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miércoles, 24 de diciembre de 2014

EL ERMITAÑO (capítulo 7)


No recuerdo bien si al descubrir este lago me convertí en ermitaño, o si al hacerme ermitaño descubrí este lago. No sé si este lago es un cielo o si el cielo es un lago. No sé si soy un hombre que sueña, o si un sueño es un hombre. Si me pregunto qué sé, sólo puedo responderme con una nueva pregunta. Todo se ha vuelto para mí una paradoja; ya no intento como en otro tiempo separar el arriba del abajo, el bien del mal, el olor del pensamiento, ni la juventud de la muerte. Sumerjo mi mano en el agua y ya no se detiene mi movimiento dentro de la realidad toda. Saco mi mano del agua y está mojada. ¿Acaso mi mano bajo el agua no existe sólo porque al mirar mi mano ahora está fuera del agua? ¿Por qué es más real lo que miro que lo que miré? Detrás de la nube se encuentra un sol; detrás de un sol, ¿qué?... ¿Soy realmente un ermitaño o sólo el personaje de una novela? Quizás no sea más que un empleado de un modesto almacén que regresa a su casa después de las seis y dormita en el vagón del metro. ¿De qué sirve afirmar esto o lo otro?... Responderse esto o lo otro no es más que persuadirse a uno mismo de esto o lo otro.


(continuará cada miércoles)

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