¿Te irás?... ¿Tú también te irás?

--¿Por qué?... ¿Adónde?

--¡Kynpham, el futuro… no sé dónde está el futuro y necesito encontrarlo!... Todo es demasiado breve, demasiado irreal, incomprensible… amado amigo.

--¡No te entiendo, Akarghi!... ¡No entiendo nada!... ¿Qué te ha pasado?... ¡Debe haber sido el tormento del Camino de la Verdad!... ¡Eso es, seguramente!...

--¡Sí, eso es!... ¡El Camino de la Verdad!... ¡Mi futuro es el Camino de la Verdad!... ¡El Camino de la Verdad, mi beatitud y mi tormento!... ¡Futuro, divino futuro, estoy aquí!...

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