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miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL ERMITAÑO (capítulo 5)


Las flores crecen donde sea que haya un terrón y una gota de agua, incluso colgando de un precipicio. Los vegetales germinan con una voluntad desconocida, y al amor del sol responden con flores. Núbiles princesas desfloradas en su luna de miel engendran dulces frutos. Y en sus hijos de corta vida el hallazgo de una nueva vida que se extiende sobre la nada, colgando de un precipicio. ¿Acaso dejarían de florecer y de amar al sol si supieran que la tierra un día será aniquilada por la explosión abrasadora de su sol amado? ¿Podrían no hilar sus pétalos si supieran que existe o que no existe Dios?... Pero todo humano podría evitar la destrucción del sol, o también provocarla. El ermitaño, pobre, enfermizo y hambriento posee más poder que el hombre más rico de este mundo, pero no lo convierte en monedas de placer. Ese iluso y obstinado saber que fuerza al humano a copiar y descubrir la realidad tirana, en lugar de crearla y generarla en el espíritu y en la mente liberadores. ¿Qué es la pobreza, la enfermedad y la muerte para el ermitaño sino la ocasión de ejercer el ilimitado poder de su espíritu? Hacia donde se mueve el río lo conoce el océano... El ermitaño se ríe a carcajadas cuando lo llaman loco


(continuará cada miércoles)

2 comentarios:

  1. Excelente relato Rodrigo... incluso creo que los locos no son justamente los ermitaños.
    Te deseo un hermoso fin de semana, besos!
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    Respuestas
    1. Gracias, Cristina. Un hermoso regalo. Besos también para ti.

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