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lunes, 15 de agosto de 2011

Una casa de campo

Una casa de campo dentro de una tumba sin luna
una tumba sin alma con una casa de campo
sólo tantas estrellas en el cielo
pueden explicar tanto frío.
Un muro de cemento blanquea mis pensamientos
aun así puedo sentir más allá
el guiño del miedo
en la torpeza de no ver
en la torpeza de no oír sino sonidos
los besos rasguñados del infierno en tu cuello
silencio de bocas abiertas enmudecidas de espanto
y un arroyo negro que corre junto a la casa como siempre.
A tu lado el amor de una dulce mujer
aterrorizada
crispada
que llora y solloza suplicando a los ángeles
que aquello no sea verdad
que la noche no sea más que la noche
que el campo no sea más que el campo
que Dios no sea más terrible
que la noche y el campo.
Una casa de campo entre los cerros
te abre el alma más que la muerte.

5 comentarios:

  1. La soledad no es lo terrible, sino el estar o sentirse aislado del mundo cuando ésa no ha sido la opción elegida, obligando al ser humano a llevar una vida de anacoreta. Desertar del mundo sin desearlo tiene terribles consecuencias: la locura o el suicidio.

    Descorazonador poema en un entorno de palabras hermosas. Saludos.

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  2. Tienes razón, amigo Durruti, como dijo Aristóteles, el hombre que no vive en sociedad es o un semidiós o una bestia. Sin embargo, el que vive en sociedad, ¿hasta qué extremo puede llegar?. ¿Qué tipo de soledad nunca vista puede alcanzar un hombre en esta sociedad?

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  3. Bella y terrible casa diestramente construida por el poeta (no te sabía albañil Rodrigo). Más que soledad, tus palabras me significan la enorme angustía producto de la injusticia. En ese caso la soledad es una especie de bálsamo y hasta de venganza.

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  4. Soy tan albañil como tú, amigo anteros. La poesía se construye a mano y la soledad escurre como la tinta virtual se escurre de la mente. Quien diga que no está solo no se sabe mirar por la espalda. Apenas nos movemos buscando una mano que se apriete a la nuestra, pero siempre terminan una y otra soltándose.

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  5. Todos estamos solos aunque vivamos en sociedad. interactuamos con el resto y sin embargo la sensación de soledad coloca su mano en nuestra garganta y aprieta. Somos ermitaños en urbes que a más grandes más asfixian por eso buscamos desesperadamente el calor de los demás para sentirnos momentáneamente acompañados. Un abrazo amigo

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