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jueves, 12 de enero de 2012

Con los ojos simplemente abiertos


Con los ojos simplemente abiertos mirando de frente el abanico del mundo
la catedral de los tiempos se desmorona ante mí;
ante las órbitas de una gruta infernal evoco los manes del universo,
son demasiadas las voces fracturadas y los anhelos para atender siquiera una,
tanto como las olas del mar se ahogan en un océano único.
Yo soy la entrada del universo, el portal forzado de mi propia eternidad,
una minúscula célula reproduciéndose en la nada;
me he vuelto inmortal de tanto experimentarme morir,
y aunque ofuscado por el vértigo—¡perdón!-- aquí me tienen adelante para ser.
Yo no puedo sino volar como una flecha rota de tensión en su arco
más allá del instante, más allá del presente que retrocede en cada instante,
yo no puedo sino ver arrancándome los ojos ni oír sin enmudecer
prisionero de alguna ancestral maldición, profeta del dios desconocido.
¿Cuántas veces queriéndote pregonar no me detuve en la plaza de los pueblos
y alzando la voz –tímido yo-- carraspeé tu nombre y tu palabra,
que se pretendía a sí misma más antigua que todo nombre y palabra?
Mal profeta te elegiste incapaz de levantar un muerto ni de perdonar un villano.
Así me creí llamado a otra labor a evocar los muertos en las mentes infantiles
entonces me diste plaza y rugido alimento y majada.
Nubes de espectros de almas vivas ventolera de fantasmas muertos
todos  cálidos todos vivos amantes cada uno el único para mí
pero cada uno arrastrado lejos de mi abrazo paterno ¿yo debía ahijarlos a todos?
Tan pequeño soy  no obstante tan grande me has hecho con tanto amor y tantas vidas
que han venido a sucumbir en mí masticadas y sorbidas como un solo uno.
Tan uno y tan yo que ni siquiera a mí me necesitas; dejas de hacerte persona presente
dejas de convertirte en un hombre sólo yo a mí mismo no me reconozco como dios.
Me resisto a cantar los himnos de tu cólera ya mi garganta se nutre de gorjeos fatales;
tendré que acechar como esfinge a vuestros caminantes y recitar enigmas incomprensibles
para llamarme poeta que no tu verdugo ni tu criminal.
¡Cantaré y vocearé tan alto y tan fuerte que mi voz la reconocerán las cimeras de los cerros
pero bien lo sabes los humanos no me escucharán!
Con todo yo te seguiré como el gusanillo sigue el sendero de la flor hasta convertirse en alas de seda
aunque no conozca sino a medias tu verdad y a medias despliegue la ilusión de mi furibunda locura
ésta que al rodear el milenio guardo con más celo que el elixir su hechicero
y por el que tú sabes también he sacrificado más que cualquier otro humano.
¡Veamos qué acontece al dejar caer desde mi cielo una gota de horror sobre la faz de la tierra!



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