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sábado, 1 de agosto de 2015

AKARGHI (5-6)




5


Akarghi no podía dejar de observar con extrañeza la figura del rishi Dur-pah, Muerto-en-vida, quien no sólo había ignorado el protocolo monacal al invitarlo a sentarse sobre cojines de seda, en medio de una amplia terraza desde la que se divisaba una cascada, y seducirlo para que, acompañado de pastelillos, tomaran juntos un humeante té importado de alguna remota zona del continente, sino que además vestía de una extraña manera, como alguna vez había reconocido camisa y pantalón en unos hombres ataviados a la usanza occidental, y, lejos de renunciar a su pilosa mundanidad, ostentaba una larga cabellera y barbas blancas.

--¿Has cumplido con todos tus deberes de humano, Akarghi?... –le espetó mientras sorbía ruidosamente su bebida caliente-- ¿Has dejado un hijo debidamente tras de ti, serviste al Señor Indra durante más de tres años, donaste todos tus bienes y, rigurosamente purificado de toda mancha, abandonaste el mundo para seguir santamente el Camino de la Verdad?

--¡Sí, sadhu, lo he realizado todo, cabalmente!

-¡Entonces, ya puedes reírte de todo eso!...

Akarghi se quedó mirando incrédulo a los ojos de El Muerto-en-vida, quien sonreía pícaramente mientras le guiñaba un ojo.

--Mira, hijo, ya veo de dónde vienes… Tú también pareces saberlo... ¿Ahora sabes adónde vas?

--Creo saberlo, en parte… Me dirijo por el Camino de la Verdad, hacia la Verdad de la Purusha.

--Parece que te estás enredando con las palabras… ¿Cómo se puede avanzar por el Camino de la Verdad, hacia la Verdad, si ya te encuentras en la Verdad del Camino?

Akarghi enmudeció pensando en la paradoja que le planteaba el maestro. Además distinguía en sus ojos un brillo arremolinado que le advertía sobre otros sentidos, inusitados, futuros, posibles, que no lograba siquiera intuir.

--Tal vez usted me pueda iluminar sobre esto, amado rishi… He venido a escucharlo. Tengo hambre y sed de Prajna (Conocimiento)…

El Muerto-en-vida se puso de pie casi de un salto, su rostro pareció ensombrecerse, igual que las sombras que bajaban de la montaña comenzaban a teñir las formas mudas de los objetos.

--¡Hasta mañana… hasta mañana!—repitió mientras se alejaba oliendo el aire, como si fuese un animal.



6


“El Camino de la Verdad”, murmuró para sí, mientras desde la ventana abierta contemplaba las sinuosas estrellas de la constelación del Cisne, y una sensación de inquietud lo embargaba… “El Camino de la Verdad”, volvió a repetir… Vio pasar repentina y veloz una estrella fugaz, que pareció dejar escapar algo así como un suspiro. Apretó entre sus dedos la rudraksha (semilla cuenta) suave y amiga que acompañaba su oración nocturna al Buda Amitabha. La selva húmeda de arremolinados olores florales lo empujaba hacia el placer de los sentidos, y el lejano grito erotizado de los simios que hacían el amor en la selva le revolvía la sangre y acaloraba sus recuerdos. Ya había sufrido por más de diez años el cepo de los sentidos y no quería volver a repetirlo, a pesar de que colegía que su savia todavía joven no se dejaría ahogar durante mucho tiempo por su mera voluntad espiritual o su ascético esfuerzo. Una imagen como un relámpago se le apareció por respuesta a sus pensamientos… Laitnavira, la joven más hermosa que nunca hubiese visto, entrelazada con sus piernas doradas sobre sus hombros, amándose él y ella bajo la luna de otoño, desnudos a la orilla del río Turgusha, y los pétalos del jazmín estremecido contra el que se apoyaban con sus cuerpos rítmicos se desprendían, y laceraban sus sentidos con su perfume invisible al rozarse en su nariz, entre el soma de los pechos agitados de la joven… Akarghi se llevó la mano izquierda a la garganta y la apretó con fuerza, mientras con la derecha se dio un fuerte golpe en el estómago. La fuerza del golpe lo hizo doblarse y caer al suelo. Comenzó a llorar quedamente de dolor y rabia. Gateó hasta la estera que yacía sobre el suelo de madera y se quedó tendido, bocabajo, gimiendo.

Todavía se mantuvo horas despierto, mientras el estribillo obsesivo continuaba martillando con furia en su mente: “El camino de la Verdad”…

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