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sábado, 31 de enero de 2015

Como todos los días




Como todos los días escribo, amiga,
bajo el alero de estas vigas de madera,
sobre la techumbre salpican gotas de lluvia,
sobre el techo mojado, una nubes implacables,
sobre las nubes, un cielo azul y un sol,
sobre el cielo intensamente azul,
la inmensidad del universo negro
titilante de estrellas muy lejanas,
sobre el universo infinito,
lo innombrable.

miércoles, 28 de enero de 2015

EL ERMITAÑO (capítulo 12)



“¿Cómo sabremos cuánto tiempo podemos ser ermitaños y cuánto tiempo debemos trabajar entre los hombres?”

Roerich Nicolás,  Shamballa


El ermitaño se acercó a una flor azul, la  miró dulcemente, cerró sus ojos y entonces pudo ver que alrededor de ella giraban doce flores de doce maravillosos colores. El ermitaño luego abrió sus ojos y divisó a lo lejos un mirlo posado en una rama de un pimiento. El mirlo dejó escapar un gorjeo alegre. El ermitaño tapó sus oídos con las manos y pudo escuchar extasiado un coro de trecientos ángeles alrededor del mirlo. Entonces comprendió que debía ir aún más lejos y recordó con intensidad la historia de su vida; un millón de emociones se reunieron juntamente en su corazón y en su rostro. El ermitaño cortó el flujo de la memoria y pudo recordar en un instante eterno su pasado, su presente y su futuro. De pronto se detuvo abruptamente, pues una hormiga le había mordido el pie. Le pidió amablemente que dejara de morderlo, ya que sentía dolor por su causa. La hormiga no respondió a tan amable solicitud y continuó tratando de arrancarle un pedazo de piel. El ermitaño cerró sus ojos, tapó sus oídos y no pensó en nada. Entonces se le apareció el vacío de todo… Aun así, volvió a escuchar, abrió sus ojos y pensó: “Tú eres mi cuerpo, ya no puedo ir más lejos”. La envolvió con una bendición compasiva y con su dedo pulgar aplastó a la hormiga contra su pie.


(continuará cada miércoles)

sábado, 24 de enero de 2015

¡Oh poder tan alto!




Oh poder tan alto que divaga
nube alrededor de la cresta del volcán
y por detrás de la montaña el resplandor inexplicable
miedo, asombro y fantasía del animal humano,
prominencia de una nada que se yergue
entorpecida por sus hábitos bohemios
de la manada que recorría bajo la luz de la luna
adolorida por el hambre
un lugar para amar.
En su conciencia flor que se adhiere a la luz,
en su momento vibrante y terrenal,
en la traza de sus pasos que delinean la lógica del caos
y en la sonrisa que luego de un rato se congela para siempre
divaga
atrevida
necia
infancia.
Las aves se reúnen a beber junto al charco,
levantan su cuello dos o tres veces
y echan a volar.