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viernes, 5 de febrero de 2016

AKARGHI (capítulo 53)




53


--Debes estar muy enamorado de Latniavira para cometer tantas atrocidades por su causa.

Después de decir esto con lentitud y voz ronca, Tashi Aburghasim volvió la mirada hacia Akarghi, desplegando una sonrisa maliciosa y un brillo maligno en sus ojos. Akarghi paseó su vista por el entorno, contemplando los cadáveres ensangrentados de unos ocho hombres y dos mujeres tirados en el suelo de la plazoleta. Tashi apoyaba su espalda sobre una gruesa columna de mármol mientras limpiaba meticulosamente su revólver con una pluma de ganso.

--Es verdad, Tashi –replicó Akarghi--. Yo he llegado a degradarme y experimentarme en mi más perversa condición al hacerme cómplice y facilitador de tus execrables crímenes, pero así mismo tú tendrás que experimentar tu propia redención y la realización de tu espíritu divino que ahora oprimes en el fondo de tu alma.

--¡Eso no existe, muchacho iluso! ¡Mira a tu alrededor! ¡Mira esto!

Tashi apuntó en medio de los ojos a Akhargi y luego apretó el gatillo. La baló pasó junto al rostro de Akarghi, y, quemándole la oreja, le destrozó el lóbulo izquierdo. Akarghi se inclinó de dolor llevándose la mano a su oreja sangrante.

--¡Tú eres igual a mí, pequeña rata; no yo igual a ti! ¡Te lo demostraré!... Ya no eres el sannyasin virginal y puro que se nos presentó como un dios. ¡Qué rápido y fácil abandonaste tus votos de castidad y tu vida de asceta y santo! Te enamoraste y perdiste la cabeza y el juicio por el cuerpo de una mujer como el más ordinario de los animales humanos. ¿A quién le oras y realizas tus sacrificios diarios? ¿Hay alguien arriba o en cualquier parte que escucha tu silencio culpable? Lo único que gobierna la realidad es el poder y la acción. No eres ahora más que un maldito sicario a sueldo. Ya no eres mejor que yo.

--¡No soy mejor que tú, ni nunca lo he sido! Pero esto tiene que acabar…

Tashi volvió la mirada hacia Akarghi y lo observó a los ojos. Su mirada por un momento pareció experimentar el primer chispazo dentro de un polvorín, pero al percibir la candidez de los sentimientos de Akarghi, se relajó con la misma celeridad y lanzó una gran y larga carcajada.

--¡Sannyasin de mierda!, ¿por qué tengo que enseñarte a ser sólo un hombre y no un enfermo espiritual y delirante? Quizás en eso consista mi redención, como dices tú.

En ese preciso momento entró Latniavira por una calleja aledaña, con el pelo revuelto, sin maquillaje y apenas cubierta con una delgada túnica azafranada que transparentaba su exquisita desnudez. Su rostro acentuó la expresión de preocupación con que llegaba al observar la cruenta escena y la sangre que manchaba el cuello y el hombro de Akarghi. En lugar de dirigirse a Tashi, se acercó a Akarghi y solícitamente se inclinó a revisar su herida.

Tashi Aburghasim enrojeció y sus ojos parecieron hincharse hacia afuera de sus cuencas. La piel de su cuerpo se erizó de igual manera que innumerables diminutas flechas a punto de ser disparadas, y el polvorín de su ira explotó. Dio un par de saltos para alcanzar a Latniavira, la cogió de un brazo y le asestó un fuerte bofetón en una mejilla; luego puso el revolver en medio de su frente y echando fuego por sus ojos se dispuso a apretar el gatillo.

--¡No!—gritó Akarghi y tomando con fuerza el brazo de Tashi logró que lo retirara de su frente.

Tashi sintió que su fuerza se multiplicaba con la energía de un volcán en ignición, de manera que se zafó del tirón de Akarghi y le devolvió en el rostro un golpe con el cañón de la pistola. Akarghi se dejó caer al suelo, amortiguando el golpe sin oponerse al movimiento hostil. Una idea terrible se le ocurrió a Tashi, concordante con el estado en que se encontraba.

Se quitó la ropa con movimientos bruscos y veloces. Dejó caer la pistola a los pies de Akarghi y completamente desnudo se abalanzó sobre Latniavira; la besó con fuerza mordiéndole los labios. Con una mano la cogió de los glúteos y la apretó contra su pene erecto, frotándolo entre las piernas de Latniavira. Ella cerró sus ojos; Tashi le arrancó la túnica a Latniavira mientras besaba sus senos, su vientre, su sexo. Akarghi contemplaba paralizado la escena.

Tashi cogió de la cintura a Latniavira y se dejó caer a horcajadas sobre el cadáver de uno de los hombres, quedando sentado sobre el cuerpo muerto y con Latniavira sobre su propia pelvis con las piernas abiertas, apretándola contra su pene. Le mordió ambos pezones, introdujo con su mano derecha su pene en la vagina y comenzó a poseerla con fuertes movimientos de penetración. Latniavira se inclinó hacia atrás, apoyándose en los muslos de Tashi y, con los ojos cerrados y la respiración agitada, parecía disfrutar del sexo tanto como Tashi.

Akarghi miró la pistola que relucía junto a sus pies. Una mezcla de dolor y absurdo estremecía su pecho. ¿Qué era eso que ocurría ante sus ojos? ¿Acaso conocía realmente a Latniavira, a la que amaba? El arma que Tashi había dejado ahí para humillar su naturaleza espiritual, lo mejor de sí, en pos de lo peor de sí, era un camino incitante, dispuesto a satisfacer una parte importante de su ser, aquella que en este estadio evolutivo consideramos nuestra naturaleza animal y primitiva, el mal en nosotros, pero que se abre camino aún a esta realidad con demasiada facilidad y naturalidad. ¡Qué fácil y jubiloso sería para él tomar la pistola y dispararle primero a Latniavira y luego a Tashi Aburghasim! 

Podía ver con claridad las consecuencias. Podía anticipar quién sería él mismo en adelante, y esta misma evidencia le permitió entender que ya no era más ese animal, ese hombre simplemente que tantas y tantas vidas hacia atrás había experimentado arrastrando su karma repetido una y otra vez, como desafiando su pobre capacidad de llegar a ser libre, y que sólo buscaba perpetuarse en un futuro sin redención. 

¡Ya era libre!... O al menos podía comenzar el arduo camino de asumir la creación responsable de una realidad libre aún inexistente.

Akarghi los contempló una vez más en su acto sexual, juntó las palmas de sus manos a la altura de su pecho, hizo una profunda reverencia que sostuvo por unos segundos, y luego se dio media vuelta y salió caminando con una sonrisa de compasión y perdón.

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