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miércoles, 3 de diciembre de 2014

EL ERMITAÑO (capítulo 4)



Quedé fuera del juego antes de que comenzara el juego. Quedé fuera de mi genética antes de que mi cuerpo se hiciera carne. Mi única diferencia con un extraterrestre se realizó en que llegué a este mundo en el receptáculo de un cigoto y no en un ovni. Los humanos denominan objeto volador no identificado a lo que yo experimento como mi mente. He visto tantas luces inexplicables en el cielo que me han permitido confirmar que la luz del sol procede del interior de mí mismo. Ser ermitaño, eremita solitario, te sensibiliza al universo. La soledad no dice sino que todo está lleno hasta la hinchazón del alma, y de ahí a un despertar o a una explosión; porque el universo crece a explosiones que son despertares de una sustancia de ensueño, como la gelatina del útero de la madre de todos, que estalla en partos cósmicos. Tengo que ser. Me he venido de vuelta y ya no puedo salir sino hasta la hora del papirotazo final, aunque sea aborrecido como una hierba venenosa en la sopa. El ermitaño sale. El ermitaño está adentro y no logra convencer a nadie. Pero cuando arde en su propia llama y se consume de pasión, a besos y esputos de amor, los otros se calientan las manos heladas de cadáveres conservados en la formalina de esta vida, con mi terremoto de luz. Odian al ermitaño y al mismo tiempo lo alimentan para poder seguir gozando de odiar. Mi luz alimenta su odio. Yo los perdono porque no saben lo que hacen.


(continuará cada miércoles)

8 comentarios:

  1. Espero ansiosa el V, estuve leyendo los anteriores y la verdad que es atrapante. Te felicito :D

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  2. Con una lectora tan entusiasta como tú por supuesto que continuará. Un abrazo, Limadita.

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  3. Un relato atrapante... me gustó esa expresión "con mi terremoto de luz", lleva mucha fuerza.
    Bello fin de semana, besos.

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    1. Gracias, Cristina. Seguiremos entonces con este terremoto. Un abrazo también para ti.

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  4. Excelente, conmovedor,:)
    gustava ser amiga de ese ermitaño para alimentar mi odio y asi arrancarle su luz que le sobra y k a mi me falta jja ::)
    Un beso grande

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  5. Comienzo a sospechar que en todos nosotros hay un ermitaño más o menos asumido... ¿o no? Un beso de vuelta para mi amiga Solaire.

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  6. Me gusta y disfruto mucho de la soledad, quizá sea un ermitaño intermitente, que se deja ver para que no lo olviden del todo.

    O quizá no tema estar sola porque sé como es sentirse sola rodeada de gente.

    Me siento tan extraterrestre como ese ermitaño que nos habla en tu relato, Rodrigo, aunque no trato de convencer a nadie de nada, allá cada cual, y del odio sólo sé que perjudica a quien lo siente no al odiado.

    Un beso,

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    1. No creo que sea malo tratar de convencer, puesto que somos animales sociales, pero no tratar de convencer ante todo... pues quema el alma de uno y de otro. Un abrazo, amiga.

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