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sábado, 11 de junio de 2011

ABUBIS

La gata saltó al alféizar y murmuró con su voz gatuna algo difícil de entender. El cielo gris del gran Santiago opacó el brillo de su rojizo pelaje que se movía una y otra vez ondulante sobre la estrecha pasarela. Desde la calle subía el rugido de un alud de motores, que nuca se detenía, pero que tampoco nunca acababa de llegar para aplastarte. La señora arrastrando sus pies le acercó un plato de olorosa comida. La gata roja la miró a los ojos y de inmediato bajó la vista. “Abubis”, murmuró la anciana, y pasó su mano desgastada sobre el lomo de la felina. Se dio media vuelta y se quedó mirando con la sonrisa más beatífica el pequeño espacio de su departamento en el que, como un ronroneante y único útero de amor, otros cincuentaicinco gatos disfrutaban por todas partes también de su comida.

1 comentario:

  1. Hola Rodrigo: ya te comente este cuento en la Pizarra del Poeta. Vine por tu invitación a conocer tu blog. Así que tendré el placer de leer otros relatos tuyos. quisiera invitarte a intercambiar link de nuestros blogs yo difundiría el tuyo y tu el mío. necesitarias colocar un elemento de los blog que sigues(mira en el mío)
    http://nidaeldore.blogspot.com
    espero me visites
    Un abrazo

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