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miércoles, 11 de mayo de 2011

MICHELANGELO BUONARROTI


Miguel Ángel me miró sonriente a través del chianti rojo de su copa. Repicaron los cristales al chocar felices por nuestra amistad. 
--¿Sabes que Biagio de Cesena habló de mi poema Yo me acuerdo… que tenía superpoblación de metáforas, como "la estrella fugaz", "un niño pobre que...", "redonda burbuja", "concha mágica"… y que lo torna algo empalagoso. Además, que le cambiaría los tiempos verbales?
--¡Jajajajaja!... ¿Acaso le reprocharía a Dios que creó una superpoblación de estrellas en el cielo, y que todas juntas, todas iguales, resultan empalagosas y eternas?
--¡No, pero yo no soy dios, aunque pienso que en parte la belleza está en el ojo del que mira, dependiendo de cómo mira, y que también la calidad de los versos se intuye en la evidencia del oficio, en la delicadeza de los grandes!
Un gato negro y peludo saltó sobre la mesa. Nos pasó su cola por las narices.
--¡Ya verá ese papa segundón que lo pintaré como una metáfora empalagosa en el infierno de mi Juicio Final!

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