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sábado, 20 de julio de 2013

NATURALEZA DIVINA




En la Naturaleza de hace evidente la presencia de Dios. Dios crea este orden sublime, la perfección de un atardecer, de un bosque en primavera, de una catarata sonora, de un gamo cuando trata de escapar sin conseguirlo de los colmillos desgarradores de un león, la perfección de un diluvio o de una glaciación, o del estruendo de un volcán que acaba con la vida en un radio de cientos y hasta miles de kilómetros, y la extinción de los dinosaurios por la caída de un asteroide, o la nube que se retira de la cima nevada de la montaña, o el nacimiento de un brote desde una hierba casi seca que en nada se diferencia de nada,  la explosión de una estrella lejana o el llanto de un moribundo pez. La luna sobre una charca. Eso es perfección. Eso es sublime.
Pero aparece el Hombre, entonces una nueva perfección se nos evidencia. Dios en el Hombre, Dios Hombre. Y la maldad humana, el terror, la crueldad, la insensibilidad, la estupidez, lo mismo que la dulzura y la capacidad de modificarlo todo por la conciencia en esa misma Naturaleza original se unifican en este Dios también perfecto. Dios se manifiesta Todo en Todo. Este Dios también paradojal que se desafía a sí mismo, que se opone a sí mismo de una nueva manera, y que al fin promete alcanzar más allá del humano su propia trascendencia. Un Dios terrible y humano que se dispone a despedazarse entre tiernos cánticos de un amor poderoso-- para superarse a sí mismo en un fantástico e indescifrable futuro. Otra forma de perfección… Otro Dios…

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