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miércoles, 14 de enero de 2015

EL ERMITAÑO (capítulo 10)



¿Qué es un ermitaño?... Existen diferentes tipos de ermitaño, pero lo común a todos ellos consiste en ser un marginado de la sociedad humana, cuyo autoexilio, sin embargo, a diferencia de un vago o de un mendigo, es total, y considerado por él mismo como una superación de la vida en sociedad. A la gente que vive en grupos, en familia y asociada le cuesta comprender y empatizar con un ermitaño. Nuestros ancestros nos han grabado de innumerables maneras la necesidad y el reconocimiento de que “somos” seres sociales, y que la vida en soledad es desde todo punto de vista una merma a la condición humana. En muchos sentidos tienen razón. Incluso un ermitaño necesita para completarse de la sociedad de otros semejantes. Mas he aquí precisamente el problema… ¿Existen semejantes a un ermitaño? Un criminal, un sicópata, un esquizofrénico también son de alguna manera ermitaños, porque rara vez se asocian a otros semejantes a ellos, y viven en un alto grado de aislamiento y soledad, pero no trascienden la sociedad humana. Podemos groseramente afirmar entonces que existen ermitaños por encima de la condición humana, y ermitaños por debajo de la condición humana. Trascender la condición humana no consiste en irse simplemente a vivir en una montaña o en la soledad. Zaratustra, Jesús, Buda, Heráclito, Krishna han sido ermitaños superiores. Históricamente se ha denominado y conceptualizado como divinidad lo que trasciende la condición humana, por ello estos hombres superiores y ermitaños han sigo generalmente considerado figuras y seres divinos. Sin embargo, ninguno de ellos ha sido solamente o ante todo un ermitaño, sino servidores de la humanidad, por más ajenos a la condición humana común que se hayan experimentado en su fuero interno. Sólo un ermitaño puede saber realmente el grado de soledad humana que experimentó íntimamente un Jesús, un Buda, un Heráclito. El ermitaño, en cambio, cuanto posee de sí es ajeno para los humanos; un ermitaño quiere servir por amor, pero no posee vehículos que lo aproximen a lo meramente humano; incluso su propia estructura sicológica carece de condiciones vinculantes que le permitan adaptarse al maltrato y al primitivismo humanos. Por ello el ermitaño parece a los ojos de la gente común un ser torpe, enfermo, inútil, incapaz, contradictorio, egoísta y ensimismado. El ermitaño es como un alma que ha encarnado a medias en este plano y que se resiste a aceptar la miseria de esta dimensión humana y terrena. Entre el ermitaño y el suicida hay una gran afinidad, si bien el ermitaño no quiere abandonar la divinidad de la vida, por más pobre que se experimente en comparación con la nostalgia del ser trascendental. El suicida, en cambio, casi siempre sólo quiere salir de esta vida cuanto antes, sin saber muchas veces hacia dónde va, aunque también hay suicidas que buscan el lugar sagrado que los aguarda en el contramundo de la naturaleza física. El verdadero ermitaño es, entonces, un ser a medias encarnado y a medias anclado en una dimensión superior. El ser de un ermitaño es puro drama y nostalgia. El ermitaño es un suicida obligado a encarnarse día tras día.



 (continuará cada miércoles)

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