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sábado, 27 de junio de 2015

Jeremías



Soy el portador de una verdad despiadada
como toda verdad nueva degolladora de inmovilizados corderos
cuando la noche a la mitad se detiene temerosa de su propia tiniebla
e inhibida echa pie atrás para inmolarse en aguadas de luz
como una campana contagia a otra campana con soplido escalofriante
y los muertos regresan a contemplar inquietos huesos desollados
febriles porque el sueño eterno amenaza despertar
ante el asombro de que un hombre solo, vivo y hombre,
Jeremías,
contenga poder terrible tanto en una sencilla verdad:

“Nunca dejará de anticiparse el oráculo por miedo a tu odio
nunca evitará pisar la uva roja de mi sangre para el paladar de tu boca
y seré vidrio molido en tu vientre y ortiga en tu oído
como toda aurora del cielo se abre camino a sangre y fuego
aunque corte manos, flores y muchísimas vidas de inocentes.”

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