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martes, 12 de julio de 2011

El polen de la tierra


El polen de la tierra brilla entre las patas de la libélula
o entre las piernas de una mujer morena después de la lluvia
o en las pestañas de un niño que duerme sobre la luna
o en el aliento de un campesino ebrio  que dice la verdad
esa verdad que siempre termina en un llanto.
Vuelan por los aires ordenadas gaviotas dormidas
como las nubes se mueven dormidas entre gaviotas y mar,
vuelan los peces por las aguas rasgadas de colores
batiendo sus espadas de plata con veloces saltos y giros
hasta dormirse en las grutas sonámbulas del humano
cuando la luz del sol distante viene al final del día
a refrescarse en hondas cavidades de agua verde.
Duermen los más ingeniosos anhelos en los surcos
de la semilla o velan simplemente
más despiertos que nosotros
más futuros que nosotros
iluminados dentro de su más puro no ser
cuando apenas lanzamos nuestro primer
suspiro de eternidad
y ya estamos muertos,
o algo así
como muertos.
En un instante
como el amanecer se libera sin razón de la noche
nos hallamos jugando empapados de barro
con los ojos deslumbrados hacia el cielo
felices de haber olvidado
el derrumbe del universo.

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