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sábado, 26 de noviembre de 2011

¿DÓNDE ESTOY AHORA?



¿Dónde estoy ahora? ¿Dónde está mi mundo? Cuando por la noche en mi Valle levanto mis ojos veloces y apunto hacia el cielo estrellado, un inmenso espacio negro machacado de pequeñas esquirlas de luz se me viene encima. Mis piernas se desarman y temblorosas sucumben bajo el peso del universo. Un vértigo más intenso que contemplar desde un precipicio su abismo me doblega la mente y creo caer hacia arriba. Voy a caer por el ducto del absoluto, y entonces mi mamífero milenario se engrifa y entierra sus garras en el suelo mineral de los ancestros biológicos: la red que ha contenido el horror de la evolución animal. Me resisto, me niego, por lo tanto siento miedo… Pero mi absurdo poeta envalentonado, ese flacucho que ha heredado al antiguo dios venido a menos, saca su voz de tenor y canta: “oh bello universo, ¿qué serías tú sin mí?,/ ¿en quién pondrías la justa vanidad que has alcanzado/si yo no me envaneciera por ti?”… Y pienso poéticamente que nadie vendrá a condenarme por herejía desde las honduras del universo, sino muy por el contrario, el anfiteatro del reino celestial aplaudirá a rabiar a este mono que ha logrado con su novedosa habilidad abrir por primera vez la jaula y espera la caricia del amo para seguir adelante. Así, cuando llegues cerca de mí te diré: “¿Señor, señor, ¿ves que puedo hacer lo que haces tú?” Y de seguro volverás a reír y me contestarás: “Tuyo es el reino, el poder y la gloria”… Entonces me doy media vuelta un poco entumecido de tanto mirar el cielo, entro al cuartucho de mi casa y, como cualquier mortal vestido de noche, me pongo a dormir sobre una cama.

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