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viernes, 20 de mayo de 2011

Y DIOS NO ESTABA AHÍ (IIºparte)


Dormía… dormía uno de esos sueños en que tú sabes que estás durmiendo… sueño lúcido en que tu conciencia no duerme, sino se percibe a sí misma… tanto así, que podía ver mi cuerpo arropado e inerte sobre la cama y yo despierto dentro de él, o fuera de él –es difícil saberlo--… Pero era un sueño, sí que era un sueño, porque yo miraba por mi ventana este cielo maravilloso de la noche y veía a lo lejos, en el horizonte, una danza bellísima de esferas de luces que trazaban a grandes velocidades por el telón nocturno una polifonía de lazos luminosos. Y era hermoso, misteriosamente hermoso, como si esas luces palpitantes no fuesen de este mundo… De pronto, comenzaron a acercarse velozmente hacia mí… Una voz grave y poderosa explotó dentro de mi cabeza, sin pasar por el filtro de mis oídos: “¡¡¡Ahora sí…!!!” De un brinco me incorporé sobre la cama, abrí mis ojos, pero no desperté… o mejor dicho, me di cuenta de que nunca estuve dormido… de que aquello que me estaba ocurriendo siempre estuvo ocurriendo, sin la distinción natural despierto-dormido… Mientras esa voz de trueno, esa voz sobrecogedora e imperativa seguía resonando ya sin palabras dentro de mi cráneo.
Entonces ocurrió aquello que sólo comprenderán los pocos humanos que lo hayan vivido… Una luz imposible atravesó los postigos de madera y las cortinas de grueso lino que tapaban mi ventana… una luz circular, blanca, tridimensional, sólida y translúcida a la vez, como la luz de un faro, potente y liviana, silenciosa… que cortaba la materia, el espacio y el tiempo, sin rozarlos siquiera… El terror crispó mi cuerpo, mi alma y mi espíritu, todo junto… porque comprendí de una vez, en un instante de intuición absoluta… QUE ALLÍ ESTABA DIOS…
(continuará)

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