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miércoles, 17 de agosto de 2011

SIETE SEGUNDOS

Salté y toda la realidad cambió. Dejé de respirar mientras caía. Oía sólo mis pensamientos que bajaban más veloces que mi cuerpo. El aire parecía querer detenerme y hasta darme alas de compasión, pero mi bulto orgánico bajaba y bajaba empecinado por llegar al final de su caída. La tierra era un duro concreto que ya no me permitiría más. La vi venir a mí, verdadera y veloz como la muerte. Todo se veía distinto. Nunca había visto que el mundo pasara tan veloz a mi lado y se fuese alejando de mí disuelto en un presente que venía y venía hacia mí, siempre más cierto adelante, creciendo como un espectáculo absurdo, sin orientación ninguna, donde todas las cosas se sintetizaban para dejar de ser en el punto focal. Estaba atento, más lúcido que nunca. Estaba agradecido de que aun así la vida me diese una última enseñanza excepcional antes de morir aplastado contra el suelo….¡Y ya ya, aquí estoy, a un milímetro del piso! Sólo alcanzo a decir: “¡Voy!”

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