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miércoles, 28 de enero de 2015

EL ERMITAÑO (capítulo 12)



“¿Cómo sabremos cuánto tiempo podemos ser ermitaños y cuánto tiempo debemos trabajar entre los hombres?”

Roerich Nicolás,  Shamballa


El ermitaño se acercó a una flor azul, la  miró dulcemente, cerró sus ojos y entonces pudo ver que alrededor de ella giraban doce flores de doce maravillosos colores. El ermitaño luego abrió sus ojos y divisó a lo lejos un mirlo posado en una rama de un pimiento. El mirlo dejó escapar un gorjeo alegre. El ermitaño tapó sus oídos con las manos y pudo escuchar extasiado un coro de trecientos ángeles alrededor del mirlo. Entonces comprendió que debía ir aún más lejos y recordó con intensidad la historia de su vida; un millón de emociones se reunieron juntamente en su corazón y en su rostro. El ermitaño cortó el flujo de la memoria y pudo recordar en un instante eterno su pasado, su presente y su futuro. De pronto se detuvo abruptamente, pues una hormiga le había mordido el pie. Le pidió amablemente que dejara de morderlo, ya que sentía dolor por su causa. La hormiga no respondió a tan amable solicitud y continuó tratando de arrancarle un pedazo de piel. El ermitaño cerró sus ojos, tapó sus oídos y no pensó en nada. Entonces se le apareció el vacío de todo… Aun así, volvió a escuchar, abrió sus ojos y pensó: “Tú eres mi cuerpo, ya no puedo ir más lejos”. La envolvió con una bendición compasiva y con su dedo pulgar aplastó a la hormiga contra su pie.


(continuará cada miércoles)

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