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sábado, 29 de octubre de 2011

UNA EXPERIENCIA COMÚN


Estaba sentado en el retrete  como cualquier humano. Ya había vaciado mis intestinos y me disponía a limpiarme y ponerme de pie, cuando el aro sobre el que descansaban mis nalgas se expandió bruscamente junto con el estruendo de la acuosa descarga y caí tal como estaba sentado por un inmenso hoyo negro. En el primer momento mi terror fue tan intenso que lanzando un alarido comencé a tratar de aferrarme a algo, pero no había nada. Seguí cayendo por varios minutos y el pánico empezó a ceder su lugar a un miedo incomprensible y absurdo. Aquello no podía estar sucediendo… ¿Cómo distinguir un sueño de la realidad si se está delirando?... Y así sigo cayendo por varios días en medio de la más absoluta oscuridad. Ahora mi miedo se ha transformado en fe. Tengo fe de que en cualquier momento voy a despertar en un lugar maravilloso con hombres y mujeres hermanos, y no simplemente en un monstruoso caldo de mierda.

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