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domingo, 19 de junio de 2011

POR UN POCO DE AMOR

“¡Heberto, mi amor, despierta!” Abrió los ojos y se encontró con sus tres pequeñuelos dispuestos a saltar a la cama como todos los domingos. Su mujer, vestida con una bata transparente, dejó a un lado la bandeja con el prometedor desayuno. Después de algunos abrazos y besos, los chicos salieron corriendo del dormitorio. Ella se acercó insinuante y le dio un primer beso en los labios. Luego untó la cara de su marido con manjar, sacó su lengua y comenzó a lamer su boca. Entonces Heberto abrió los ojos y se encontró con que uno de sus quiltros le lamía la cara. Lo empujó con molestia, arregló un poco los cartones que hacían de almohada, se dio media vuelta y trató de continuar su sueño bajo el escarchado puente.

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