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viernes, 27 de mayo de 2011

Y DIOS NO ESTABA AHÍ (IIIºparte)

De alguna increíble manera Dios estaba ahí afuera, en el patio de mi casa, al otro lado de esta simple muralla que separaba mi humanidad minúscula, de su trascendencia insostenible, abismante… Entonces sin palabras ni voces ni conceptos comprendí quién era Dios… Y sentí miedo, sentí terror y pánico… porque el dulce amado, el padre de amor infinito con quien yo me había fundido desde mi adolescencia… acompañándome en cada movimiento vivo hasta copar con su amor y luz cada torcido pliegue de mi cerebro y de mi alma; el que me había alimentado con su sustancia hasta hacer de mí el que yo era… incluso lo mejor de mí, que no era más que suyo… La obra de su infinita dulzura y amor… No era tampoco más que la mera humanidad de Dios… Esa infinitamente minúscula y efímera parte de Dios que cabe en este infinitamente minúsculo ser de su universo creado… Y que Dios, ahí afuera, esperándome… desafiándome… de alguna forma tan aterradoramente grande… me mostraba un nanosegundo de su Gloria… Gloria de amor y aniquilamiento eterno para todo lo humano, para este ser tan insignificante que se quería ingenuamente unir en cuerpo y alma con el aterrador ABSOLUTO…
Ahora ahí, detrás y a punto de un solo parpadeo aniquilador para siempre de esas invisibilidades que por delicadeza conmigo siempre había desmaterializado… ahora, todavía inmensamente delicado para enseñarme que por amor no podía dejarse ver como siempre yo había querido, pero al mismo tiempo aberrante, terroríficamente superior a mí, me amenazaba en mi propia desmesura, en mi libertad y demencia… “¡Abre las ventanas!”—quería decirme—“¡Y ven a mí, como hasta ahora has querido!”
--¡Dios mío, tú sabes -- y siempre supiste-- que no pude!... ¡Tuve miedo de dejar de ser!... ¡No pude, porque soy un hombre y tú eres Algo así como Dios!... Pero no el dios ni el ente de ninguna revelación, de ninguna religión, de ningún planeta, de ninguna creencia o experiencia humana… Diminuto, suave, amoroso, absoluto y terrible, ante todo terrible… ¡Todo este tiempo he venido aprendiendo de tu verdadera condición y de la mía, más que nunca antes aprendí de Ti y de mí!

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