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miércoles, 11 de febrero de 2015

EL ERMITAÑO (capítulo final)



Por la tarde he escuchado voces y risas de niños a la distancia. Nada ocurre al azar. No es lo mismo escuchar voces, truenos, aguas o silencio. Cuando uno detiene la acción; cuando nos volvemos sensitivos y perceptivos para lo que ocurre en nuestro entorno, todo comienza a comunicarse con nosotros y todo adquiere un sentido que parece vincularse con uno… ¿Hasta dónde podría llegar en esta misteriosa comunicación que transfigura la realidad? ¿Cuán profundo podría volverme hasta convertirme en algo tan sensible y extra-humano?... ¿Eso mismo no sería otra forma de locura más?... Aun así lo único que no quiero es perder mi libertad de trasladarme de una locura a otra, a través de infinitas locuras, como realidades haya. La única locura enferma para mí es aquella en la que no hay vuelta atrás, ni salida hacia ninguna otra forma de ser… Yo puedo volver a ser un ciudadano común; yo puedo volver a experimentar lo que experimenta todo humano, sin embargo las voces de los niños me llaman a otras formas de realidad. Me hablan de manifestaciones tan diferentes entre sí; y yo podría seguir cualquiera de ellas. ¿Quién podría negar que debemos ser siempre como niños, pero al mismo tiempo alejarnos velozmente de la niñez como de una edad incompleta que aspira a una plenitud en un ser ampliamente humano, o incluso más, pero que en el futuro rara vez llega a realizarse y a cumplir esa aspiración esencial?... He visto cerca de mi choza pisadas de niños. He visto juguetes abandonados junto a mi fogata nocturna… Alguien se encuentra cerca de mí. ¿Se acerca? Ahora dormiré para que esas voces de niños hagan su efecto en mi ser.


FIN

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